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Dando voz al colectivo LGTBI+ en nuestra Sangha - Enrique Puyalón (True Silent Joy)

…Consciente de la diversidad de la experiencia humana, me comprometo a no discriminar ninguna orientación sexual o identidad de género. Practicando el verdadero amor sabemos que continuaremos de una forma hermosa en el futuro...

Gracias a las enseñanzas de Thay he podido identificar y conocer la causa principal de mi sufrimiento y lo más importante, transformar ese sufrimiento en amor hacia mí mismo y hacia las personas que me han hecho daño. Pero también esas personas han sufrido por sus ideas, por sus conceptos, por sus actos, no solamente yo sufría, toda la sociedad, todos los seres vivos estaban dentro de ese dolor. Desde mi infancia me construí a mi alrededor un mundo sólido en el que poder estar feliz, una felicidad hecha a mi medida.

 

¿Qué es amor verdadero? Thay nos describe que el verdadero amor es “la intención y capacidad de ofrecer alegría y felicidad. Para desarrollar esta capacidad, debemos hacer la práctica de observar y escuchar profundamente, para saber qué debemos hacer y qué no debemos hacer para que los demás seres vivos sean felices”. Para esto tenemos que tener comprensión. Durante muchos años la semilla de la comprensión la tuve enterrada en mi mente; solo estaba mi identificación con el dolor que sentía por parte del mundo, de la discriminación, del rechazo, de la burla, incluso de la ira. Fueron unos años difíciles. Me hice una persona dura porque no sabía gestionar la situación ahí fuera.

 

Cuando conocí las enseñanzas de Thich Nhat Hanh para mí fue ver una luz que me iluminó el camino de la transformación. Reconozco que no fue nada fácil y al principio estuve tentado muchas veces en dejarlo; siempre que mi egocentrismo, que mi identidad, ese yo que me había formado se veía de nuevo amenazado quería dejarlo, quería huir de mí mismo. 

Identifiqué mi sufrimiento, sus causas y condiciones y vi que venía de fuera, de esa sociedad que me rechazaba simplemente por ser diferente, por sentir diferente y amar de una manera diferente. Pero a la vez, comprendí que yo también había integrado e interiorizado ese rechazo en mi mente, y descubrí que no sabía quererme. Cuando Thay hablaba de cuidar a ese niño o niña interior, que cada persona llevamos dentro yo no sabía cómo hacerlo, como abrazarlo, era un sentimiento que no lo había experimentado nunca, incluso se despertaba en mí un cierto rechazo que no comprendía.

El Sutra de los cuatro establecimientos de la plena consciencia y el Sutra de los cuatro alimentos han sido y son para mí esa barca que me ayuda a cruzar a la otra orilla. Practicar la plena consciencia de mis percepciones, de mis sensaciones, de mis conceptos, me ha ayudado a transformar y amar mi barro y también he comprobado que las personas a mi alrededor han cambiado. Seguramente es mi forma de ver el mundo, pero me gusta pensar, como dice Thay que si una persona transforma y sana el mundo transforma y sana.

Enfrentarme al dolor desde la plena consciencia me ha acercado a las personas que rechazan al diferente, a los que sentimos de otra manera. Siento que también tienen sufrimiento y su manera de defenderse de ese miedo es con el rechazo, y no saben que con esa actitud también se están rechazando a sí mismos. Practico la comprensión aunque en ciertos momentos me cuesta pero veo que en su sufrimiento también está mi sufrimiento. Ya no siento la separación de “yo y la sociedad, la sociedad y yo”. Reconozco que cuando responden con la energía de la ira, sea verbal o de otra forma mi compasión se encoge, porque el miedo se apodera de mí y me aleja de estas personas. Sé que el sufrimiento no está en la diversidad de opiniones sino en nuestra percepción de cómo vivimos la diversidad, de la energía que ponemos a esos conceptos, de como alimento mi conciencia. Por este motivo el Sutra de los cuatro alimentos me ayuda a consumir de manera consciente porque somos lo que comemos. Gracias a las enseñanzas de Thay he aprendido a alimentar las semillas de comprensión, amor, alegría y ecuanimidad.

Gratitud a Thay, gratitud a la vida, gratitud al mundo.

