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Nuestro Nombre en el Dharma y Nuestro Linaje

Cuando recibimos los Cinco Entrenamientos de la Plena Consciencia, también recibimos un nombre en el Dharma (nuestro nombre del Corazón o de la Fuente). Esto significa el lugar en el linaje de la tradición Budista Zen al cual pertenece nuestra práctica. Si recibes los Entrenamientos directamente de Thich Nhat Hanh recibirás un nombre del Corazón y pertenecerás a la 9ª generación de la Escuela Zen de Liu Quán, y a la 43ª generación de la Escuela Lin Chi  (Japonés: Rinzai). Si recibes los Entrenamientos de un dharmacharya (maestro del dharma) quien ha recibido su ordenación directamente de Tháy, entonces tendrás un de la Fuente y pertenecerás a la 10ª y 44ª generaciones respectivamente.

Las palabras Corazón y Fuente son traducciones de las novena y décima palabras de los versos originales del Maestro Zen Vietnamita Liêu Quán, fundador de nuestra escuela de práctica. Cada generación de la Orden toma, sucesivamente, una palabra de éste poema como la base para el nombre en el dharma que se nos dará en el momento de la transmisión de los Entrenamientos. A seguir ofrecemos una versión editada de un artículo que explica los orígenes de éste poema, e incluye el verso mismo. Este artículo fue publicado en el Mindfulness Bell (Vol. I, Ejemplar 2).

El Maestro Liêu Quán nació en el pueblo de Bac Mã en la provincia de Phú Yen, Vietnam, en 1670. A los diez años de edad fue aceptado como novicio en el templo de Hôi Tôn y, por nueve años, estudió con el Maestro Tê Viên. Cuando Tê Viên falleció, Liêu Quán viajó a la alejada provincia Thuân Hóa (actualmente Hué) para estudiar con el Maestro Giác Phong en el Templo Thien Tho. Fue ordenado como bikkhu en 1697 a la edad de veintisiete años.

En 1702 se encontró al Maestro Tü Dung y comenzó a estudiar con él en el Templo Ãn Tông en Thüa Thiên. Por cinco años, se le dio el siguiente Công An (Koan): “Todos los dharmas retornan al uno. Adónde el uno retornará?”
En 1708, retornó con su Maestro Tü Dung, quien le dijo:

“Solo, déjate a ti mismo ir por el abismo.
La única manera de renacer es morir.
Quien podría reprocharte después de eso ?”
Liêu Quán batió sus palmas y rió.
Tü Dung dijo: “No maduro aún.”
Liêu Quán intentó nuevamente: “El martillo, es el hierro en sí mismo.”
Tü Dung meneó su cabeza.
Liêu Quán retornó a su celda.

Al día siguiente, Tü Dung pasaba frente a la celda de Liêu Quán, lo llamó a venir afuera y le dijo: “Nuestra conversación del día de ayer aún no ha terminado. Dime otra vez !”
Liêu Quán respondió: “Si hubiera sabido que la misma lámpara es fuego, entonces la comida ya estaría lista hace mucho tiempo.”

El Maestro Tü Dung quedó deleitado con ésta respuesta.
Liêu Quán tenía treinta y ocho años cuando recibió la transmisión y estableció el Centro de Práctica Thiên Tông. El Centro Viên Tông fue construido por sus alumnos al pié de la montaña Ngu Bhin. Entre los años 1733 y 1735, cuatro ceremonias nacionales de ordenación fueron presididas por  Liêu Quán. Sus discípulos llegaban a los 4000. Entre 1740 y 1742, vivió con sus discípulos en los Centros de Long Hóa y Viên Thông. Centros de Práctica de la Escuela de Liêu Quán fueron abriéndose a lo largo de todo el país. La provincia de Phú Yën es uno de los centros principales de la escuela, así como los templos de Höi Tong, Cö Läm y Bäo Tinh.

