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Lo que consumimos

 

 

Nuestra vida transcurre en medio de un consumo constante. Consumimos películas que evocan en nosotros emociones; viajes en avión que nos transportan a otros lugares; conversaciones que determinan nuestros pensamientos y aspiración vital; suculentos platos que nos llenan de colores, olores y sabores.

 

Consumimos, consciente o inconscientemente, multitud de alimentos en forma de estímulos, palabras, sensaciones... que se integran en nosotros/as y que, día a día, van conformando lo que somos. Nuestra forma de pensar, de hablar o de actuar en este preciso instante está condicionada por algo que hemos oído en la radio ayer o que hemos leído en un libro hace veinte años. También las experiencias y circunstancias de nuestros ancestros están presentes en cada uno de nuestros gestos.

 

“¿Qué estoy consumiendo?”, es una pregunta revolucionara. Dicho de otra forma: ¿cuál es el futuro posible para mis hijas y nietos con mis decisiones del presente? La clave es el consumo consciente.

 

Con nuestras elecciones podemos moldear y transformar la vida. A través de nuestro consumo podemos decidir qué proyectos, iniciativas o formas de vida apoyar; descubrimos si con nuestras acciones estamos protegiendo o destruyendo el planeta. Conscientes del interser en lo que consumimos descubrimos que podemos transformar el mundo.

 

Desde el Equipo Madre Tierra queremos invitar a toda la comunidad a compartir online una mañana de plena consciencia el día 18 de diciembre en la que poder observar juntos y juntas nuestro impacto sobre toda forma de vida. Las personas interesadas podéis inscribiros escribiendo a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Compartimos a continuación el horario detallado de la jornada:

09:15 Acogida

09:30 Meditación sentada

10:00 Tocar la Tierra

10:10 Charla del Dharma / Introducción del tema del día

10:30 Meditación caminando

11:00 Meditación de la fruta

11:30 Compartir del Dharma

12:45 Cantos y despedida

Con alegría y esperanza,

Recibid un hermoso loto de todo el Equipo Madre Tierra.

 

 

 

 

Día de plena consciencia con la Madre Tierra

 

Cada día la Madre Tierra nos regala todo lo que necesitamos para vivir, pero normalmente no somos conscientes. Nuestros pies caminan apoyándose en la Tierra mientras nuestra mente está en otro lugar. Os queremos invitar allá donde estéis a dedicar un día juntos a honrar el milagro de la vida, reconectándonos con nosotros y nosotras mismas, y  con todos los seres que formamos este hermoso planeta.


El pasado curso un grupo de practicantes nos unimos para profundizar en la relación que manteníamos con la Madre Tierra, reflexionando y tomando decisiones sobre temas como la energía, el transporte, la alimentación, el modo de vida, el cuidado de la vida… Fue un bonito viaje en el que nos apoyamos unas personas a otras en nuestro camino individual, inspirándonos en la energía colectiva de la Sangha.


Como colofón celebramos un día de plena conciencia online, ya que las personas que formábamos el grupo proveníamos de distintos lugares. Y salió estupendamente, todas las personas manifestamos nuestra satisfacción de habernos podido sumergir en las distintas actividades, cada cual desde su casa y manteniendo al tiempo el espíritu de grupo. También comentamos el gran aporte de energía que habíamos recibido, y esto nos motivó a querer extenderlo a más personas.


Desde el equipo Madre Tierra os invitamos a iniciar el nuevo curso uniéndonos el día 2 de octubre, entre las 10:00 y las 17:00 h para celebrar la vida en plena conciencia. Compartiremos meditación sentada, charla del Dharma, meditación de la fruta, meditación caminando, tocar la Tierra, relajación profunda y compartir del Dharma. También presentaremos la nueva edición del grupo de profundización “Hacia una visión profunda del Interser con la Madre Tierra”.

 

Si estáis interesadas o interesados en asistir a este dia de plena consciencia podéis escribirnos a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

¡¡Os esperamos!!

Con cariño,

Equipo Madre Tierra

Practicando bajo los pinos

 

Y el bosque irá con nosotros y nosotras, allí dónde vayamos. Llevando el amor de la madre tierra a otros corazones.

 