Enrique Puyalón (True Silent Joy)

Actualización del tercer entrenamiento de la plena consciencia: Amor verdadero

"Consciente del sufrimiento causado por una conducta sexual inapropiada, me comprometo a cultivar la responsabilidad y aprender medios de proteger la seguridad e integridad de individuos, parejas, familias y la sociedad.
Reconociendo que el deseo sexual no es amor y que la actividad sexual motivada por el deseo me daña tanto a mí como a las demás personas, me comprometo a no tener relaciones sexuales sin consentimiento mutuo, sin amor verdadero y sin un profundo compromiso a largo plazo. 
Me comprometo a buscar entre mis amistades, miembros de mi familia y de la sangha en quienes confío y me apoyo, un sostén espiritual que favorezca la solidez de mi relación. Haré todo lo que esté en mi mano para proteger a los niños y las niñas del abuso sexual y para prevenir que las parejas y familias se rompan a causa de una conducta sexual inapropiada. 
Consciente de que el cuerpo y la mente están interrelacionados, me comprometo a aprender formas apropiadas de cuidar de mi energía sexual y a cultivar la bondad amorosa, la compasión, la alegría y la inclusividad, que son los cuatro elementos básicos del verdadero amor, para mi mayor felicidad y la mayor felicidad de las demás personas. Consciente de la diversidad de la experiencia humana, me comprometo a no discriminar ninguna orientación sexual o identidad de género.
Practicando el verdadero amor sabemos que continuaremos de una forma hermosa en el futuro."  

 

Como parte de su empeño en actualizar el budismo, Thay buscó continuamente nuevas formas de dar espacio a todos en la sangha. Siguiendo este espíritu, nuestra comunidad ha revisado el tercero de los cinco entrenamientos de la plena consciencia sobre el "amor verdadero" para que su lenguaje sea más inclusivo, independientemente de la orientación sexual o la identidad de género de cada cual.

 

En una charla del Dharma en el Monasterio del Parque de los Ciervos, la hermana Than Nghiem (Hermana Espíritu Verdadero) nos habla de los cambios realizados recientemente:

"En noviembre de 2021 un grupo internacional de practicantes laicos de Plum Village, incluidos miembros de la OI y maestros y maestras del Dharma, enviaron una petición al consejo de maestros del Dharma de los monásticos en la que proponían que revisáramos el tercer entrenamiento de la plena consciencia para que el lenguaje utilizado en el tercer entrenamiento con respecto al amor verdadero fuera más inclusivo. Desde entonces, un comité ha trabajado en la revisión de este entrenamiento. Han trabajado muy arduamente, han mantenido largos debates y han debido superar numerosos retos para llegar a un acuerdo, a la versión actualizada del entrenamiento. Se trata de reformular la parte que habla de pedir el apoyo de los amigos, de aquellos en los que confiamos, para que nos apoyen en una relación a largo plazo. Y también para añadir un apartado sobre la práctica de la no discriminación basada en la identidad de género o la orientación sexual. Fue nuestro maestro Thay quien nos abrió el camino. Él nos dijo que cuando el budismo llega a un país, adquiere otra forma, y será diferente al budismo de otros países. El budismo, para ser budismo verdadero, debe adecuarse a la psicología y a la cultura de la sociedad a la que sirve.

Nuestro maestro Thay nos animó a hacerlo. Mostró el camino y nos invitó a seguir su ejemplo en nuestro estudio, en nuestra práctica, para ayudar a enriquecer esta herencia, las verdaderas enseñanzas de Buda.

Si observamos detenidamente cada entrenamiento, veremos el principio de la triple A. Tomo como ejemplo el entrenamiento revisado. Voy a leerlo: “Consciente (aware) del sufrimiento causado por una conducta sexual inapropiada...” ¿Lo ven? La A representa la conciencia (awareness) del sufrimiento. "(…) me comprometo a cultivar la responsabilidad y aprender medios de proteger la seguridad e integridad de individuos, parejas, familias y la sociedad”. Así que me comprometo. "Reconociendo que el deseo sexual no es amor...". Reconocer es como tomar conciencia, ¿no? "y que la actividad sexual motivada por el deseo me daña tanto a mí como a las demás personas, me comprometo a no tener relaciones sexuales sin consentimiento mutuo, sin amor verdadero y sin un profundo compromiso a largo plazo". Me comprometo.