En la mañana del vigésimo primer día del onceavo mes del calendario lunar 1742, el Maestro Liêu Quán le pidió a su asistente traerle una pluma y papel y escribió el siguiente gatha:
Durante los setenta y más años que he estado en éste mundo,
La Forma y el Vacío han sido siempre lo mismo.
Hoy, todos los votos realizados, retorno a mi verdadero hogar.
No se cansen haciéndose preguntas acerca de escuelas y patriarcas.

Al terminar éste gatha, el Maestro se sentó tranquilamente a beber su té. Los monjes que vivían en éste mismo centro acudieron a verlo. Algunos de ellos lloraron. Liêu Quán le dijo: “Por favor, no lloréis. Inclusive los Budas deben entrar al nirvana. Mi venir e ir es claro. No hay nada para estar tristes.” Los monjes dejaron de llorar. El preguntó: La hora mùi (entre la 1 y 3 pm) ha llegado ya ? Sus monjes respondieron: “Si”, entonces Liêu Quán dijo:
El Gran Camino de la realidad es el océano puro de la verdadera naturaleza.
La fuente de la Mente ha penetrado en todos lados.
De las raíces de la virtud nace la tradición de la compasión.

Vinaya, samadhi y prajna,
La naturaleza y función de los tres es una.
El fruto de la sabiduría trascendental puede ser realizado
Estando maravillosamente juntos.
Mantener y transmitir el maravilloso principio
Para hacer conocer la verdadera enseñanza !
Para la realización del verdadero vacío hacerse posible
Sabiduría y acción deben presentarse juntas.

Realidad, Dominio, Gran, Camino, Naturaleza, Océano, Claridad, Calma, Corazón/Mente, Fuente, Extensión, Penetración, Virtud, Raíces, Amor, Tradición, Preceptos, Concentración, Méritos, Sabiduría, Naturaleza-del-propio-cuerpo, Función, Completo, Comunicación, Eternidad, Trascender, Conocimiento, Fruto, Místicamente, Correspondiente, Realización, Trabajo, Transmisión, Mantenimiento-Práctica, Maravilloso, Verdad, Exponer, Habla, Real, Escuela, Acción, Comprensión, Juntos, Pertinente, Logrando, Despertando, Verdadero, Vacío.”

Plegaria para el año nuevo

Querido Amado Padre Sol – Bodisatva Mahavairocana Tathagata,
Querida Amada Madre Tierra – Bodisatva Mahagaia,
Queridos Amados Ancestros, Espirituales y Genéticos,

Nos presentamos ante vosotros en este solemne momento de Nuevo Año para expresar nuestra gratitud y aspiración profunda como familia espiritual.

Querido Padre Sol, tu infinita luz es la fuente nutritiva de todas las especies. Tú eres nuestro Sol, y Gran Buda, un Gran Bodisatva, nuestro Gran Tathagata Sol, nuestra fuente de ilimitada luz y vida. Tú no estás solamente en el cielo sino también en la siempre presente Madre Tierra y en nosotros. Así como nuestra vida depende de nuestro corazón, así también nuestra vida depende de ti. Inclinamos nuestras cabezas con gratitud esta tarde por tu radiante no discriminación y regalo de vida.

Querida Madre Tierra, con tu paciencia, estabilidad, resistencia y creatividad nos has nutrido y guiado a través de muchas vidas. Tú nos has dado a luz, así como a numerosos Budas, Bodisatvas y Santos. Tú, nuestro bello planeta azul, eres el Bodisatva Tierra Refrescante –fragante, fresco y amable. Sin embargo, durante muchas vidas hemos sufrido, y te hemos hecho sufrir porque no hemos sido capaces de verte como nuestra Tierra Pura, como el Reino de Dios: el lugar más bello de los Cielos. Aún a pesar de nuestras equivocaciones, siempre nos has perdonado, y siempre estás preparada para abrir tus brazos y abrazarnos.

