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La ciudad también es una sala de meditación
Puede ser que en algunas ocasiones pensemos que la práctica de la plena consciencia requiere silencio absoluto, un cojín mullido o el retiro en un monasterio en la naturaleza. Sin embargo, en el libro La paz está en cada paso, Thay nos recuerda con claridad que la vida diaria es nuestra verdadera sala de práctica: «Si estamos atentos, si estamos en el momento presente, la cocina, el jardín o nuestro sitio de trabajo se convierten en nuestra sala de meditación». El regreso al trabajo tras el descanso de las vacaciones, los atascos matutinos o los roces en el ámbito familiar no son obstáculos para la meditación; son, de hecho, nuestro campamento de entrenamiento. La ciudad entera está llena de campanas de la plena consciencia si sabemos escucharlas: El semáforo en rojo o el tráfico lento no son interrupciones molestas, sino invitaciones a detener el torrente de pensamientos, relajar los hombros y volver a la respiración. Mientras aguardamos al volante o en el transporte público, podemos recitar en silencio: «Inspirando, calmo mi cuerpo; espirando, sonrío». Al volver al trabajo, a la rutina tras un periodo de descanso, es natural sentir la presión de los correos acumulados y las tareas pendientes. En

EL CEREBRO DE BUDA
Jesús, Moisés, Mahoma, Gandhi y Buda tenían cerebros construidos esencialmente como el de cualquier otra persona, pero fueron capaces de controlar sus pensamientos y moldear sus patrones de pensamiento de maneras que cambiaron la historia. Gracias a los nuevos avances en la neurociencia moderna y a la sabiduría de miles de años de práctica contemplativa, es posible moldear nuestros propios pensamientos de forma similar para alcanzar mayor felicidad, amor, compasión y sabiduría. El Cerebro de Buda combina las fuerzas de la neurociencia moderna con antiguas enseñanzas contemplativas para mostrar a los lectores cómo pueden trabajar para lograr un mayor bienestar emocional, relaciones más sanas, acciones más efectivas y una comprensión religiosa y espiritual más profunda. Este libro explicará cómo los elementos centrales tanto del bienestar psicológico como de la vida religiosa o espiritual, atención plena y sabiduría se basan en las funciones esenciales del cerebro: regulación, aprendizaje y valoración. Los lectores también aprenderán maneras prácticas de aplicar esta información, ya que el libro ofrece numerosos ejercicios que pueden realizar para aprovechar el potencial no utilizado del cerebro y reconfigurarlo con el tiempo para lograr mayor paz y bienestar.

INSPIRACIONES SOBRE EL LIBRO Llamádme por mis verdaderos nombres
Este escrito traslada al presente la mirada de interser de Llamadme por mis verdaderos nombres, de Thich Nhat Hanh. A través de situaciones cotidianas que pueden causarnos malestar, nos invita a explorar nuestra identidad y a relacionarnos con empatía, humildad, generosidad y comprensión. Quizás al lector le apetezca intentar escribir su propia versión sobre algún incidente que le haya ocurrido hace poco. Soy el conductor que vuelve a casa por la noche, en su nuevo y reluciente todoterreno, cansado después de un día complicado de trabajo, y soy el repartidor de comida preparada, que vive de las propinas, que se desplaza en patinete, sin casco, y que para llegar rápido al siguiente destino se cruza de carril, rozando al todoterreno. Soy la anciana, sin familia, cobrando la pensión mínima, que rebusca en su cartera monedas para pagar unos yogures rebajados, a punto de caducar, y no las encuentra, y soy el comprador, que tiene que recoger a los niños del colegio, cargado en el supermercado con la compra semanal, esperando en una cola atascada por una anciana que tarda mucho en pagar. Soy al que a las 3 de la madrugada despierta la sirena de la ambulancia que suena en

NOTICIAS DE PLUM VILLAGE / Muchos acentos una misma dirección.
La orden del Interser sigue caminando con Thay Un aire de serena gratitud envuelve las colinas del suroeste de Francia. En Plum Village, este tiempo de transición no marca el final de nada, sino el florecimiento de una celebración especial: el retiro que tuvo lugar durante el mes de junio para conmemorar el centenario del nacimiento del nuestro querido maestro Thich Nhat Hanh.La comunidad monástica y laica, así como las personas que se acercaron y acercan desde diferentes países, han transformando el entorno en un espacio de encuentro, compartir y plena consciencia. Esos días, (del 1 al 23 de junio de 2026) entre la armonía de cada monasterio y la calma de las salas de meditación, el espacio cotidiano se vivió con la consciencia de que el verdadero hogar no es un lugar geográfico, sino cada respiración habitada con presencia y en este caso, con la comunidad múltiple.Plum Village, recibió a cientos de personas practicantes que, de manera presencial y en la distancia, se unieron para honrar la vida de Thay en el centenario de su nacimiento. Las actividades realizadas no buscaban ensalzar la figura del maestro como algo lejano o inalcanzable, sino recordar a la sangha global que su

Nada que hacer, ningún lugar a donde ir
Regresar a nuestro verdadero hogar, también lejos de casa Las vacaciones de verano y la vida nos regalan una maravillosa oportunidad para practicar el núcleo mismo de la enseñanza del Buda: detenerse, serenar, descansar, calmar, sanar. A menudo, la inercia del día a día nos arrastra en un torbellino de hacer, planificar y conseguir. Sin embargo, las vacaciones conscientes nos invitan a transitar la senda inversa: pasar del hacer al ser, permitiendo que el cuerpo y la mente simplemente reposen en el momento presente.La naturaleza es, por excelencia, nuestra gran maestra en este arte. Quienes estos días eligen la inmensidad del mar o el silencio de las montañas, descubren que la Tierra no nos pide explicaciones ni resultados; nos acoge tal como somos. Al caminar descalzos por la arena o al respirar el aire puro de las cumbres, podemos sentir cómo la naturaleza nos sostiene y nos cura. No vamos al bosque o a la playa a consumir paisajes, sino a recordar que intersomos (algún día la RAE admitirá el verbo interser) con ellos. Cada ola que rompe y cada árbol que se mece en el viento nos enseñan a soltar las tensiones acumuladas.Para quienes deciden ponerse en marcha y

Libro recomendado / La sociedad del cansancio
Del «Debes» al «Puedes»: La trampa de la autoexigenciaByung-Chul Han expone que la sociedad actual ya no es aquella comunidad disciplinaria regida por instituciones externas que prohíben o imponen deberes rígidos. Hoy, la colectividad se organiza bajo el lema del rendimiento. El mandato sutil pero implacable es: «Tú puedes».Bajo esta luz, la persona se convierte en emprendedora de sí misma, transformando la libertad en una forma paradójica de auto explotación. Ya no hace falta un amo externo; la mente se convierte en su propio capataz, persiguiendo una optimización constante que abarca el trabajo, el ocio e incluso el propio bienestar. El resultado inevitable de esta carrera sin meta es el colapso del alma: el burnout o el cansancio crónico. El olvido del ser y la hiper-atenciónEl análisis filosófico destaca cómo la saturación de estímulos y la multitarea nos devuelven a un estado de alerta primitivo, similar al de un animal en la selva que debe comer mientras vigila su entorno. Esta «hiper-atención» es dispersa y superficial; destruye la capacidad humana para la contemplación profunda.Quienes caminan por el sendero de la plena consciencia reconocen de inmediato este estado como la pérdida de la agudeza mental y la desconexión del momento presente.