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MORIR ANTES DE MORIR

 

El filósofo Montaigné tiene una frase sumamente sugerente: “Quien enseña a un hombre a morir, le enseña a vivir”. Pero realmente quien esto suscribe no está muy de acuerdo con la frase del filósofo francés. Nadie, realmente, puede enseñar a alguien a morir porque esa experiencia no se vive dos veces y si hemos de confiar en la biología, ningún muerto ha vuelto a la vida para poder convertirse en maestro de los vivos.

Dicho esto, os ruego que disculpéis mi osadía de hablar de la muerte sin tener experiencia de ella, porque es obvio que no me he muerto todavía.

Así pues, lo único que puedo compartir con vosotros es tanto lo que cuenta el budismo acerca de la muerte como cuál sea mi experiencia como ser vivo de este asunto de morirse.

Para centrar el tema debo hacer referencia a tres modos de entender el sentido de la vida en la sociedad actual. Hay más, pero en resumen se podría señalar estas tres como las más comunes. A saber:

  • Existe una visión de la vida donde todo lo que sucede viene determinado por un plan divino, de manera que el problema del hombre sería que no llega a alcanzar el sentido de este plan porque le falta perspectiva. No tiene capacidad de ver todo, su visión es reducida y lo que pudiera parecer un mal a veces no lo es, visto desde una perspectiva más amplia. Simplemente es el resultado de su ignorancia e incapacidad de comprender ese plan divino. Según esta idea todo sigue un plan. El caos no es tal y aunque no lo sepamos reconocer estamos sostenidos por la mano del Creador, quien un día alentó la vida en nuestra alma y un día nos señalará el final de ese trayecto para que vivamos eternamente en otro mundo.
  • Frente a esta visión, el materialismo indica que el hombre es por azar que llega a este mundo y tiene los pasos contados porque otro día desaparecerá para volver a la nada de donde salió un día. La vida sería un corto paseo con un principio y un final sin solución de continuidad. No hay plan. Todo es producto del azar y la necesidad.
  • Y junto a las anteriores está la visión que dice que realmente uno ni nace ni muere, que uno no puede morir porque nunca ha nacido. Uno es simplemente una manifestación, temporal y específica, de una cosa a la que llamamos de muchas maneras pero que se podría concluir con un sólo término: UNIDAD. Cada quien es una manifestación de esa UNIDAD, de un océano que contiene todo. No hay, por tanto, dualidad en esta perspectiva. Así pues, esta manifestación temporal que somos cada uno de los seres humanos, debe aspirar a que la energía de sus actos que le sobrevivirán sea lo más positiva posible antes de pasar a ser una nueva manifestación.

Para resumir, estoy hablando de tres grandes concepciones religiosas o filosóficas: el monoteismo de judíos, musulmanes y cristianos, el ateismo de las filosofías materialistas y el budismo.

Me toca presentar qué es la muerte para el budismo.

El maestro budista que más me ha impresionado por su sencillez y a la vez profundidad a la hora de plantear el tema de la muerte es el maestro zen vietnamita y residente en Francia Thich Nhat Hanh.

En su libro “La muerte es una ilusión” nos dice que esta no existe como tal sino como producto del engaño de nuestros sentidos. Nuestra visión es una visión errónea comprensible desde la apariencia superficial pero que se sostiene difícilmente si adoptamos una visión más profunda. Hay una aparente dualidad de nacimiento y muerte pero si miramos con atención profunda, si logramos traspasar las capas más superficiales de la realidad nos damos cuenta de que no podemos morir por la misma razón de que nunca hemos nacido.

Hay un koan ( frase de un maestro zen dirigida a un discípulo para romper su lógica inmediata y ayudarle a saltar la barrera de la apariencia) muy significativo a este respecto: “¿Cuál era tu rostro antes de nacer?” Este koan pone el dedo en la llaga en una cuestión que a todos nos trae de cabeza. Si contestas que no tenías ningún rostro, que no existías ni aún en el pensamiento de tu madre estás afirmando que de la nada puede surgir algo. Y si preguntamos por la muerte tampoco se puede decir que algo desaparezca absolutamente. Lavoissier, el físico francés, ya dijo que la energía (y somos energía) ni se crea ni se destruye, sólo se tranforma.

El maestro con este koan quiere que su discípulo transcienda los conceptos del nacer y del morir. ¿Cuál era mi rostro, vuestro rostro antes de nacer? ¿De la nada llegó a ser algo? ¿No era, acaso, ese rostro el rostro del agua, del sol, del carbono, de las múltiples generaciones que me precedieron?

¿Acaso no es cierto que si elimino cada uno de estos elementos en mi, de mi supuesta identidad, no quedará absolutamente nada? Quitando cada uno de los elementos que me constituyen ¿dónde quedo yo?

Para el budismo, cada dharma, es decir, cada realidad fenoménica, está vacía de un ser separado del resto. No tiene entidad por sí misma. Ese es el sentido de la vacuidad en el budismo. Cuando dejamos de manifestarnos bajo una forma no desaparecemos, porque no podemos desaparecer. Simplemente nos manifestamos como agua, como humo, como ceniza… hasta que se dan las condiciones necesarias para que surja una nueva manifestación, Cuando la hoja del árbol cae, eso no significa el final del árbol. Reconvertido en abono, volverá la hoja a fluir por las venas del árbol nutriendo con su savia la nueva vida, las nuevas hojas. Porque de nada no puede salir algo ni de algo se puede llegar a ser nada. ¿No es cierto que en el pan y el vino de la Eucaristía está contenido el universo entero? ¿No se han reunido el sol, el agua de la lluvia, la tierra, el labrador, el panadero, el transportista para hacer realidad esa presencia? ¿Seguirá el pan ahí si le quitamos todos esos elementos que lo constituyen como tal? ¿Dónde estará el pan entonces?

Esa misma intuición de vacuidad existe en el Islam. A mi me resulta muy sugerente que el mihrab sea un espacio vacío, que a la vez lo contiene todo.

Por tanto, y ahora viene a colación el título de la charla, morir antes de morir es, para el budismo, la capacidad de transcender los conceptos de vida y muerte. Contemplarlos como una ilusión que esconde una realidad más profunda: siempre he estado aquí, y siempre estaré. No soy un ser absolutamente separado del resto. Soy uno con todo lo que fue, es y será. No hay dos: yo y lo otro.

Pero esto hay que reconocerlo con el tuétano de los huesos. No basta con saberlo intelectualmente. Este es el desafío del meditador y esta es su práctica más genuina: aprender a desidentificarse del yo, aprender a soltar todas las nociones que nos separan y dividen.

Los tres sellos que indican que una enseñanza es genuinamente budista son: la ayoidad (no hay un ser separado, no hay un yo separado del resto), la impermanencia (no hay nada que sea eterno, todo fluye y está en constante cambio) y el nirvana (el interser de todas las cosas. Las olas no existen independientes del océano).