A causa de nuestras percepciones erróneas y discriminación hemos vivido una vida de separación, odio, soledad, violencia y desespero. Hemos permitido que el individualismo prevalezca causando un gran daño y adversidad para nosotros y para ti, querida Madre Tierra. Hemos corrido detrás de la fama, la riqueza, el poder, y los placeres sensuales, olvidando que estas persecuciones nunca pueden traernos la verdadera felicidad. Nos hemos convertido en inquietos y distraídos, alejándonos de nosotros, de nuestros seres queridos y de ti, querida Madre Tierra. Como sociedad y como civilización sabemos que vamos en la dirección equivocada.

Querida Madre Tierra, Querido Padre Sol y Queridos Ancestros, esta noche, en ocasión del Nuevo Año 2014, hacemos surgir la aspiración profunda de comenzar de nuevo, de ir en una nueva dirección y solicitar tu perdón por todas nuestras equivocaciones. Con gran respeto tomamos la gran aspiración de vivir con plena consciencia cada momento de nuestra vida diaria. Prometemos dejar de escapar de nuestro sufrimiento, perdiéndonos en el consumo. Prometemos volver a nuestra propia casa con compasión, para reconocer, abrazar y mirar profundamente en nuestro sufrimiento. Prometemos tomar refugio en ti, querida Madre Tierra, y en tu capacidad para nutrir, sanar y abrazar todo lo que es. Prometemos ofrecer nuestra verdadera presencia a nuestros seres queridos y no estar demasiado ocupados, persiguiendo el éxito –incluso en búsqueda de nuestros sueños. Sabemos que podemos conseguir nuestros sueños en cada momento, y prometemos vivir cada día del 2014 como una realización de nuestro sueño. Sabemos que el tiempo no es dinero. El tiempo es vida, y el tiempo es amor. Prometemos vivir simplemente, amarnos los unos a los otros sin discriminación para construir la verdadera hermandad y respetar nuestra aspiración más profunda.

Querida Madre Tierra, tú nos has estado llamando durante muchas vidas, y algunos de nosotros hemos sido capaces de escuchar tu pena. Nos has preguntado si puedes contar con nosotros, tus hijos, para sanar y transformarnos amorosamente a nosotros mismos y a la situación presente. En este momento solemne del Nuevo Año, con nuestras palmas unidas y cuerpo y mente unidos, prometemos que puedes contar con nosotros. Puedes tener fe y confianza en nosotros.


Practicaremos por ti, Madre Tierra, Padre Sol, por todos nuestros ancestros y futuras generaciones para que la alegría, la paz, la armonía y el amor estén siempre presentes en este mundo. Por favor aceptad nuestros ofrecimientos de incienso, flores, frutos, te, y amor. Respetado Padre Sol, Respetada Madre Tierra, Queridos Ancestros, por favor 

MORIR ANTES DE MORIR

 

El filósofo Montaigné tiene una frase sumamente sugerente: “Quien enseña a un hombre a morir, le enseña a vivir”. Pero realmente quien esto suscribe no está muy de acuerdo con la frase del filósofo francés. Nadie, realmente, puede enseñar a alguien a morir porque esa experiencia no se vive dos veces y si hemos de confiar en la biología, ningún muerto ha vuelto a la vida para poder convertirse en maestro de los vivos.

Dicho esto, os ruego que disculpéis mi osadía de hablar de la muerte sin tener experiencia de ella, porque es obvio que no me he muerto todavía.

Así pues, lo único que puedo compartir con vosotros es tanto lo que cuenta el budismo acerca de la muerte como cuál sea mi experiencia como ser vivo de este asunto de morirse.

Para centrar el tema debo hacer referencia a tres modos de entender el sentido de la vida en la sociedad actual. Hay más, pero en resumen se podría señalar estas tres como las más comunes. A saber:

  • Existe una visión de la vida donde todo lo que sucede viene determinado por un plan divino, de manera que el problema del hombre sería que no llega a alcanzar el sentido de este plan porque le falta perspectiva. No tiene capacidad de ver todo, su visión es reducida y lo que pudiera parecer un mal a veces no lo es, visto desde una perspectiva más amplia. Simplemente es el resultado de su ignorancia e incapacidad de comprender ese plan divino. Según esta idea todo sigue un plan. El caos no es tal y aunque no lo sepamos reconocer estamos sostenidos por la mano del Creador, quien un día alentó la vida en nuestra alma y un día nos señalará el final de ese trayecto para que vivamos eternamente en otro mundo.
  • Frente a esta visión, el materialismo indica que el hombre es por azar que llega a este mundo y tiene los pasos contados porque otro día desaparecerá para volver a la nada de donde salió un día. La vida sería un corto paseo con un principio y un final sin solución de continuidad. No hay plan. Todo es producto del azar y la necesidad.
  • Y junto a las anteriores está la visión que dice que realmente uno ni nace ni muere, que uno no puede morir porque nunca ha nacido. Uno es simplemente una manifestación, temporal y específica, de una cosa a la que llamamos de muchas maneras pero que se podría concluir con un sólo término: UNIDAD. Cada quien es una manifestación de esa UNIDAD, de un océano que contiene todo. No hay, por tanto, dualidad en esta perspectiva. Así pues, esta manifestación temporal que somos cada uno de los seres humanos, debe aspirar a que la energía de sus actos que le sobrevivirán sea lo más positiva posible antes de pasar a ser una nueva manifestación.

Para resumir, estoy hablando de tres grandes concepciones religiosas o filosóficas: el monoteismo de judíos, musulmanes y cristianos, el ateismo de las filosofías materialistas y el budismo.

Me toca presentar qué es la muerte para el budismo.

El maestro budista que más me ha impresionado por su sencillez y a la vez profundidad a la hora de plantear el tema de la muerte es el maestro zen vietnamita y residente en Francia Thich Nhat Hanh.

En su libro “La muerte es una ilusión” nos dice que esta no existe como tal sino como producto del engaño de nuestros sentidos. Nuestra visión es una visión errónea comprensible desde la apariencia superficial pero que se sostiene difícilmente si adoptamos una visión más profunda. Hay una aparente dualidad de nacimiento y muerte pero si miramos con atención profunda, si logramos traspasar las capas más superficiales de la realidad nos damos cuenta de que no podemos morir por la misma razón de que nunca hemos nacido.

Hay un koan ( frase de un maestro zen dirigida a un discípulo para romper su lógica inmediata y ayudarle a saltar la barrera de la apariencia) muy significativo a este respecto: “¿Cuál era tu rostro antes de nacer?” Este koan pone el dedo en la llaga en una cuestión que a todos nos trae de cabeza. Si contestas que no tenías ningún rostro, que no existías ni aún en el pensamiento de tu madre estás afirmando que de la nada puede surgir algo. Y si preguntamos por la muerte tampoco se puede decir que algo desaparezca absolutamente. Lavoissier, el físico francés, ya dijo que la energía (y somos energía) ni se crea ni se destruye, sólo se tranforma.

El maestro con este koan quiere que su discípulo transcienda los conceptos del nacer y del morir. ¿Cuál era mi rostro, vuestro rostro antes de nacer? ¿De la nada llegó a ser algo? ¿No era, acaso, ese rostro el rostro del agua, del sol, del carbono, de las múltiples generaciones que me precedieron?

¿Acaso no es cierto que si elimino cada uno de estos elementos en mi, de mi supuesta identidad, no quedará absolutamente nada? Quitando cada uno de los elementos que me constituyen ¿dónde quedo yo?

Para el budismo, cada dharma, es decir, cada realidad fenoménica, está vacía de un ser separado del resto. No tiene entidad por sí misma. Ese es el sentido de la vacuidad en el budismo. Cuando dejamos de manifestarnos bajo una forma no desaparecemos, porque no podemos desaparecer. Simplemente nos manifestamos como agua, como humo, como ceniza… hasta que se dan las condiciones necesarias para que surja una nueva manifestación, Cuando la hoja del árbol cae, eso no significa el final del árbol. Reconvertido en abono, volverá la hoja a fluir por las venas del árbol nutriendo con su savia la nueva vida, las nuevas hojas. Porque de nada no puede salir algo ni de algo se puede llegar a ser nada. ¿No es cierto que en el pan y el vino de la Eucaristía está contenido el universo entero? ¿No se han reunido el sol, el agua de la lluvia, la tierra, el labrador, el panadero, el transportista para hacer realidad esa presencia? ¿Seguirá el pan ahí si le quitamos todos esos elementos que lo constituyen como tal? ¿Dónde estará el pan entonces?