Así que estoy comprometida, estoy decidida. Si buscamos otra letra A que acompañe a "comprometido" y "decidido", ¿qué diríamos? Un sinónimo de determinación, de compromiso. Utilizaremos este acrónimo AAA para ayudarnos a recordar. La primera letra A es para la conciencia del sufrimiento (awareness). La segunda letra A es la Aspiración. ¿Cómo es esa aspiración? La aspiración es el compromiso: "Haré todo lo que esté en mi mano para proteger a los niños y las niñas del abuso sexual y para prevenir que las parejas y familias se rompan a causa de una conducta sexual inapropiada ". Haré todo lo que esté en mi mano. "Consciente de la diversidad de la experiencia humana, me comprometo a no discriminar ninguna orientación sexual o identidad de género. Practicando el verdadero amor sabemos que continuaremos de una forma hermosa en el futuro". Practicar. ¿Pueden ayudarme a encontrar una palabra? Acción. Cuando estudiemos y observemos un entrenamiento de la plena consciencia, veremos que en cada entrenamiento aparece este principio de la triple A. La consciencia (Awareness) del sufrimiento da lugar a la Aspiración, a la determinación, al compromiso y a la Acción. Y a veces, la acción que emprendemos la efectuamos al no hacer nada, al dejar de actuar. "(…) me comprometo a no tener relaciones sexuales sin consentimiento mutuo ". Vemos que en el pasado, cuando no teníamos la práctica todavía, realizábamos prácticas poco saludables. Ahora que tenemos un camino, conocemos la vía y nutrimos una aspiración, estamos decididos a no hacerlo más. Detenernos. Pasamos a la acción mediante la no acción. Dejar de hacer aquello que causa daño.

A veces también actuamos de forma proactiva, especialmente si se trata de una acción dirigida a proteger, prevenir, reducir o enriquecer.

Durante toda su vida, Thay ha contribuido incansablemente a ayudar a renovar el budismo para que las prácticas sean más adecuadas a nuestro tiempo. Ahora es nuestra responsabilidad y muestra de nuestro amor a Thay, a Buda y a los patriarcas y matriarcas continuar con esa labor. Podemos observar qué acciones emprender. Y esas acciones deben nacer del fundamento de una profunda comprensión de cada situación.

Estos actos me llenan de esperanza y fe en mis hermanos y hermanas mayores, que se atreven a superar esos retos, que no tienen miedo de enfrentarse a los desafíos, a las resistencias, y que nos abren el camino con valentía y a conciencia. Porque sabemos que si lo conseguimos, aportaremos mucha felicidad a mucha más gente".

 

 

Charla del Dharma del hno. Phap Hai para la comunidad arcoíris

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Querida amada comunidad, me hace muy feliz poder estar con ustedes hoy. Estoy deseando poder reunirnos de nuevo en un mismo lugar, espero que ese día llegue pronto, quizá ya no tarde mucho. En Plum Village muchas veces oímos: Sé bello, sé tú mismo. Hay muchas caligrafías con esta frase, y mucha gente la lleva en camisetas. Ser bello, ser tú mismo significa ser totalmente auténtico, poner todo lo que eres. Esa esa para mí la esencia de la práctica. Pero a veces me parece un reto para la comunidad arcoíris, dado que ser bello, ser tú, para muchos miembros de la comunidad hasta ahora, no ha tenido resultado positivo a menudo. Si ahora no te sientes LGTBQIA, imagina que vives en un mundo en que, según el país donde vivas, entre el 9% y el 86% de la gente piensa que tienes derecho a existir. Eso significa que, incluso en las mejores condiciones, en los países más progresistas, alguien que se identifique como LGTBQIA puede compartir un espacio con 10 personas y 1 de esas 10 piensa que esa persona no tiene derecho a existir. Imagina el impacto que saber eso puede tener sobre esa persona. Imagina el impacto que tendría en ti. Imagina el efecto que tiene sobre los miembros de la comunidad que viven en lugares y países donde de esas 10 personas de esa habitación solo 1 cree que tienes derecho a existir.

