MENU

Empezar de nuevo

Las enseñanzas del maestro Thich Naht Hanh nos ofrecen una guía para restablecer la comunicación entre nosotras/os.

La comunicación es muy importante en nuestras vidas y es necesario restablecer esa comunicación  cuando existen dificultades. Somos diferentes y eso crea diferencias de opinión, de percepción, de sentimientos, etc. Esta práctica nos ayuda a comprender la esencia de la comunicación a través de un habla amorosa y una escucha compasiva, y nos ofrece una herramienta para comunicarse desde el corazón, para expresar y potenciar lo positivo de la otra persona y para tener la oportunidad de explorar áreas sensibles o aspectos que nos hacen sufrir y que hacen que la relación se resienta.  

El que habla lo hace con la intención de hacerse comprender. Si habla de algún sufrimiento por algo que el otro ha hecho o dicho, lo expresa sin culpabilizar al otro, expresando cómo te has sentido, con ánimo de que el otro se exprese; si fue consciente o no, el por qué de su comportamiento, etc., y así,  juntos poner luz al hecho y salir reforzados y con un compromiso de vigilar ese tema.

El que escucha sigue atento su respiración, baja la atención al abdomen. Lo hace atentamente con intención de comprender en profundidad lo que el otro/a quiere decir, sin interrumpir ni corregir al otro/a, aunque pensemos que el otro/a esta equivocado. Dejamos terminar de hablar al otro/a, que complete la idea que quiere transmitir. Después, tendremos la oportunidad de matizar o aclarar la situación. Como en un jardín, “regamos las semillas” positivas, la alegría, la confianza, la fortaleza, etc. Y no regamos las negativas, como la rabia, los celos, la duda, etc.  
Cuando comprendemos la esencia de esta práctica, podemos regar las flores de los demás en cualquier momento del día y expresar sentir haber dicho o haber hecho algo en un determinado momento.

Esto ayuda a no acumular muchos desencuentros en nuestras relaciones personales. Es conveniente tener un acuerdo de confianza mutua, y ser conscientes de que lo que afecta a uno/a le afecta al otro/a, y de que nuestra felicidad y sufrimiento están unidos.

COMENTARIOS A LA PRÁCTICA EN PAREJA
La pareja es un proyecto de caminar juntos por la vida que se va construyendo y que necesita de toda nuestra atención y cuidado para que sea creativo, nutritivo y beneficioso para ambos. Es un compromiso que, si no se cuida, es muy probable que se deteriore progresivamente, convirtiéndose en una carga dolorosa, y acabe rompiéndose. Compartimos juntos mucho tiempo y hay muchas ocasiones de contacto, de decisiones comunes, nos vemos mutuamente y no es posible esconderse del otro. Por ello se necesitan espacios donde hablar de nosotros sin prisa, para alimentar y revisar la salud de nuestro proyecto.

Esta práctica la hacemos una vez al mes (la luna llena es nuestra referencia, para que no pase mucho más tiempo, pero podemos crear otros ritmos). Nos sentamos uno frente al otro en un entorno relajado. Podemos poner unas flores, encender un incienso, todo lo que nos dé serenidad y cree espacio de armonía. Podemos hacer una pequeña meditación, leer nuestros compromisos, tomar un té, etc. Después comenzamos a compartir.

La práctica de “Empezar de nuevo” nos ayuda a desarrollar un habla amable y una escucha compasiva. Ayuda a reconocer y apreciar los elementos positivos de nuestra pareja, nuestras fortalezas y ver también  nuestras debilidades. Nos permite aprender mutuamente, nos da luz sobre lo que podemos vigilar y alimentar para beneficio mutuo y aumentar el bienestar que genera nuestra pareja tanto para nosotros como para las generaciones futuras y para el resto del planeta.

DESARROLLO DE LA SESIÓN
Estas son sus partes, estructuradas de forma tal que siempre empecemos con lo positivo de la otra persona. Luego podemos confesar que tal vez hicimos sufrir al otro/a con algo que dijimos o hicimos. Las dos primeras partes pueden ir juntas en la misma intervención. Después entramos en los temas más delicados, para verlos entre los dos y restaurar la armonía. Podemos acabar con un abrazo amoroso.

1.    Regar las flores. Es una oportunidad para compartir nuestro aprecio hacia la otra persona. Podemos mencionar algo que la otra persona haya dicho o hecho que nos ha gustado y nos ha dado alegría o aliviado, o algún gesto de nuestra pareja que admiramos. Con esto hacemos saber al otro lo que apreciamos en él/ella,  sus  fortalezas personales y la repercusión de bienestar que eso tiene para la pareja.

2.    Expresar nuestro arrepentimiento. Podemos expresar nuestra torpeza al hablar o en algo que hicimos o hacemos a menudo, que intuimos que pudo o puede hacer sufrir al otro. Con esto nos anticipamos a reconocer alguna acción o algunas palabras, que fueron poco amorosas, rudas o inconscientes. Esto puede ayudar en al tercera parte de la práctica y también ayuda a que los dos sean conscientes de eso que pasó... o de que está sucediendo. A veces hábitos nuestros afectan a la otra persona y hay que observarlos entre los dos, con paciencia, amor y con ganas de mejorar individualmente para alimentar positivamente la pareja.

3.    Expresar nuestro dolor. Cómo nos hemos sentido heridos por lo que el otro hizo o dijo, o por un comportamiento o hábito de la otra persona. Lo hacemos sin culpabilizar y sin acusar, simplemente expresando nuestro sufrimiento y nuestras ganas de aclarar o de hacer que la otra persona sea consciente de que eso nos afecta y de que le pedimos ayuda para comprenderlo en profundidad.

4.    Compartir una dificultad muy arraigada y pedir ayuda. A veces afloran dificultades y sufrimientos de nuestro pasado que nos afectan en el presente. Compartimos un problema que nos hace sufrir todavía o simplemente queremos que el otro lo conozca para que nos comprenda mejor. A veces puede ser algo que nos avergüenza de nuestro pasado, algo que hicimos, algo de lo que fuimos víctimas. Esto ayuda muchísimo a aliviar la carga de ciertos sufrimientos.

Durante el encuentro, es muy importante mantener la armonía. Así que si se observa que está subiendo mucho el tono o hay mucho desacuerdo, es mejor dejar la sesión para otro momento, dejar reposar el asunto y reflexionar individualmente sobre ello, para volver a tratarlo en otro empezar de nuevo. A veces, se necesita ayuda de una tercera persona con experiencia en esta práctica para poder avanzar y restablecer la comunicación.