Esa misma intuición de vacuidad existe en el Islam. A mi me resulta muy sugerente que el mihrab sea un espacio vacío, que a la vez lo contiene todo.

Por tanto, y ahora viene a colación el título de la charla, morir antes de morir es, para el budismo, la capacidad de transcender los conceptos de vida y muerte. Contemplarlos como una ilusión que esconde una realidad más profunda: siempre he estado aquí, y siempre estaré. No soy un ser absolutamente separado del resto. Soy uno con todo lo que fue, es y será. No hay dos: yo y lo otro.

Pero esto hay que reconocerlo con el tuétano de los huesos. No basta con saberlo intelectualmente. Este es el desafío del meditador y esta es su práctica más genuina: aprender a desidentificarse del yo, aprender a soltar todas las nociones que nos separan y dividen.

Los tres sellos que indican que una enseñanza es genuinamente budista son: la ayoidad (no hay un ser separado, no hay un yo separado del resto), la impermanencia (no hay nada que sea eterno, todo fluye y está en constante cambio) y el nirvana (el interser de todas las cosas. Las olas no existen independientes del océano).

Esta es la práctica más profunda en el budismo: mirar más allá de la realidad aparente para darnos cuenta de lo que verdaderamente significan el nacimiento y la muerte y al transcender las nociones del nacer y el morir poder comprender quiénes somos en realidad. Eso significa liberarnos del miedo, de ese miedo que atenaza al pequeño yo al que nos hemos empeñado en constituir como la base y piedra angular de nuestro ser y con el que estamos tan intensamente identificados.

Parece que estuviéramos condenados a defenderlo a toda costa, aun a riesgo de nuestra propia salud física y mental hasta que por gracia o por mérito aprendemos que al mismo tiempo que la muerte es una ilusión, también lo es el yo. Aquello que hemos instituido como nuestra más genuina identidad se revela ahora como una formación mental más sin el aura de autoimportancia con que se pavoneaba.

Yo no puedo morir porque nunca he nacido. Cuando dejen de darse las condiciones necesarias, dejaré de manifestarme como quien ahora soy y eso no significará que haya dejado de existir. Seguro que existiré bajo una manifestación diferente. Es lo que los antiguos hinduistas y budistas llamaban reencarnación. ¿Acaso no está la llama ya contenida en la cerilla? ¿No es cierto que sólo falta una condición para que se manifieste la llama?

Quisiera concluir con un texto de mi maestro, ya cercano a las 87 años quien ante la insistencia de sus discípulos por retener las cenizas de su actual manifestación una vez que esta dejara de ser visible dijo: “Cuando muera, no quiero que construyáis una estupa y pongáis mis cenizas dentro de ella. No me gustaría. Es un desperdicio de tierra. Pero si insistís en construir esa estupa, os dejo una línea para inscribir sobre ella: “No hay nada aquí dentro”. Y si seguís insistiendo, os dejo otra línea más: “Tampoco hay nada afuera”.

A un servidor, que ni por asomo se ha enterado ni de la mitad de la película todavía y no le llega a su maestro ni al zapato, le gustaría despedirse con la guasa de mis ancestros trianeros: “Ni me voy, ni me quedo… ustedes verán qué se puede hacer conmigo”.

Apuntes de la conferencia de Thich Nhat Hanh en Madrid

 

Domingo 27 Abril 2014. Teatro Lope de Vega – Apuntes de Koldo Aldai

Hay una profunda conexión entre la felicidad y el sufrimiento. Si sabemos cómo utilizar el sufrimiento, podemos crear la felicidad. Para hacer crecer flores de loto necesitamos el barro. No podemos crear flores de loto sin barro. El sufrimiento es como el barro. Sin sufrimiento no es posible es la felicidad. Aquellos que  practicamos la plena conciencia y la meditación,  hemos de reconocer nuestro sufrimiento.