No llevar esa carga en tu cuerpo y conciencia es un privilegio. Ser bello, ser tú mismo, suena bien. Pero la comunidad arcoíris, queer, sabe muy bien que ser bello, ser tú mismo en toda circunstancia puede tener consecuencias reales y a veces peligrosas. Actualmente ser bello, ser tú mismo es un privilegio que no se concede fácilmente a quienes se identifican como LGTBQIA. Ese es un privilegio ganado a pulso. El trabajo interior y exterior es continuo. En esencia, los miembros de la comunidad arcoíris, queer, reclaman el derecho a definirse a sí mismos una y otra vez, a seguir explorando el significado de esas etiquetas. Para mí, esa es la esencia misma, un aspecto esencial de la invitación de Buda, de su camino. La invitación a descubrir lo que es real, a descubrir nuestro yo verdadero, tal como somos, en todo momento. A descubrir cuál es nuestro verdadero yo, bajo las palabras e ideas, bajo las etiquetas y nociones. Ese lugar secreto y vulnerable. Esa es la esencia de la práctica de la meditación. Desarrollar la capacidad de ser realmente nosotros mismos en todo momento. No sé tú, pero hay veces que mi corazón se cansa, hay veces que pienso que sería más fácil rendirse. En esos momentos difíciles, pensar en la comunidad arco iris, pensar en cada uno de ustedes, dispuestos a seguir cuestionando, a luchar por su verdad, es lo que me empuja y me hace seguir adelante, que me hace asumir mi responsabilidad y me da valor para hacer mi trabajo. ¿Ves el regalo que eres? ¿Ves tu bravura?

Hablando de bravura, hay una gran historia de bravura en el canon pali. La historia de una monja, Soma, a quien se le acerca la personificación del engaño, Mara. Mara, el engaño, intenta definirla y encasillarla. Le dice: «Tú eres esto y lo otro. Eres esto, eres aquello». Soma responde: «Quien esté atrapado en la idea de que es una mujer o un hombre, o de que es cualquier cosa, es a esa persona a quien tú, espejismo, debes dirigirte». El engaño, Mara, triste y abatido al ver que la monja Soma lo había reconocido, desapareció al instante. Los demás nos dicen sin cesar que somos esto y lo otro. Y a veces no son cosas bonitas. A veces quisimos gritar desde lo más hondo del silencio que tuvimos que guardar. Muchos han interiorizado ese mensaje, han interiorizado esa vergüenza. Los miembros de la comunidad han sido y siguen siendo víctimas de la violencia. Pero creo que la violencia más sutil y más difícil de transformar es la que nos hacemos a nosotros mismos al interiorizar esos mensajes externos.

Hay una tendencia a huir del dolor y a ir hacia la felicidad. Según la visión budista, el dolor no tiene nada de malo. Forma parte de las cosas. Nuestro dolor, nuestro sufrimiento, si sabemos manejarlo bien, puede ser un noble mensajero que nos está invitando. Nuestro sufrimiento, nuestro dolor, si lo contemplamos bastante, se convierte en esa sabiduría que podemos aportar al mundo. Un maestro adopta muchas formas, no solo la humana. Un maestro es aquello que nos abre el corazón un poco más. Si encuentras a un maestro que responde a todas tus nociones preconcebidas, no es un verdadero maestro en absoluto, porque no habrás aprendido nada. No habremos ampliado nuestros límites ni nuestra visión. Simplemente habremos confirmado todas nuestras nociones. El maestro que a menudo hemos esperado está ahí, dentro de nosotros. Se dice que Buda, después de experimentar el despertar, dijo algo curioso. Sus primeras palabras, según se dice, fueron: «Qué extraño, todo ser vivo tiene esta capacidad de despertar». Me pregunto cuántos hemos reflexionado sobre estas palabras de Buda: «Qué extraño, todo el mundo tiene una naturaleza de buda», y hemos comprendido que Buda estaba hablando de ti. Buda no estaba hablando de otros, que quizá un día seremos bastante buenos como para tener una naturaleza búdica, Buda estaba hablando de ti. ¿Qué hace falta para que lo reconozcas ante ti mismo? Elegir amarnos a nosotros mismos tal y como somos es un acto radical. Hemos crecido con la idea de que somos pecadores, malos, equivocados, etc. Y aquí es donde la enseñanza de Buda, para mí, es muy radical, porque Buda siempre nos recuerda que la práctica consiste en descubrir lo que ha estado ahí, todo el tiempo, en lo más profundo de nuestro ser. Y lo que hay en lo más hondo de ti es hermoso.