Esta es la práctica más profunda en el budismo: mirar más allá de la realidad aparente para darnos cuenta de lo que verdaderamente significan el nacimiento y la muerte y al transcender las nociones del nacer y el morir poder comprender quiénes somos en realidad. Eso significa liberarnos del miedo, de ese miedo que atenaza al pequeño yo al que nos hemos empeñado en constituir como la base y piedra angular de nuestro ser y con el que estamos tan intensamente identificados.

Parece que estuviéramos condenados a defenderlo a toda costa, aun a riesgo de nuestra propia salud física y mental hasta que por gracia o por mérito aprendemos que al mismo tiempo que la muerte es una ilusión, también lo es el yo. Aquello que hemos instituido como nuestra más genuina identidad se revela ahora como una formación mental más sin el aura de autoimportancia con que se pavoneaba.

Yo no puedo morir porque nunca he nacido. Cuando dejen de darse las condiciones necesarias, dejaré de manifestarme como quien ahora soy y eso no significará que haya dejado de existir. Seguro que existiré bajo una manifestación diferente. Es lo que los antiguos hinduistas y budistas llamaban reencarnación. ¿Acaso no está la llama ya contenida en la cerilla? ¿No es cierto que sólo falta una condición para que se manifieste la llama?

Quisiera concluir con un texto de mi maestro, ya cercano a las 87 años quien ante la insistencia de sus discípulos por retener las cenizas de su actual manifestación una vez que esta dejara de ser visible dijo: “Cuando muera, no quiero que construyáis una estupa y pongáis mis cenizas dentro de ella. No me gustaría. Es un desperdicio de tierra. Pero si insistís en construir esa estupa, os dejo una línea para inscribir sobre ella: “No hay nada aquí dentro”. Y si seguís insistiendo, os dejo otra línea más: “Tampoco hay nada afuera”.

A un servidor, que ni por asomo se ha enterado ni de la mitad de la película todavía y no le llega a su maestro ni al zapato, le gustaría despedirse con la guasa de mis ancestros trianeros: “Ni me voy, ni me quedo… ustedes verán qué se puede hacer conmigo”.

Apuntes de la conferencia de Thich Nhat Hanh en Madrid

 

Domingo 27 Abril 2014. Teatro Lope de Vega – Apuntes de Koldo Aldai

Hay una profunda conexión entre la felicidad y el sufrimiento. Si sabemos cómo utilizar el sufrimiento, podemos crear la felicidad. Para hacer crecer flores de loto necesitamos el barro. No podemos crear flores de loto sin barro. El sufrimiento es como el barro. Sin sufrimiento no es posible es la felicidad. Aquellos que  practicamos la plena conciencia y la meditación,  hemos de reconocer nuestro sufrimiento.

Miramos profundamente la naturaleza de nuestro sufrimiento. Si sabemos como  manejar el sufrimiento en nuestro interior, si sabemos cómo sufrir, sufriremos menos que otras personas. El sufrimiento es un arte. Si sabemos utilizar nuestro sufrimiento, podemos  crear  felicidad  para  nosotros y para quienes nos rodean. La mayoría de nosotros no sabe sufrir. Tenemos miedo del sufrimiento, temor a adentrarnos en nosotros mismos. Si tenemos el coraje de afrontar nuestro sufrimiento, tendremos la oportunidad de manejarlo. Sabremos cómo traer el alivio, cómo utilizar el sufrimiento para traer  la felicidad.

De acorde  a nuestra práctica, hemos de saber cómo  manejar ese sufrimiento, cómo volver a nuestro hogar. El arte de la meditación consciente nos ayuda a tomar  cargo de nuestro sufrimiento. Con la energía de la plena conciencia podremos abrazar con cariño el sufrimiento y considerarlo en su naturaleza. La energía de la plena conciencia nos proporciona un alivio y sufrimos menos. Si continuamos con nuestra práctica, podremos abrazar el sufrimiento y transformarlo finalmente  en algo positivo.

En nuestro sufrimiento está el sufrimiento de nuestros padres y nuestros ancestros. Si ahondamos en nuestro sufrimiento, podremos comprender el sufrimiento de nuestros padres y ancestros. Ello nos lleva a la compasión y la compasión abriga la capacidad de sanar. Llegados a este punto, será más fácil comprender el sufrimiento del otro en ti.

Vamos a practicar el canto, vamos a cantar el nombre de Avalokitesvhara. Cuando cantan el canto, ellos abrazan su sufrimiento. La razón del canto es promover la compasión.  Conectando en este sentimiento, aflora la compasión y esa compasión tiene la capacidad de sanar. Cuando cantan el nombre de  Avalokitesvhara por segunda vez, tratan de conectar con el sufrimiento que está alrededor de ellos. Generan igualmente  energía de compasión. Por tercera  vez, cuando cantan sienten el sufrimiento del mundo en su interior. Conectando con ese sufrimiento generan una energía de sanación en sí mismos.

El canto de Avalokitesvhara contribuye a conectar con el sufrimiento de las personas de alrededor. Ello nos ayuda en la práctica del la plena conciencia y el sufrimiento. La plena conciencia en el caminar nos ayuda en ese trabajo. Cuando estás en contacto con tu sufrimiento y el de los otros, emerge la compasión. Durante el canto, debéis continuar con vuestra inspiración y expiración. Dejad de pensar. Permitid que esta energía de compasión penetre en vuestra mente. El pensar nos impide  profundizar en el aquí y el ahora. Por eso es muy útil parar de pensar cuando estamos escuchando tan bella música. Si concentramos nuestra concentración, permitimos entrar en contacto con la energía de plena conciencia y la compasión que genera. Esa energía podrá entrar en nuestro propio cuerpo y nos ayudará a sanar. Si damos paso a esa energía de la compasión  en nosotros, podemos hacer que la energía  de la tensión se afloje y así se esfume el dolor.

Somos una  gota en el corazón de un río. Dejamos que este  río nos lleve como gota de agua. Si tienes algún dolor ansiedad o angustia, permite ser arrastrado por la energía de la compasión  colectiva, como una gota de agua en la corriente colectiva. Decimos a la “shanga”: “Éste es mi dolor, mi desesperación y yo no lo puedo mantener por mí mismo. Por favor ayudadme a mantener  este  dolor.” Entonces  sentimos mermar este dolor, hasta que esa energía colectiva nos abraza  y el dolor va cediendo poco a poco.

Si durante este tiempo tienes  ganas de llorar, llora pero  ya instalado en la plena conciencia. Lo esencial es que estemos aquí presentes y que nos dejemos abrazar por esta energía colectiva. Si tenemos a alguien enfermo que no ha podido  venir al estar en el hospital, mencionamos  su nombre silenciosamente y la energía de plena conciencia y compasión les será enviada en el instante.