Miramos profundamente la naturaleza de nuestro sufrimiento. Si sabemos como  manejar el sufrimiento en nuestro interior, si sabemos cómo sufrir, sufriremos menos que otras personas. El sufrimiento es un arte. Si sabemos utilizar nuestro sufrimiento, podemos  crear  felicidad  para  nosotros y para quienes nos rodean. La mayoría de nosotros no sabe sufrir. Tenemos miedo del sufrimiento, temor a adentrarnos en nosotros mismos. Si tenemos el coraje de afrontar nuestro sufrimiento, tendremos la oportunidad de manejarlo. Sabremos cómo traer el alivio, cómo utilizar el sufrimiento para traer  la felicidad.

De acorde  a nuestra práctica, hemos de saber cómo  manejar ese sufrimiento, cómo volver a nuestro hogar. El arte de la meditación consciente nos ayuda a tomar  cargo de nuestro sufrimiento. Con la energía de la plena conciencia podremos abrazar con cariño el sufrimiento y considerarlo en su naturaleza. La energía de la plena conciencia nos proporciona un alivio y sufrimos menos. Si continuamos con nuestra práctica, podremos abrazar el sufrimiento y transformarlo finalmente  en algo positivo.

En nuestro sufrimiento está el sufrimiento de nuestros padres y nuestros ancestros. Si ahondamos en nuestro sufrimiento, podremos comprender el sufrimiento de nuestros padres y ancestros. Ello nos lleva a la compasión y la compasión abriga la capacidad de sanar. Llegados a este punto, será más fácil comprender el sufrimiento del otro en ti.

Vamos a practicar el canto, vamos a cantar el nombre de Avalokitesvhara. Cuando cantan el canto, ellos abrazan su sufrimiento. La razón del canto es promover la compasión.  Conectando en este sentimiento, aflora la compasión y esa compasión tiene la capacidad de sanar. Cuando cantan el nombre de  Avalokitesvhara por segunda vez, tratan de conectar con el sufrimiento que está alrededor de ellos. Generan igualmente  energía de compasión. Por tercera  vez, cuando cantan sienten el sufrimiento del mundo en su interior. Conectando con ese sufrimiento generan una energía de sanación en sí mismos.

El canto de Avalokitesvhara contribuye a conectar con el sufrimiento de las personas de alrededor. Ello nos ayuda en la práctica del la plena conciencia y el sufrimiento. La plena conciencia en el caminar nos ayuda en ese trabajo. Cuando estás en contacto con tu sufrimiento y el de los otros, emerge la compasión. Durante el canto, debéis continuar con vuestra inspiración y expiración. Dejad de pensar. Permitid que esta energía de compasión penetre en vuestra mente. El pensar nos impide  profundizar en el aquí y el ahora. Por eso es muy útil parar de pensar cuando estamos escuchando tan bella música. Si concentramos nuestra concentración, permitimos entrar en contacto con la energía de plena conciencia y la compasión que genera. Esa energía podrá entrar en nuestro propio cuerpo y nos ayudará a sanar. Si damos paso a esa energía de la compasión  en nosotros, podemos hacer que la energía  de la tensión se afloje y así se esfume el dolor.

Somos una  gota en el corazón de un río. Dejamos que este  río nos lleve como gota de agua. Si tienes algún dolor ansiedad o angustia, permite ser arrastrado por la energía de la compasión  colectiva, como una gota de agua en la corriente colectiva. Decimos a la “shanga”: “Éste es mi dolor, mi desesperación y yo no lo puedo mantener por mí mismo. Por favor ayudadme a mantener  este  dolor.” Entonces  sentimos mermar este dolor, hasta que esa energía colectiva nos abraza  y el dolor va cediendo poco a poco.