Cuando pensaba en qué quería decir hoy, no dejaba de pensar en las dos cus (QQ) del acrónimo LGTBQQIA. En el budismo hay la metáfora de un arroyo embravecido, más bien un torrente. Al pensar en ese torrente, recuerdo que hace años, cuando los hermanos hicieron su primera excursión en canoa, íbamos en canoa por el río y el hermano que iba conmigo me dijo: «Hermano Phap Hai, acuéstate y descansa. Yo remaré un rato». Me tumbé y me eché una siesta. De repente, al de un rato, nuestra canoa quedó atrapada en unos rápidos. Salí despedido de la barca. Perdí la noción de la dirección de la corriente. Empecé a agitarme sin rumbo, desorientado. Tras luchar un rato, entendí que debía hacer lo que menos quería hacer: dejar de luchar contra mí mismo, intentar relajarme en pleno remolino y dejar que la corriente siguiera su curso. Así sabría lo que tenía que hacer. Y eso es lo que hice. Dejé que mi cuerpo se relajara y en pocos segundos salí a la superficie. Dejar que nuestro cuerpo se relaje en pleno remolino exterior o interior, es lo último que nos apetece hacer. Pero esto no es lo mismo que rendirse. Es una opción para comprender, ganar claridad y poder tomar un respiro. Para muchos la mera posibilidad de poder tomar un respiro, de descansar un momento, puede parecer un lujo increíble, cuando la vorágine, el torrente de la homofobia, del odio a uno mismo, de la vergüenza, de las continuas microagresiones está presente en todas partes. O cuando oímos esa palabra dirigida con demasiada frecuencia a la comunidad arcoíris: aceptación. Yo te acepto. ¿Cuándo llegará el momento en que no se dé esa aceptación reticente de la comunidad, sino que se celebre? ¿Cuándo, como yo en la historia que acabo de compartir, podrá la comunidad queer romper la superficie de las aguas embravecidas y tomar un respiro?

Como muchos están cansados y han interiorizado este dolor, muchos en la comunidad, especialmente los jóvenes, piensan que el mundo sería un lugar mejor si ellos no estuvieran en él. En lugar de ser una rendición o una aceptación pasiva, dejar que el cuerpo se hunda en medio del furioso torrente interior y exterior es renunciar a luchar contra nosotros mismos, o a interiorizar los mensajes que recibimos de los demás, y reconocer nuestra capacidad de dar una patada y nadar hacia adelante en la dirección a la que nos lleva la visión profunda que todos tenemos. Este es un acto radical. Es un acto radical de autoamor, de autocuidado, de decirse a uno mismo: «Te quiero. Estoy aquí para ti. Puedo hacerlo. Puedo dar otro paso». En el budismo hablamos de un torrente furioso interior y circundante que fluye en una dirección. Y nuestra labor como practicantes es nadar contra esa corriente. Esto refleja la experiencia y el camino de la comunidad queer, arcoíris. Se invita a la comunidad a nadar contra la corriente. De hecho, es una posición de poder. Es el regalo y la curación que aportamos al mundo, aunque, cien veces al día, los miembros de esta comunidad deseen cualquier otro camino, otro regalo. Casi siempre, emprender esta tarea es duro, doloroso, cruel y desgarrador. Los corazones y espíritus rotos pueden derrumbarse, como les ha pasado a muchos en la comunidad arcoíris, o pueden rompernos a nosotros. A veces nos preguntamos, ¿por qué tenemos que hacer nosotros la mayor parte del trabajo de sanación? ¿Por qué no son los demás, los que se consideran la mayoría, los que hagan su parte del trabajo? Sanar es difícil. Podemos hacerlo como si fuera una guerra a golpes, pero solo conseguiremos cansarnos y no llegaremos muy lejos. O podemos ablandar el cuerpo y el corazón y seguir avanzando incansables.

Si tuviera que elegir una palabra para describir a la comunidad arcoíris, a la comunidad queer, sería incansable. La definición de incansable es seguir de forma decidida sin interrupción. Y ese es realmente el corazón de la práctica, ¿verdad? Ese es el corazón, la esencia misma de la comunidad LGBTQIA. Identificarse como queer significa no conformarse con lo que otros te dicen o, para el caso, con lo que te dices a ti mismo. No conformarse con una definición, sino explorar continuamente nuevos aspectos de uno mismo y de la vida. Y esa es la definición misma de coraje, la definición misma de incansable. Cada uno de ustedes es la definición misma de coraje. Cuando se te somete a una aceptación de mala gana siempre que te quedes callado. Cuando te deniegan un servicio. Cuando confunden tu sexo. Cuando te dicen que no eres normal, o que vas a ir al infierno. Cuando tu familia te repudia. Cuando pierdes el trabajo, o cuando eliges permanecer en silencio porque es más fácil no hacerse notar. Interiorizas ese odio odiándote a ti, sintiendo vergüenza de ti y odiando y avergonzando a ese yo visto por el otro. Y eso no está bien. La maravillosa Audre Lord dijo: «Mis silencios no me han protegido. Tu silencio no te protegerá». Como individuos y como comunidad, se silencia a la comunidad arcoíris de muchas maneras. Y sin embargo, ese silencio es recompensado por una especie de aceptación a mala gana. Pero este silencio para mí es una de las cosas más violentas, y es una de las razones por las que la comunidad no puede respirar a menudo. Hay muchos silencios que romper en nuestras palabras, en nuestros actos y, sobre todo, en nuestros pensamientos. Muchos elegimos siempre permanecer en silencio y no participar en actos de autorrevelación, porque sabes muy bien qué pasa y ha pasado una y otra vez cuando hablas, cuando revelas quién eres realmente, ya sea a través de las palabras, la forma de caminar, la música que te gusta. Un sinfín de cosas. Y así, con el tiempo, acabas sintiéndote como yo, cuando estaba atrapado bajo el agua con una necesidad desesperada de aire. Una sola bocanada de aire.