Inspirando me siento vivo y expirando sonrío a la vida y me siento feliz. La plena conciencia es una clase conciencia que todos podemos generar. La plena conciencia es la energía que nos ayuda a estar en el aquí y el ahora. En el aquí y en el ahora se encuentra la vida. El pasado ya se ha ido y el futuro aún no ha llegado. El momento presente es el único momento en que estamos presentes en la vida. Tenemos una cita con la vida. Esa cita está en el momento presente. Si pierdes esa cita, pierdes esa cita con la vida. Cada paso, cada respiración te trae a la vida. Me concentro en la inspiración de forma natural, dejo de pensar y traigo mi mente a mi cuerpo. Nuestra mente está atrapada por la angustia del pasado o del futuro, incertidumbres del mañana, proyectos… Es por ello que nuestra mente no está con nuestro cuerpo.

Cuando inspiro con plena conciencia,  llego a mi hora  y quedo establecido en el aquí y en el ahora; me puedo encontrar  con las maravillas de la vida, el cielo azul, los pájaros y los árboles. Tengo que ir al aquí y el ahora para poderlos encontrar. La meditación caminando es por lo tanto muy  útil, porque me ayuda a venir al aquí y el ahora. Delante del ordenador sin embargo se nos va la mente. En Plum Village por eso tenemos la campana de la llamada a la plena conciencia. Nos ayuda a volver a nuestra respiración, a volvernos vivos. Nos ayuda ello también a relajar la tensión del plexo. Lo primero que encontramos al alcanzar la plena conciencia es nuestro cuerpo. Nuestro hogar, nuestro cuerpo contienen todo el universo. Nuestros ancestros están vivos en cada célula de nuestro cuerpo.

Podemos conectar con ese pasado espiritual. El Padre Sol también está dentro de nosotros. Estamos hechos del Padre Sol, de la Madre Tierra y de las estrellas. Ese cuerpo es por lo tanto nuestro primer factor de plena conciencia. Una inspiración  dura uno o dos segundos. Con nuestra inspiración podemos descubrir muchas  cosas, como que tenemos un  cuerpo y estamos vivos. Tú que estás  respirando, estás vivo y eso es un milagro, en realidad el más grande de los milagros.

Con ese cuerpo podemos tocar las maravillas de nuestro interior y alrededor nuestro. Estamos en contacto con los refrescantes colores de la naturaleza… Aquellos que practicamos la plena conciencia, podemos generar una calidad de energía  en cualquier momento que nos encontremos. Si nos establecemos  en el momento presente, si hacemos uno con cuerpo y mente, podremos dar con la felicidad en el aquí y en el ahora. Podemos escribir una lista de las condiciones que hemos puesto a la felicidad que hemos adquirido, pero necesitaríamos  muchas hojas. Ponemos muchos reparos a la felicidad. “¿Qué esperamos para hacer la fiesta…?”, dicen los franceses en una canción. Podemos añadir: “¿Qué esperamos para ser felices?”

Somos muy afortunados, más que mucha gente en el mundo… Hay gente que ha de recorrer varios kilómetros para disponer de agua. Si tienes agua corriente en tu casa y no eres feliz, entonces es por que no tienes la energía de la plena conciencia en ti todavía. No tenemos dolor de muelas y no somos felices en este momento. El dolor de muelas te dice: “Amigo, no tienes dolor de muelas, ¿cómo no eres feliz ahora?” La plena conciencia nos ayuda a reconocer que tenemos ojos maravillosos. Sólo tenemos que sentarnos en la hierba, para constatar que el paraíso es nuestro. Si no eres feliz en medio de un prado, es porque no tienes la energía de la plena conciencia. Hay quienes han perdido la vista y no tienen esa potestad de ver los prados.

Creemos normalmente que la felicidad no es posible ahora y que necesitamos aún más condiciones. Tenemos mas que suficientes condiciones para ser felices. Con la vigilia de la plena conciencia, podemos ser felices en el aquí y en el ahora. Tengo más de 85 años y cada día disfruto caminando. Reconozco que tengo pies y que son lo suficientemente fuertes para poder caminar. La plena conciencia es una fuente de plena felicidad y alegría. Aquellos que practicamos la plena conciencia podemos generar esa energía de la plena conciencia cuando queramos.

La enseñanza es lo suficientemente sencilla para que cualquiera la pueda practicar. Sólo nos hemos de entrenar un poquito en el aspecto de la felicidad. Cada momento de nuestra vida cotidiana se puede convertir en una fuente de felicidad. Podemos generar esa felicidad, mientras que la plena conciencia nos acompañe. Con el caminar y la meditación podemos generar esa energía de la plena conciencia.

Practicar el pleno caminar es practicar la plena conciencia. La energía de rabia, odio, sufrimiento… es una energía, que hemos de reconocer y abrazar, tal como la mamá abraza a su bebé. Quizás la mamá no sabe lo que le pasa al bebé, pero lo coge, lo abraza y entonces sufre menos. Hemos de abrazar ese dolor con la energía de la plena conciencia. Podemos pedir para ello el apoyo de otros practicantes: “Aquí amigos está mi  dolor. Mi energía de la plena conciencia no es suficiente para abrazar mi dolor. Por favor respirad conmigo para poder alcanzar una energía poderosa de la plena conciencia, de forma que yo pueda  abrazar mi dolor…” Esa energía adicional puede contribuir a superar esa energía de dolor. La “sangha” nos ayuda, nos ofrece una energía poderosa de la plena conciencia.

Como individuos podemos contribuir  a esa energía  colectiva  sanadora. Esa energía nos ayuda a restaurar nuestra  salud, belleza y frescura. “Respirando me  siento como una  flor…”, dice la canción. Todos de hecho, hemos nacido como una flor. Pero hemos de saber cómo cuidarnos a nosotros mismos en cuanto flor. La práctica de nuestra  conciencia nos ayuda a cuidar esta  preciosa  flor, para nosotros mismos y para los demás. Esa frescura es la que podemos ofrendar al mundo. La meditación andante nos ayuda a restaurar  esa plena conciencia.

Inspirando siendo esa frescura y expirando restituyo la solidez. Una persona que no tiene estabilidad no puede ser feliz… Caminar es  restaurar nuestra  solidez. Cuando eres estable y sólido la gente puede confiar en ti. Ese  elemento de estabilidad y solidez es lo que puedes ofrecer.

… Inspirando me siento como agua, expirando reflejo las cosas tal como son. Es el aspecto de la paz lo que cultivas a través de la práctica. Si no tienes suficiente paz y tranquilidad no puedes  ser feliz. En la vida cotidiana puedes con cada paso cultivar una solidez y ganar en paz. Si tienes paz, la otra persona se beneficiará de tu paz y de tu tranquilidad. Expirando me siento que tengo libertad… La práctica de la plena conciencia nos permite tener más espacio en el corazón, nos ayuda a mirar todo de una forma más consciente y comprobar si lo que observas es importante o no lo es.

Hay gente que tiene todo eso y aún y todo no es feliz. No podemos dedicarnos a correr detrás de la fama y del dinero, sino que hemos de invertir nuestro  tiempo en hacer lugar en nuestro interior a más comprensión, amor y compasión. He de comprender la esfera  ajena, de él o ella. Cuando entiendes el sufrimiento de la otra persona, la rabia se te desprende y ya no tienes odio para con ella. La comprensión siempre lleva a la compasión. Estos  son lo valores.