Si durante este tiempo tienes  ganas de llorar, llora pero  ya instalado en la plena conciencia. Lo esencial es que estemos aquí presentes y que nos dejemos abrazar por esta energía colectiva. Si tenemos a alguien enfermo que no ha podido  venir al estar en el hospital, mencionamos  su nombre silenciosamente y la energía de plena conciencia y compasión les será enviada en el instante.

Inspirando me siento vivo y expirando sonrío a la vida y me siento feliz. La plena conciencia es una clase conciencia que todos podemos generar. La plena conciencia es la energía que nos ayuda a estar en el aquí y el ahora. En el aquí y en el ahora se encuentra la vida. El pasado ya se ha ido y el futuro aún no ha llegado. El momento presente es el único momento en que estamos presentes en la vida. Tenemos una cita con la vida. Esa cita está en el momento presente. Si pierdes esa cita, pierdes esa cita con la vida. Cada paso, cada respiración te trae a la vida. Me concentro en la inspiración de forma natural, dejo de pensar y traigo mi mente a mi cuerpo. Nuestra mente está atrapada por la angustia del pasado o del futuro, incertidumbres del mañana, proyectos… Es por ello que nuestra mente no está con nuestro cuerpo.

Cuando inspiro con plena conciencia,  llego a mi hora  y quedo establecido en el aquí y en el ahora; me puedo encontrar  con las maravillas de la vida, el cielo azul, los pájaros y los árboles. Tengo que ir al aquí y el ahora para poderlos encontrar. La meditación caminando es por lo tanto muy  útil, porque me ayuda a venir al aquí y el ahora. Delante del ordenador sin embargo se nos va la mente. En Plum Village por eso tenemos la campana de la llamada a la plena conciencia. Nos ayuda a volver a nuestra respiración, a volvernos vivos. Nos ayuda ello también a relajar la tensión del plexo. Lo primero que encontramos al alcanzar la plena conciencia es nuestro cuerpo. Nuestro hogar, nuestro cuerpo contienen todo el universo. Nuestros ancestros están vivos en cada célula de nuestro cuerpo.

Podemos conectar con ese pasado espiritual. El Padre Sol también está dentro de nosotros. Estamos hechos del Padre Sol, de la Madre Tierra y de las estrellas. Ese cuerpo es por lo tanto nuestro primer factor de plena conciencia. Una inspiración  dura uno o dos segundos. Con nuestra inspiración podemos descubrir muchas  cosas, como que tenemos un  cuerpo y estamos vivos. Tú que estás  respirando, estás vivo y eso es un milagro, en realidad el más grande de los milagros.

Con ese cuerpo podemos tocar las maravillas de nuestro interior y alrededor nuestro. Estamos en contacto con los refrescantes colores de la naturaleza… Aquellos que practicamos la plena conciencia, podemos generar una calidad de energía  en cualquier momento que nos encontremos. Si nos establecemos  en el momento presente, si hacemos uno con cuerpo y mente, podremos dar con la felicidad en el aquí y en el ahora. Podemos escribir una lista de las condiciones que hemos puesto a la felicidad que hemos adquirido, pero necesitaríamos  muchas hojas. Ponemos muchos reparos a la felicidad. “¿Qué esperamos para hacer la fiesta…?”, dicen los franceses en una canción. Podemos añadir: “¿Qué esperamos para ser felices?”

Somos muy afortunados, más que mucha gente en el mundo… Hay gente que ha de recorrer varios kilómetros para disponer de agua. Si tienes agua corriente en tu casa y no eres feliz, entonces es por que no tienes la energía de la plena conciencia en ti todavía. No tenemos dolor de muelas y no somos felices en este momento. El dolor de muelas te dice: “Amigo, no tienes dolor de muelas, ¿cómo no eres feliz ahora?” La plena conciencia nos ayuda a reconocer que tenemos ojos maravillosos. Sólo tenemos que sentarnos en la hierba, para constatar que el paraíso es nuestro. Si no eres feliz en medio de un prado, es porque no tienes la energía de la plena conciencia. Hay quienes han perdido la vista y no tienen esa potestad de ver los prados.