Déjenme decir algo. Ante todo, la persona con la que cada uno necesita comunicarse es con nosotros mismos. El silenciamiento más profundo que podemos experimentar es esa alienación interiorizada de nosotros mismos. Esa lucha por no solo abrazar, sino celebrar la totalidad de nuestro ser, tal y como somos, a pesar de todo. He recordado una reciente conversación con una de mis maestras. Me dijo que no buscamos ningún trato especial, nada extraordinario. Solo queremos seguir con nuestra vida cotidiana sin tener que mirar por encima del hombro, física o metafóricamente. Esto es ser incansable. No me rendiré, no me traicionaré con pequeñas comodidades confundiéndolas con una seguridad verdadera.

He hablado de ser queer. Y ser queer es una de las Q del acrónimo LGTBQQIA+. La otra Q es cuestionar. Cuestionar. La voluntad de cuestionar todas nuestras suposiciones y creencias y las formas en que hacemos las cosas y las cosas que apreciamos es fundamental para la vida espiritual, y es fundamental, creo, en el ser queer. Estar en un punto de no dar nada por sentado, de estar dispuestos a embarcarnos y permanecer durante toda la vida en un viaje de descubrimiento de lo que es este mundo, de lo que somos y de cuál es nuestra situación real. Significa no huir una y otra vez. Sin embargo, para la mayoría en la comunidad arcoíris, este camino de descubrimiento comenzó con el descubrimiento repentino o gradual de lo que me gusta llamar una verdad incómoda, una verdad incómoda sobre ti mismo, sobre lo que realmente sientes. Incómoda porque quizá vaya contracorriente. Pero la voluntad de aceptar lo que está ahí, sea lo que sea, es el fundamento de la práctica de la meditación y la base de cualquier vida espiritual plena. Una vida espiritual real es una práctica continua de exploración de quiénes somos realmente, y de ser realmente auténticos ante ese descubrimiento. Y no es fácil. La práctica de la meditación da muchos frutos, pero uno de los más importantes es que, a medida que maduramos esa capacidad de aceptar una respiración, un paso, una emoción, a otra persona, el mundo y esa experiencia siempre cambiante que llamamos nosotros mismos, aprendemos a no tener ya miedo

En el Sutra de las ocho realizaciones de los grandes seres hay esta frase: trabar amistad con todas las cosas. Nos hacemos amigos de todo, incluso de lo que podría avergonzarnos. Y esa es la práctica en este caso. Los textos hablan de dos formas de lidiar con el miedo y las situaciones difíciles. La primera es la práctica de cambiar la clavija, la espiga. Si algo es muy difícil de manejar, hacemos algo que nos resulte nutritivo y sanador. Pero para que esto tenga sentido, debe ser solo un primer paso. No puede ser el último lugar de destino. Si no, se convierte en una práctica de evasión, de baipás espiritual. Seamos sinceros. Mucha gente tiene el equivalente a un máster en evasión. De hecho, muchos llamarían espiritualidad, o trascendencia, o superación, a esta continua huida de lo que hay. Esta primera práctica de cambiar la clavija es una práctica para tener recursos para el segundo aspecto de la práctica. El segundo aspecto es volverse hacia ese demonio, eso que nos da miedo. El demonio exterior o el demonio interior. Y luego hacerse amigo suyo, comprender que es tu mejor maestro, que ha venido a ti bajo una forma inesperada. Y que si somos sólidos, si tenemos claridad, esta situación esconde una gran sabiduría. Debido a situaciones que ha vivido todo miembro de la comunidad arcoíris, que la comunidad sigue viviendo, es muy difícil mostrarse vulnerable ante uno mismo y ante los demás. Hemos creado por necesidad complejos mecanismos de defensa para sobrevivir. Como practicantes de meditación, la práctica consiste en estar presentes y sentir nuestro corazón, sentir lo que sentimos, estar presentes, encarnados y habitar nuestra experiencia. Una vez que podemos hacerlo para nosotros, podemos de hacerlo para los demás. Nuestro camino comienza con una verdad incómoda. Una verdad incómoda, sin duda, pero que si la manejamos bien, si la vemos como una invitación radical, es la sabiduría que aportamos al mundo, la sanación que aportamos al mundo. Y lo cierto es que si somos un practicante hábil, descubriremos siempre verdades incómodas sobre nosotros mismos o sobre el mundo que nos rodea. Y eso es para mí la práctica espiritual. O lo que es lo mismo, lo que es el hecho de ser queer. Estar dispuestos a aceptar lo que hay, sea lo que sea, para lo que es real y verdadero, y luego no conformarse, no pensar que hemos llegado a la dimensión última, sino seguir adelante.