¿Cómo hemos de cultivar el amor y la compasión? Esa compasión es la que te hace libre. Si quieres ser libre, libérate del dolor, del sufrimiento, del apego… Si tienes  comprensión, tienes mucho espacio en tu corazón. Comprender tu propio sufrimiento te ayuda a comprender el sufrimiento de él o ella: “Querido/a he visto que has sufrido mucho en estos años. He comprobado que no podía  aún comprender tu sufrimiento. Ayúdame a comprender tu sufrimiento. Ayúdame si puedes…”. Hay que comunicarse por lo tanto con amor. Si tenemos amor y compasión dentro de nosotros mismos, podemos verdaderamente ayudar. En unos minutos podemos practicar la conciencia, podemos generar la energía suficiente como para ayudar a otra persona a traer la reconciliación… En pocos días todos podemos aprender a escuchar con compasión y establecernos en la plena conciencia.

Acudir a un retiro de unos días puede ser una fiesta para practicar la plena conciencia Entablar  la escucha profunda es indispensable para restaurar la comunicación. No debemos esperar a estar en una situación de guerra para instalarnos en la paz. Si la guerra estalla es porque en la nuestra vida cotidiana no hemos practicado suficiente. No es fácil practicar en el contexto de la guerra. El sonido de los disparos nos impide concentrarnos en la práctica.

La paz se puede verdaderamente apreciar con el trasfondo de la guerra. Si apreciamos suficientemente la paz, no permitiremos la guerra. Si sobreviene la guerra es porque no pujamos lo suficiente por la paz. Quienes conocimos la guerra, tenemos compromiso añadido con la paz. Hemos de hablar con los jóvenes para ganarlos para la paz. En mitad de la situación de guerra, hay que practicar para no caer víctimas de la desesperación. Mucha gente joven que no ha vivido la guerra, no sabe apreciar la paz que tenemos. Lo que se sufre en una guerra, sólo se sabe  por la propia guerra. Os recomiendo la práctica preventiva.

En la sociedad se riega continuamente la violencia, el desenfreno y el placer sexual…, ¿Cómo practicar entonces sin perdernos en tanta locura? Es bueno practicar como individuos, pero es mucho mejor practicar como grupo. Si podemos cultivar la fraternidad en el seno del grupo, si podemos demostrar que la felicidad es posible, sin mucho dinero, sin mucho sexo…, podremos lograr que los otros no corran detrás de estos señuelos, de que sigan  detrás de la verdadera felicidad. El verdadero amor siempre nutre y sana. No tiene que ver mucho con el sexo. La felicidad es posible con la comprensión y la compasión. Quienes corren detrás del poder, del sexo, del dinero…, no encuentran la verdadera felicidad. Logremos demostrar esto a los jóvenes… Por eso es muy importante  crear grupo. Se pueden leer muchos libros, pero nada se puede  comparar con unas personas que viven en grupo y que son capaces de manifestar el verdadero amor y la verdadera felicidad.

Es posible ser consciente en medio de situaciones estresantes, cuando la mente trabaja mucho. Cuando nos encontramos en una situación estresante, respiramos y decimos: “Entonces estoy una situación estresante y no quiero dejarme  llevar por esta situación estresante”. La práctica de la meditación andante y la respiración, nos permite no dejarnos llevar este tipo de situaciones. ¿Quiero desperdiciar mi vida en situaciones así? Esta energía de plena conciencia nos permite no participar más en esas situaciones. Si en ese momento tenemos la suerte de estar con un hermano y hermana en la práctica, ellos nos pueden ayuda y así no dejarnos llevar por esa coyuntura. Estos estados estresantes precisamente ponen a prueba nuestra capacidad para ser conscientes.

Necesitamos tiempo para sanar nuestra situación dolorosa. Si la otra persona no tiene conciencia, cuando surgen esos estados hemos de practicar la respiración y la meditación andante. En vez de reaccionar negativamente, podemos decir así: “Querido, querida necesito tiempo para  abarcar estas circunstancias. Necesito tiempo para poder cuidar yo de mi emoción, para no dejarme arrastrar  por las emociones negativas”. Él o ella aprenderá de nuestra actitud y nos respetará…

Las cuatro nobles verdades

 

Hablamos acerca de las cuatro nobles verdades como la estrategia de Buda para tratar el malestar, de tratar el sufrimiento. Buda siempre repitió que solo hablaba del sufrimiento y de aliviar el sufrimiento. No deberíamos olvidar la última mitad de la oración. No solo habla de sufrimiento, habla de la transformación, del alivio del sufrimiento. Y hemos de comprender las cuatro nobles verdades bajo esa luz. Porque las cuatro nobles verdades no solo tratan del sufrimiento, tratan de otra cosa.

Sabemos que la primera noble verdad es el malestar, la presencia del malestar, que supone sufrimiento. El malestar como una realidad, como algo que está ahí, que tenemos que aceptar. El sufrimiento es una realidad. Si no aceptas esa verdad, no podrás avanzar. Todos sabemos que el sufrimiento está dentro y a nuestro alrededor. Así que estamos de acuerdo con Buda en que el malestar está ahí.

Inmediatamente vemos la segunda noble verdad, que es el origen del malestar. Si el malestar está ahí, debe haber una causa. Así que si aceptamos la primera verdad hemos de aceptar la segunda. Es el origen del malestar. Porque sabemos que todo tiene una causa, todo tiene sus raíces. Así, la segunda verdad es sobre la causa, la raíz, el origen. Hemos debido vivir de tal manera que el sufrimiento se ha hecho real. Supón que sufres una depresión. Una depresión es malestar. Hemos debido vivir de tal manera que la depresión se ha convertido en una realidad. La depresión es la primera verdad, y el modo de vida que la ha causado es la segunda verdad. Y hemos de aceptar eso como una verdad.

La tercera noble verdad es la afirmación de que el malestar puede ser transformado. Esto es algo positivo, es la buena noticia de que es posible transformar el malestar. Lo que en el lenguaje antiguo es el cese del malestar. El cese del origen del malestar. Hay esperanza, hay algo seguro, porque algunos de nosotros somos capaces de transformar ese malestar, ese sufrimiento. Algunos de entre nosotros hemos superado la depresión. Esa es también una verdad que debes aceptar.

Eso lleva necesariamente a la cuarta verdad. Debe haber un camino, debe haber una causa para que el cese del malestar sea posible. De otro modo, ¿cómo sería posible detener el sufrimiento y disfrutar de bienestar? Así pues, es lógico mencionar la cuarta noble verdad, que es el camino que conduce al cese del malestar. El camino que conduce al cese de la causa del malestar: eliminas la causa y el fruto desaparecerá. Tienes que eliminar la causa. No puedes eliminar el efecto, tienes que eliminar la causa. La depresión es similar. Si tomas algún medicamento para sentirte algo mejor, eso no es tratar la causa de la depresión. Tienes que ver la causa de tu depresión, tienes que darte cuenta del modo de vida que te ha causado esa depresión y ocuparte de esa causa. Así que el cese, en este caso, es el cese de la causa del malestar.