En Septiembre de 2019 mi amigo Rick de Holanda y yo nos reunimos en su preciosa casa de la Floresta, en medio del bosque de Collserola. Los dos acabábamos de volver de pasar el verano en Plum Village como voluntarios. Él, en Upper Hamlet con los niños y yo, en New Hamlet, ayudando con las familias y organización del retiro en general. Había sido muy bonito encontrarnos allí. Ya entonces recuerdo que, sentados en las escaleras de la gran campana, compartimos la visión de crear una sangha para gente joven (Wake Up) en Barcelona, dado que él venía a vivir a aquí.
Aquella tarde de septiembre con la que he empezado el relato, sentados en su jardín, la luz del atardecer se coloreaba por detrás de la montaña sagrada de Montserrat. Las vistas te dejaban sin aliento. Acompañando, la sinfonía de los mirlos, como si quisieran adornar la trascendencia del momento con sus cantos. Aquella tarde acordamos hacer una primera reunión con amigos y amigas que podrían estar interesadas en formar un grupo así. 
Unas semanas más tarde éramos 6 personas a la luz de las velas, en casa de Rick degustando el mejor pastel vegano de calabaza que he comido nunca. Recuerdo la emoción del momento, el cariño y la ternura de cada uno de los que estábamos allí. Cómo quien ve nacer un niño o un brote de primavera. 
Se decidió que, dado que somos gente joven y en ese momento con un presupuesto limitado, nos reuniríamos una vez al mes en el bosque de Baixador de Vallvidrera. De este modo, nos evitábamos el problema de tener que pagar el alquiler de una sala.
De las personas que nos reunimos aquel día no volvió a venir nadie. Horarios de trabajo, traslados a otra ciudad… Pero se unieron personas nuevas y pudimos formar un grupo que bautizamos como Sangha del Pino. 
A lo largo de ese año pasaron por el grupo muchas hermanas y hermanos de práctica. Algunas para quedarse, muchas otras para seguir su camino. Aprendí que todo es inpermanente, sobre todo a estas edades. Que la gente iría y vendría. Al principio me generaba frustración. No sabía a qué atenerme. Parecía que nada era estable. Entonces pensé en el bosque en el que nos reunimos. No importaba quienes fuéramos ese día, ni si tardábamos varias semanas en ir. Él siempre estaba ahí. Recibiéndonos con los brazos abiertos, sin pedir nada a cambio. Siempre dispuesto para hacernos de refugio, siempre presente. Entendí que si yo me mantenía firme y sólida en mi decisión de mantener ese espacio abierto, siempre habría personas que acudirían. 
Pasada la pandemia, volvimos a reunirnos en nuestro amado bosque y el grupo empezó a crecer. Con edredones, chocolate y termos calientes en invierno, defendiéndonos de los jabalíes en primavera y aprovechando el verano para hacer excursiones junto con la práctica. Practicar en un entorno vivo hace que cada sesión sea una aventura.
Tras tres años desde aquella tarde en casa de Rick, siento una profunda gratitud por el bosque que nos acoge. Soy consciente de que la belleza de reunirnos en un entorno natural, es que sentimos que ha crecido con nosotros. Que nos ha acompañado en nuestros cantos, nuestros paseos conscientes, nuestro dolor compartido, nuestra hermandad y nuestra alegría. Para mí, es un miembro más de la sangha, ahora ya imprescindible. 
Pienso que maravilloso es poderse reunir en un entorno tan especial y que invita a la paz y la concentración sin gasto alguno. Un entorno que nos acoge tal cual somos, sin juzgar. Que no interviene cuando hablamos, simplemente nos sostiene. Que es silencioso testigo de todo lo que ocurre. Siempre amándonos. 

 Y seguiremos aquí. Otro verano, otra primavera. Y aprenderemos a ir despacio como el caracol entre las hojas que crujen. A ser frescos y frescas como la lluvia recién caída o las flores recién salidas. Nos contagiarán de alegría los pájaros, celebrando la vida desde las ramas. Recordaremos que en este momento no hay que hacer nada más que disfrutar del paso de las nubes y nuestra respiración.

Y el bosque irá con nosotros y nosotras, allí dónde vayamos. Llevando el amor de la madre tierra a otros corazones.

Eva Dallarés, Generosa Ecuanimidad del corazón
Sangha del Pino, Barcelona (Wake Up)

Alabar las bondades de la Tierra

Convivo con una niña de cuatro años llamada Iris. A diario, mientras vamos al colegio, hablamos sobre las bellezas de este planeta. Al comenzar el curso me lo tomaba como una tarea educativa, pero, con el tiempo, se ha vuelto algo natural en la forma de comunicarme con ella: alabar las bondades de esta hermosa bodhisatva, la Madre Tierra.

En nuestro trayecto diario atravesamos con el coche algunos bosques. Al verlos, me brotan del corazón expresiones como “¡Mira qué bosque tan hermoso Iris! ¡Mira cuántos árboles!”, a lo que ella responde “¡Ah! ¡Sí!”. Lo curioso de estas conversaciones es que se repiten a diario desde hace varios meses, y ninguna de las dos parece haberse cansado. A veces, cuando soy yo la que comienza las alabanzas, ella encuentra al poco tiempo una nueva alabanza para compartir, como “¡Mira mamá! ¡Cuántos colores en el cielo!” y me emociono con ella, pues cada día me parece que recorremos un nuevo cielo y una nueva tierra.

Podemos nombrar una y otra vez todos los colores que hay en el cielo y aun así sigue siendo emocionante.

En donde vivimos algunos días son tan grises que el sol permanece escondido todo el trayecto, ¡incluso a veces todo el día!, entonces hablamos de la belleza de la niebla en el mar, de las nubes que cubren el cielo de gris, lila, azul, negro, blanco... Y, al día siguiente, cuando después de varias curvas vemos de repente despuntar el sol radiante sobre la montaña, una de las dos dice algo como “¡Mira el sol qué brillante! ¡Qué día tan maravilloso!”. Sonreímos, y a mí se me instala un sol en el corazón que verdaderamente logra alumbrar cada cavidad, cada rincón de oscuridad, sintiéndome como un pequeño tulipán, como una pequeña flor que no tiene más propósito que vivir, que estar ahí, realmente ahí.

Aprender a alabar las bondades de la Tierra ha hecho que conducir deje de ser un medio para ir de un sitio a otro y se convierta en algo lleno de significado por sí mismo. Cuando regreso de nuevo a casa, sola y en silencio, permanezco observando esos mismos paisajes con una visión renovada, desde el Vacío, más allá del signo. Entonces ya no veo árboles, ni nubes, ni sol... solo Interser, Interser, Interser... remanifestándose.


Alba Iglesias