Aquí, en Australia, donde estoy ahora, en esta antigua tierra, en este lugar donde han vivido aborígenes desde hace, quizá, 60 y 80.000 años, hay un gran énfasis en los ancestros, en las raíces, los ancestros de la tierra. Aquí hay la sensación de que la tierra no nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a la tierra, a nuestros ancestros espirituales y también a nuestros ancestros de sangre. Hace años, en un retiro para gente de color y la comunidad LGTBQQIA en California, un joven amigo queer hizo una pregunta que muchos nos hacemos: «¿Cómo puedo honrar a mis ancestros en mí cuando mis ancestros me habrían odiado y probablemente me querrían muerto?». Hubo unos momentos de silencio conmovedor, y en medio de ese silencio se oyó una voz: «Entonces toma los míos, toma mis ancestros». Ese es el poder de la comunidad. Es el poder de ser abrazados, de poder alejarnos un poco, poder conectar con los demás por nuestra común herida, nuestro sueño colectivo. Comprender que mi historia no es solo mía, sino que forma parte de lo colectivo, que es continuación de la historia de mis ancestros, de la historia de esta tierra, es importante y esencial. Así que el trabajo de reconciliación de todos los aparentes opuestos, poder honrar todas las partes de nosotros, ancestrales y de otro tipo, esa es nuestra labor. Nos hemos esforzado mucho y nos han condicionado muy bien para ver las diferencias como debilidad, pero yo ya no lo veo así. Ser capaces de distanciarnos y sacar poder de todas nuestras interrelaciones individuales y colectivas es nuestra mayor fuente de poder. Un proceso de arqueología espiritual. Así que «toma mis ancestros» es una práctica que cada uno necesita hacer en su vida diaria y en su vida espiritual. Y creo firmemente que debe ser práctica diaria para la comunidad queer, para la comunidad arcoíris, como individuos y como colectivo. ¿Quiénes son tus ancestros? ¿Cuáles son sus historias? ¿Cómo vives esas historias en tu cuerpo y en tu vida? ¿Cuáles eran sus fuentes de poder? ¿Cómo se manifiestan esas fuentes de poder en tu vida? ¿Quiénes son tus ancestros colectivos queer? Di sus nombres. ¿Cómo se conectan sus historias con la tuya? ¿Y cómo continúas tú su historia? ¿Puedes hacer que sean una fuente de poder y de fuerza para ti?