Ese es nuestro lenguaje. Pero en el siglo XXI podemos utilizar otro lenguaje. Los jóvenes maestros del Dharma pueden estar interesados en utilizar este tipo de lenguaje, ya que el cese del malestar supone un nuevo principio, la presencia del bienestar. Así, la tercera noble verdad puede ser descrita como la presencia del bienestar. Buda dijo: «Cuando la oscuridad no está ya ahí, la luz está ahí». La ausencia de oscuridad supone la presencia de la luz. Y lo repitió muchas veces: la ausencia de oscuridad supone la presencia de la luz. Luego la ausencia de malestar supone la presencia de bienestar. Es tan lógico… Por tanto, la cuarta noble verdad no solo habla de sufrimiento, habla sobre la felicidad. Y la tercera noble verdad trata sobre la felicidad. Buda habla del sufrimiento, pero también habla de felicidad. Así que podemos decir que la enseñanza de Buda es sobre la felicidad. En la primera noble verdad habla de malestar, infelicidad, sufrimiento. En la segunda noble verdad, la tercera y la cuarta nobles verdades habla de la posibilidad de felicidad, de ser feliz. El modo de vida, el camino que lleva a la felicidad, el camino que lleva al cese del malestar, supone el camino que lleva a la presencia del bienestar, es lo mismo. Así que la cuarta noble verdad es el camino que lleva a la felicidad, al bienestar. El camino a la felicidad, el camino que lleva a la felicidad.

Así que si quieres hablar a los jóvenes, a los adolescentes, sobre las cuatro nobles verdades, puedes querer utilizar este nuevo lenguaje, de manera que lo reciban más fácilmente. Hay un camino que lleva a la felicidad. Y deberíamos aprender ese camino. La segunda noble verdad puede también concebirse como un camino. Pero no es el camino que lleva a la felicidad, no es el camino que lleva al bienestar. Es el camino que lleva al sufrimiento, y muchos de entre nosotros hemos tomado ese camino. Nosotros también podemos hablar de la segunda noble verdad en términos de camino, el camino que lleva al malestar. Y, por supuesto, el primero es el malestar.

El primer discurso ofrecido por Buda acerca de su visión profunda, su “insight” es sobre las cuatro nobles verdades. Tras la iluminación, permaneció varios días disfrutando de su iluminación. Después partió en busca de sus cinco amigos y compartió su visión profunda. Caminó hacia el Parque del Ciervo, hasta Benarés, porque alguien le había dicho que sus compañeros de práctica estaban allí. Él quería primero ir y ayudarles. Quería compartir su visión profunda con sus amigos, sus compañeros de práctica, antes que nada. Y su primer discurso fue sobre las cuatro nobles verdades.

La cuarta noble verdad habla del camino, del llamado Noble Óctuple Camino. Sabemos que este camino se compone de comprensión correcta, visión correcta, pensamiento correcto, habla correcta, acción correcta, etc. El camino de la acción correcta. Y es descrito como un camino noble, “arya”, noble. Pero el otro camino no es noble, el otro camino tan solo lleva a la destrucción, a la separación, a la muerte, a la desesperación. Ese camino no es un noble camino, es un camino innoble. El camino de la ira, el camino de la discriminación, el camino de la violencia, el camino de la ignorancia, el camino de la desesperación, el camino innoble.

Así que al menos podemos decir que la enseñanza de las cuatro nobles verdades habla del sufrimiento, pero también habla de la felicidad. La felicidad es posible, la transformación, la sanación son posibles. Pero, ¿se puede enseñar solo sobre la felicidad, sin enseñar sobre el sufrimiento? ¿Por qué Buda no habló sobre la felicidad, el camino que lleva a la felicidad? ¿Por qué tuvo que hablar del sufrimiento y del camino que lleva al sufrimiento? Porque descubrió que en el fondo felicidad y sufrimiento interson, están unidos mutuamente, malestar y bienestar están unidos mutuamente. Y esta es una visión muy profunda que será revelada a sus estudiantes más tarde. El interser entre felicidad y sufrimiento. Si no vemos eso, nos es imposible ver la verdadera naturaleza de la ética y moralidad budistas.


Aquellos de entre nosotros que hemos estudiado y practicado en la tradición de Plum Village sabemos que el sufrimiento desempeña un cierto papel en nuestra práctica. Cada uno de nosotros necesita alguna cantidad de sufrimiento para practicar. Y hablamos sobre la bondad del sufrimiento.

A veces el sufrimiento es útil, el sufrimiento puede enseñarnos, y por ello el sufrimiento tiene algo que ver con la felicidad. Este es el significado de una cierta visión profunda, “insight”. Vemos el pensamiento no dualista en el budismo, lo que es muy importante. Cuando vienes a Plum Village en los meses de junio o julio, ves los lotos en flor. Sabes muy bien que no puedes plantar un loto sobre mármol. Debes plantarlo en el barro. Si no hay barro, no hay loto. Así que si quieres tener flores de loto, tienes que conseguir un poco de barro. Si miras profundamente en la naturaleza del loto, verás el barro en él. No necesitas mirar el barro, debes mirar el loto y verás el barro en el loto, no puedes desprender el barro del loto. Si lo haces, el loto dejará de ser un loto. El loto está hecho de barro. La felicidad está hecha de sufrimiento. Es difícil comprenderlo al principio, pero esa es la verdad.

Hay una disciplina dentro de la filosofía, llamada metaética, que trata de este problema. El uso del fundamento ontológico de la moralidad, el fundamento epistemológico de la moralidad y la ética. Es una disciplina reciente pero muy importante. Si queremos hablar sobre un código de correcto comportamiento, un código de correcta conducta ofrecido por la tradición budista, deberíamos prestar atención a los fundamentos de esa enseñanza. Deberíamos comprender la naturaleza de interser de todas las cosas. Deberíamos comprender la naturaleza del vacío, no yo, interser, ausencia de signos, para comprender realmente las enseñanzas de Buda sobre las cuatro nobles verdades. En un retiro de 21 días tenemos el tiempo y la oportunidad de hacerlo. El sufrimiento está relacionado con la felicidad. Algunos de entre nosotros preguntan: «¿Por qué el sufrimiento, el malestar, como una verdad? ¿Podemos llamarla noble? Las cuatro nobles verdades, ¿qué hay de noble en el sufrimiento? ¿Qué hay de noble en el malestar? El malestar no debería ser noble, el sufrimiento no debería ser noble, solo la felicidad debería ser noble». Lo cierto es que si no comprendes el sufrimiento, tampoco comprenderás la felicidad, tampoco podrás comprender la felicidad. Si no tienes barro, nunca podrás hacer crecer lotos. Por tanto hemos de estudiar el malestar y el sufrimiento de manera que nos ayude a comprender realmente la naturaleza de la felicidad y el camino que lleva a la felicidad.

Normalmente solemos pensar en el Reino de Dios o en la Tierra Pura de Buda como si se tratara de un lugar en el que no existe el sufrimiento. Solo pura felicidad, puro éxtasis, no hay sufrimiento. No queremos aceptar que en el Reino de Dios hay sufrimiento. Si hay sufrimiento no puede ser llamado el Reino de Dios. Y hay budistas que también piensan así, que en la Tierra Pura de Buda no debería existir ningún tipo de sufrimiento, solo éxtasis, solo sukkha, no dukkha. Pero lo cierto es que si definimos la felicidad como la capacidad de comprender y amar, sin comprensión y amor no sería posible ninguna felicidad. Quieres ir al Reino de Dios porque allí hay comprensión y amor. Aquí abajo no tenemos bastante comprensión y amor. Es por ello que sufres tanto, estamos sedientos de comprensión y amor, nos quejamos de que nadie nos comprende, nadie nos ama, si la gente nos comprendiera, nos amaría. ¿Por qué deberíamos irnos a algún otro lugar? Así que buscamos un lugar donde haya comprensión y amor, lo que significa felicidad. Los elementos, las sustancias que componen la felicidad son la comprensión y el amor. Definimos el reino de Dios como un lugar en el que hay comprensión y amor, ¡en cantidades enormes! Pero si practicas el mirar profundamente, y mirar profundamente es meditación, si practicamos mirar profundamente, vemos que sin comprensión, sin estar en contacto con el sufrimiento, sin comprender el sufrimiento, no puedes amar. La compasión, el amor nacen de la comprensión. ¿Cómo puedes amar si no comprendes? ¿Cómo puede el padre amar a su hijo si no comprende el sufrimiento, las dificultades de su hijo? ¿Cómo puede un marido amar y hacer feliz a su mujer si no sabe nada de las dificultades y el sufrimiento de su mujer? Si quieres amar y hacer feliz a alguien, deberías preguntarte a ti mismo: «¿Le comprendo lo suficiente? ¿Comprendo lo suficiente a esa persona?». Y puede que quieras ir hacia ella y preguntarle: «Cariño, ¿crees que te comprendo lo suficiente?». Y ella te lo dirá. No le has comprendido bastante, es seguro. Y ella puede ayudarte: «Cariño, como quiero amarte y hacerte feliz, quiero comprenderte, en primer lugar tus dificultades, tu sufrimiento, el actual y el de tu infancia. Por favor, dime, ayúdame, porque sé bien que si no te comprendo, cometeré muchos errores». Ese es el lenguaje del amor.

Así que comprender es, en primer lugar, comprender el sufrimiento, las dificultades, sufrimientos, bloqueos. Comprendes la desesperación, la frustración, las dificultades, el dolor de la persona que amas. Pero si realmente has comprendido tu propio dolor, tu propia angustia, tu propia desesperación, comprenderás más fácilmente la angustia, la desesperación y el dolor de la otra persona. Porque el malestar está dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Si comprendemos la naturaleza del malestar interior, nos será más fácil comprender la naturaleza del malestar a nuestro alrededor. Así que la cuarta noble verdad debería ser orientada hacia uno mismo y hacia el mundo, no solamente hacia el mundo. Hacia uno mismo. La comprensión de uno mismo es muy importante para comprender a la otra persona. Y comprensión aquí es ante todo comprensión del malestar, comprensión del sufrimiento.

En nuestra tradición existen aquellos como Avalokiteshvara. Saben cómo escuchar, saben cómo observar, saben cómo mirar. Por eso pueden comprender. Y cuando comprendes el sufrimiento de una persona puedes aliviar gran parte de su sufrimiento. Porque cada uno de nosotros tiene hambre de comprensión. Muchos nos quejamos de que nunca hemos sido comprendidos, nadie nos ha comprendido. Así pues, cultivar la comprensión para comprender a las personas que nos rodean es una práctica de base. Y comprender es, ante todo, comprender el malestar. Una meditación sobre la primera noble verdad.

Muchos de nosotros tenemos miedo del malestar, tenemos miedo del sufrimiento, y la tendencia natural es intentar huir del malestar, del sufrimiento. Por eso perdemos una oportunidad. En la enseñanza budista te aconsejan permanecer con tu sufrimiento, abrazar tu sufrimiento, tu malestar, con cariño, y mirar profundamente en él. Es la práctica de la primera y la segunda noble verdad. Si no comprendes la naturaleza de tu malestar, si no has visto el camino que lleva al sufrimiento, no puedes ver el camino, no puedes tener la esperanza de que exista el bienestar y el camino que lleva al bienestar. La meditación sobre las dos primeras verdades te llevará a la comprensión, a alcanzar la tercera y cuarta nobles verdades. Por eso, un budista no puede hablar únicamente de la felicidad y no hablar del sufrimiento. También es cierto que Buda no puede hablar únicamente sobre sufrimiento sin hablar sobre felicidad. Porque sufrimiento y felicidad interson, como el barro y el loto, uno haciendo al otro. Podemos aprender mucho del sufrimiento, hemos de entrar en contacto con el sufrimiento, hemos de mirar profundamente en la naturaleza del sufrimiento, y eso producirá algo que nos ayudará a cultivar la comprensión y la compasión. Sin eso, no podemos ser una persona feliz, sin eso no podemos hacer feliz a otra persona. Por eso comprender el sufrimiento es muy importante, por eso en Plum Village hablamos de la bondad del sufrimiento. Si hemos sufrido, eso es bueno. Tenemos material para aprender, para investigar sobre la posibilidad de la felicidad, de ser feliz.

Imagina que mandas tus hijos a un lugar en el que no hay sufrimiento. Y tu hijo no tiene suficiente comprensión y amor. En un lugar en el que no hay sufrimiento, ¿cómo puede un niño aprender a comprender y a ser compasivo? Si el reino de Dios no contiene sufrimiento, no quiero ir allí, no quisiera mandar allí a mis hijos, porque no es un buen sitio para aprender. Mi definición de Reino de Dios es un lugar donde hay mucha comprensión y compasión. Pero eso implica que el sufrimiento está ahí, porque sin sufrimiento nunca podrás cultivar la comprensión y el amor. Cuando ves que en Lower Hamlet hay muchas flores de loto, eso quiere decir que hay barro en Lower Hamlet. Si no hay barro, no hables sobre flores de loto, porque las flores de loto no pueden existir sin el barro. Basta con decir que el Reino de Dios es un lugar donde hay mucha comprensión, compasión y amor. Allí la gente sabe cómo utilizar el sufrimiento para fabricar comprensión y amor. Porque es con sufrimiento que podemos fabricar comprensión y amor.


Como practicantes tenemos que ver la naturaleza del interser entre dukkha y sukkha. Malestar y bienestar interson. Es como la izquierda y la derecha, no puedes eliminar la derecha y guardar solo la izquierda, aunque estés decidido a eliminarla utilizando una espada para cortarla en dos mitades. Tan pronto como tiras la otra mitad, este extremo se convierte en la derecha. No te puedes deshacer de la derecha. Muchos de entre ustedes están políticamente en la izquierda. No deseen que la derecha desaparezca, si la derecha desaparece ustedes también desaparecerán. Así que allí donde esté la izquierda, está la derecha. Allí donde está el loto, está el barro. Allí donde hay comprensión y amor hay sufrimiento. Necesitamos el sufrimiento como materia prima para fabricar felicidad.