Como practicantes y como personas identificadas como queer, la comunidad arco iris es también gente que cuestiona. Esta es la otra Q del acrónimo. Queremos seguir explorando y no caer en una falsa sensación de complacencia. Esto es ser dueño de tu camino, que es un elemento de madurez espiritual. ¿Cuál es el límite de tu práctica? ¿Qué enseñanza necesitas escuchar que te ayudará a desbloquear tu situación? Seguro que, como ya dije, muchos están cansados. A veces solo necesitamos respirar, pero descansar, dejarse abrazar es muy diferente a ser complaciente. Una vez un joven amigo dejó de venir al monasterio por un tiempo, y cuando empezó a venir de nuevo le pregunté dónde había estado. Me dijo algo que me parece muy importante. Me dijo: «¿Sabes, hermano Phap Hai? Ví que cuando venía de retiro al monasterio me sentía feliz, disfrutaba cada minuto. Luego volvía a casa y esa energía desaparecía. Y tenía que empezar de nuevo. Comprendí que me comportaba como un adicto. Me estaba convirtiendo en un yonqui de la felicidad. Debía ser capaz de ser realista y no venir a un retiro con el espíritu de un yonqui, sino venir a los retiros de un modo muy conectado con mi vida cotidiana». Déjame preguntarte: ¿cuáles fueron las causas y condiciones que te trajeron a sentarte ahí hoy? ¿Por qué practicas? ¿Qué te trajo a la meditación? No hace cinco, diez o veinte años, sino ahora mismo. ¿Qué es lo que buscas en este momento? Al hacerte esa pregunta, ¿qué respuesta surge? ¿Paz, liberación, felicidad? Ahí es donde solemos parar. Pero me gustaría pedirte que profundices un poco más, y que, sea cual sea la palabra que surja, te preguntes qué significa, cuál es tu experiencia encarnada de esto. ¿Cómo experimentas la paz? ¿Cómo experimentas la felicidad? ¿Cómo experimentas la liberación aquí y ahora? Si eres puedes entrar en contacto con cómo experimentas estas cosas en tu cuerpo, entonces es posible tocar y manifestar estas cualidades aquí y ahora.

Tener una pregunta y, además, ser inquisitivo es esencial en el budismo. En una famosa enseñanza a los kalamas, Buda nos invitó a no aceptar nada porque alguien nos diga que es así, sino a cuestionarlo todo hasta encontrar la verdad desde el corazón de nuestra propia experiencia. Esta es, en mi opinión, la esencia de lo queer. Y sabemos muy bien que hay preguntas que no tienen respuestas fáciles, pero eso, más que un obstáculo o un problema, es una invitación. En el zen llamamos a este tipo de preguntas un koan, una pregunta sin respuesta lógica, pero que puede abrirnos el corazón y abrirnos la mente por completo. Muchos buscamos respuestas fáciles, frases bonitas. Pero para mí, la comunidad arcoíris, la comunidad queer se opone a eso. Estar dispuesto a no conformarse, a ir un poco más allá, estar dispuesto a no saber. Que no saber sea una fuente de fuerza y de invitación en lugar de un obstáculo. En el budismo, planteamos nuestras preguntas o nuestras exploraciones con mucho cuidado desde la perspectiva del cómo, en lugar del por qué. Cuando replanteamos una pregunta desde la visión de cómo ocurrió algo en lugar de quedarnos en el por qué, eso nos fortalece. Porque presupone que podemos entender cómo se ha producido algo, y luego, que podemos hacer algo al respecto.

Me gustaría terminar mi charla con una invitación radical de Buda. En una famosa enseñanza, El símil de la sierra, del Majjhima Nikāya, los dichos de longitud media, Buda nos invitó a ver a las personas difíciles, las situaciones complicadas de nuestra vida o de nuestro corazón, no como obstáculos, sino como la lente misma por la que generar amor y sanación. Así, en lugar de amar a todo el mundo y luego incluir por defecto a esa persona o situación que nos resulta difícil, cambiamos nuestro enfoque para irradiar amor a través de esa persona o situación que nos resulta difícil hacia todo el mundo. Esa persona o situación que nos resulta difícil, que nos causa malestar, de la que nos avergonzamos, a la que no queremos mirar, es la lente misma a través de la que se nos invita a cultivar algo real, algo verdadero. Amar es no ser pasivo. Es no quedarse callado. Amar a los demás, este mundo, a nosotros mismos tal y como somos es un acto valiente y radical. Amar es invitar. Y ser invitado no solo una vez, sino una y otra vez. Amar es permitirnos caminar hacia las llamas y no tener miedo.

Alabanzas a la Bodhisattva de la Compasión

De las profundidades de la comprensión

brota una flor de gran elocuencia:

la bodhisattva se yergue majestuosa

sobre las olas de nacimiento y muerte,

libre de toda aflicción.

Su gran compasión elimina todo mal,

incluso el considerado incurable.

Su luz maravillosa barre todo obstáculo y peligro.

Su rama de sauce, una vez ondeada,

revela infinitas Tierras de Buda.

Su flor de loto se transforma

en multitud de centros de práctica.

Nos inclinamos ante ella.

Vemos su verdadera presencia en el aquí y el ahora.

Le ofrecemos el incienso de nuestros corazones.

Que la Bodhisattva de la Escucha Profunda

nos abrace a todos con su gran compasión.

Honor a Avalokiteshvara.