Hemos de comprender la primera enseñanza de Buda bajo esa luz. Parece muy simple, pero es muy profunda. El interser, la naturaleza del interser del malestar y el bienestar. Y el segundo camino, aunque es llamado camino innoble, es una noble verdad. Hemos de comprenderlo. Si no comprendes la segunda verdad, la cuarta nunca podrá aparecer ante nosotros. Al comprender la segunda noble verdad, de repente, el camino, el noble camino, nos es revelado. No es correcto decir que primero tengo que comprender la verdad del malestar y después avanzo hacia la comprensión de la verdad del origen del malestar. No es así, esa no es la manera. Sabemos que las cuatro interson, una contiene todas las demás. Así que estudia y practica de manera que cuando observes una de las verdades veas las otras tres en ella.

Supón que pedimos a un político que nos hable de una situación en los términos de la primera noble verdad. Hablará de pobreza, injusticia social, hambre, violencia, discriminación Creo que los políticos piensan más en el poder de compra, el desempleo, la crisis económica, la recesión, etcétera. Cuando preguntes a un ecologista, alguien que defienda el ecosistema, hablará de contaminación, calentamiento global. Pero los políticos hablan primero de cosas como la recesión, la pobreza, la injusticia social o el hambre, empleo, alcohol.

Pero personas como nosotros, buscadores espirituales, practicantes de meditación, cuando nosotros hablamos de malestar intentamos profundizar más. Aún no hemos llegado a la raíz, solo al síntoma. Queremos profundizar más, ser más precisos, queremos ser más específicos, queremos ir hasta el principio. Por ello podemos hablar de la tensión en el cuerpo, el dolor del cuerpo, la tensión en la mente, el dolor en la mente, que es algo que está ahí en este preciso momento. Nos interesa acabar con la pobreza, acabar con la injusticia social, ocuparnos del problema del calentamiento global y la recesión económica. Pero, ¿qué pasa con la tensión corporal que sientes constantemente? El dolor en tu cuerpo y la dolorosa sensación de no tener a dónde ir. Hemos de abordar estas cosas, queremos ocuparnos de sus raíces, porque puede que estas cosas, si no están bien atendidas, produzcan otras muchas cosas. Este es el método del que habló Buda. Él no comenzó por el sufrimiento de la injusticia social, la pobreza, el hambre, él comenzó con la falta de paz en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

Por tanto, tenemos algo con lo que contribuir. Tenemos una voz. Queremos abordar todo ello de una manera realista, desde la raíz. En el Sutra de la plena conciencia de la respiración, Buda propone dieciséis ejercicios de respiración consciente para abordar todos los sufrimientos básicos del ser humano. Hay una empresa cinematográfica en Vietnam que está haciendo una película con el título: «Los dieciséis ejercicios de respiración para ayudar a salvar el mundo». Vendrán a Plum Village el mes que viene. Nosotros les apoyamos, ellos saben lo importante que es el cuidar de nosotros mismos antes de poder cuidar del mundo.

El primer ejercicio propuesto por Buda es prestar atención a tu inspiración y tu espiración: «Inspirando, sé que esta es mi inspiración; espirando, sé que esta es mi espiración». Este ejercicio sirve para identificar tu inspiración y tu espiración. Es muy sencillo, pero cuando llevas tu atención a tu inspiración y a tu espiración dejas de pensar en el pasado, dejas de pensar en el futuro. Empiezas a regresar a ti mismo. Regresar a ti mismo es lo primero que hay que hacer, incluso para los políticos, los economistas y todos los demás. Si no regresas a ti mismo, no estás en plenitud de tus facultades, no puedes salvar el mundo de la mejor manera posible, ¿no es cierto? Tienes que ser tú mismo para ser lo mejor de ti mismo. Y Buda nos enseña que hemos de ser lo mejor de nosotros mismos. La filosofía del ser como fundamento de la filosofía de la acción. Cuando prestas atención a tu inspiración y tu espiración, dejas el pasado, dejas el futuro, regresas al momento presente, traes tu mente de vuelta a tu cuerpo. Tocas el momento presente, ¡estás vivo!

El segundo ejercicio es seguir tu respiración desde el principio al final: «Inspirando, sigo mi inspiración, desde el principio hasta el final; espirando, sigo mi espiración, desde el principio hasta el final». Así, tu plena conciencia permanece constante, eres realmente consciente, estás realmente concentrado, y, con certeza, estás aquí, cuerpo y mente unidos, bien establecido en el aquí y el ahora. Puedes tocar la vida, puedes abordar las circunstancias de tu vida.

Estos son los dos primeros ejercicios. Todo buen practicante en nuestra tradición debería dominar el identificar la respiración y seguir la respiración. Así estás aquí, realmente vivo, realmente tú, para que puedas empezar a abordar tus problemas y los problemas del mundo.

El tercero es: «Inspirando, soy consciente de mi cuerpo, de todo mi cuerpo». Primero tienes que tratar tu cuerpo, porque en tu cuerpo hay acumulación de tensión y dolor. No puedes ser lo mejor de ti mismo si no sabes cómo aliviar la tensión y el dolor en ti. Así, el tercer ejercicio es una especie de reunión familiar entre mente y cuerpo. Y tu mente se convierte en mente corpórea. Tu mente ya no es un vagabundo, tu mente está en el hogar de tu cuerpo, y tu mente es una mente corpórea, es mente verdadera. Mente y cuerpo se unen, y tú estás realmente aquí.

Con el tercer ejercicio relajas tu cuerpo, y en ese mismo momento notas que hay tensión y dolor en tu cuerpo. Y te gustaría hacer algo para mejorar la situación. Ese es el cuarto ejercicio recomendado por Buda: «Inspirando, relajo toda la tensión en mi cuerpo». Existe la recesión económica, claro, existe el calentamiento global, claro, quiero hacer algo, pero quiero ser lo mejor de mí antes de poder tratar ese tipo de asuntos. Sabemos que la tensión corporal se ha ido acumulando a causa de ti mismo, a causa de nosotros mismos. No practicamos la relajación total profunda. No hacemos las cosas relajadamente. Siempre corremos, esto se ha convertido en un hábito colectivo. Toda la sociedad hace lo mismo. El estrés, la depresión, se han hecho universales. Piensa sobre la cantidad de medicinas, sedantes, tranquilizantes que se consumen. Muchos de nosotros necesitamos ser sedados con medicamentos. Pregunta sobre cuántos fármacos consume cada día la gente en Francia.

La práctica de la meditación enseñada por Buda no nos invita a soñar, al contrario, nos enseña a afrontar la realidad de la vida. Como estás realmente ahí sabes cómo abordar, cómo manejar la situación. Ya desde el principio aprendes a manejar tu inspiración y tu espiración, y entonces aprendes a manejar tu cuerpo. La acumulación de tensión provocará todo tipo de enfermedades. Aflojar la tensión disminuirá el dolor en tu cuerpo. Cuando hay menos tensión, el dolor es menos activo. Y el cuarto ejercicio de respiración consciente es para aportar bienestar a tu cuerpo.

Las cuatro nobles verdades, el camino. Hay una manera de respirar que puede ayudar a aflojar la tensión y el dolor, que puede reducir dukkha, el malestar, y provocar algo de bienestar. Si conoces la exacta forma de respirar y empiezas a respirar así, el cambio, la transformación, comenzará al instante. Así, en una sola inspiración puedes practicar las cuatro nobles verdades. Reconoce la tensión que está en el cuerpo, el dolor del cuerpo, reconoce la tensión y el dolor en el cuerpo, e inspira de manera que te ayude a aflojar la tensión en el cuerpo. Las cuatro nobles verdades pueden ser reconocidas en una inspiración o espiración. Cuando practicas el caminar conscientemente, das cada paso de manera relajada, libre. ¿Por qué? Porque estamos libres del pasado y del futuro. Cada paso puede también aflojar la tensión en tu cuerpo, y reducir el dolor en tu cuerpo. Algunos de entre nosotros practicamos la meditación caminando y nos curamos a nosotros mismos. Por eso es tan importante aprender el arte de caminar, para que cada paso pueda aflojar la tensión, no solo en el cuerpo sino también en la mente.

El séptimo ejercicio de la respiración es reconocer, identificar la sensación dolorosa. El tercero es identificar, reconocer el cuerpo. El primero es identificar la inspiración y la espiración. El segundo ejercicio es seguir la inspiración y la espiración durante toda su duración. El tercero es identificar, reconocer, ser consciente del cuerpo: «Inspirando, soy consciente de todo mi cuerpo». Ese es el tercer ejercicio. y si somos plenamente conscientes, vemos que hay tensión y dolor en él. Por eso necesitas el cuarto ejercicio: relajar la tensión en el cuerpo. Eres consciente de tu cuerpo, del dolor y la tensión, y quieres hacer algo para aflojar la tensión y el dolor en tu cuerpo. En el séptimo ejercicio, te haces consciente de la sensación dolorosa en ti, el malestar, la primera noble verdad. Hay una sensación dolorosa en ti y quieres ocuparte de esa sensación. Ya sabes cómo ocuparte de tu cuerpo, ahora aprendes a ocuparte de tus sensaciones.

El octavo ejercicio de respiración es aflojar la tensión en la sensación. La traducción oficial es «calmar las sensaciones». Calmar es relajar. Consciente del cuerpo, calmar el cuerpo; consciente de la sensación, calmar la sensación. En el canon chino utilizamos un término que significa parar. Ayudarlo a parar. No tienes que neutralizarlo, no tienes que luchar contra ello, no necesitas emplear la violencia, tan solo le ayudas a parar. Esa palabra china también significa parar, calmar, aflojar. Esto se aplica a nuestro cuerpo y a nuestras sensaciones. Hemos de parar la tensión, el dolor en nuestro cuerpo. Debe existir un método no violento, un método amable de ayudar a tu cuerpo a aflojar la tensión y el dolor. Eso es parte de la práctica, y todo buen practicante de meditación debería saber cómo respirar para aflojar la tensión del cuerpo y calmar, aliviar una sensación. Después de aprender cómo ser consciente de tu cuerpo y calmarlo, aprendes a ser consciente de una sensación dolorosa en ti. Aprendes cómo aflojar la tensión en esa sensación, a calmar esa sensación.

Por tanto, los cuatro primeros ejercicios de la respiración consciente tratan sobre el cuerpo, y los otros cuatro tratan de las sensaciones, incluyendo el quinto y el sexto. El quinto es muy interesante: cómo producir una sensación agradable. Respiras de tal manera que puedes producir una sensación agradable. Una sensación placentera. El placer es posible. Eso está en la enseñanza de Buda. Producir una sensación de alegría. Y el sexto es producir una sensación de felicidad.

Podemos muy bien estudiar el Sutra de la plena conciencia de la respiración a la luz de las cuatro nobles verdades. La enseñanza de las cuatro nobles verdades sigue y penetra en todas las enseñanzas budistas, en todos los discursos y enseñanzas budistas. Este es un arte. Si eres un practicante, debes saber cómo respirar para producir una sensación de alegría, porque la necesitas, necesitas la sensación de alegría, necesitas la sensación de felicidad para nutrirte y curarte. Se puede practicar para hacer surgir una sensación de alegría, una sensación de felicidad. Cuando te alimentas bien, tienes fuerza suficiente para manejar la sensación dolorosa, el dolor, el profundo dolor de tu interior y del mundo. Así, el método de reconocimiento enseñado por Buda es muy metódico, muy científico, comienza con el cuerpo y luego con las sensaciones. Sabes que cuando el paciente está demasiado débil, no es posible operarlo, se debe retrasar la cirugía. Hemos de ayudar a que el paciente se fortifique para que tenga mayor capacidad de resistir antes de que pueda ser operado. Buda también es un buen médico. Sabe que necesitamos algún tónico, medicamentos, necesitamos algún alimento para ser suficientemente fuertes antes de que podamos ocuparnos del bloque de sufrimiento que hay dentro de nosotros y en el mundo. Muy realista, muy pragmática, la enseñanza de Buda. Por eso, cuando los filósofos venían e intentaban provocar a Buda para que hablara sobre el comienzo del mundo y cosas así, él siempre se negaba, era una pérdida de tiempo: «Solo quiero hablar sobre el sufrimiento y la transformación del sufrimiento».

Meditación guiada: mis padres en mí

Inspirando, sé que esta es mi inspiración.
Espirando, sé que esta es mi espiración.

Sé que soy la continuación de mis padres.
Al inspirar, veo a mi padre inspirar.
Al espirar, veo a mi padre espirar.

Mi madre está inspirando,
Mi madre está espirando.

La inspiración de mi padre se ha hecho profunda,
la espiración de mi padre se ha hecho lenta.

La inspiración de mi madre se ha hecho más profunda,
la espiración de mi madre se ha hecho más lenta.

Al inspirar, mi padre se siente maravillosamente en su cuerpo.
Al espirar, mi padre se siente ligero.

Al inspirar, mi madre se siente maravillosamente en su cuerpo.
Al espirar, mi madre se siente ligera.

Mi padre inspira, y siente su cuerpo relajado.
Mi padre espira, y sonríe.

Mi madre inspira, y siente su cuerpo relajado.
Mi madre espira, y sonríe.

Al inspirar, mi madre, mi padre y yo estamos realmente establecidos en el momento presente.
Al espirar, sentimos que este es un momento maravilloso.

Mi cuerpo de sangha inspira en mí,
mi cuerpo de sangha espira en mí.

Su inspiración se ha hecho más profunda,
su espiración se ha hecho más lenta.