Creemos normalmente que la felicidad no es posible ahora y que necesitamos aún más condiciones. Tenemos mas que suficientes condiciones para ser felices. Con la vigilia de la plena conciencia, podemos ser felices en el aquí y en el ahora. Tengo más de 85 años y cada día disfruto caminando. Reconozco que tengo pies y que son lo suficientemente fuertes para poder caminar. La plena conciencia es una fuente de plena felicidad y alegría. Aquellos que practicamos la plena conciencia podemos generar esa energía de la plena conciencia cuando queramos.

La enseñanza es lo suficientemente sencilla para que cualquiera la pueda practicar. Sólo nos hemos de entrenar un poquito en el aspecto de la felicidad. Cada momento de nuestra vida cotidiana se puede convertir en una fuente de felicidad. Podemos generar esa felicidad, mientras que la plena conciencia nos acompañe. Con el caminar y la meditación podemos generar esa energía de la plena conciencia.

Practicar el pleno caminar es practicar la plena conciencia. La energía de rabia, odio, sufrimiento… es una energía, que hemos de reconocer y abrazar, tal como la mamá abraza a su bebé. Quizás la mamá no sabe lo que le pasa al bebé, pero lo coge, lo abraza y entonces sufre menos. Hemos de abrazar ese dolor con la energía de la plena conciencia. Podemos pedir para ello el apoyo de otros practicantes: “Aquí amigos está mi  dolor. Mi energía de la plena conciencia no es suficiente para abrazar mi dolor. Por favor respirad conmigo para poder alcanzar una energía poderosa de la plena conciencia, de forma que yo pueda  abrazar mi dolor…” Esa energía adicional puede contribuir a superar esa energía de dolor. La “sangha” nos ayuda, nos ofrece una energía poderosa de la plena conciencia.

Como individuos podemos contribuir  a esa energía  colectiva  sanadora. Esa energía nos ayuda a restaurar nuestra  salud, belleza y frescura. “Respirando me  siento como una  flor…”, dice la canción. Todos de hecho, hemos nacido como una flor. Pero hemos de saber cómo cuidarnos a nosotros mismos en cuanto flor. La práctica de nuestra  conciencia nos ayuda a cuidar esta  preciosa  flor, para nosotros mismos y para los demás. Esa frescura es la que podemos ofrendar al mundo. La meditación andante nos ayuda a restaurar  esa plena conciencia.

Inspirando siendo esa frescura y expirando restituyo la solidez. Una persona que no tiene estabilidad no puede ser feliz… Caminar es  restaurar nuestra  solidez. Cuando eres estable y sólido la gente puede confiar en ti. Ese  elemento de estabilidad y solidez es lo que puedes ofrecer.

… Inspirando me siento como agua, expirando reflejo las cosas tal como son. Es el aspecto de la paz lo que cultivas a través de la práctica. Si no tienes suficiente paz y tranquilidad no puedes  ser feliz. En la vida cotidiana puedes con cada paso cultivar una solidez y ganar en paz. Si tienes paz, la otra persona se beneficiará de tu paz y de tu tranquilidad. Expirando me siento que tengo libertad… La práctica de la plena conciencia nos permite tener más espacio en el corazón, nos ayuda a mirar todo de una forma más consciente y comprobar si lo que observas es importante o no lo es.

Hay gente que tiene todo eso y aún y todo no es feliz. No podemos dedicarnos a correr detrás de la fama y del dinero, sino que hemos de invertir nuestro  tiempo en hacer lugar en nuestro interior a más comprensión, amor y compasión. He de comprender la esfera  ajena, de él o ella. Cuando entiendes el sufrimiento de la otra persona, la rabia se te desprende y ya no tienes odio para con ella. La comprensión siempre lleva a la compasión. Estos  son lo valores.

¿Cómo hemos de cultivar el amor y la compasión? Esa compasión es la que te hace libre. Si quieres ser libre, libérate del dolor, del sufrimiento, del apego… Si tienes  comprensión, tienes mucho espacio en tu corazón. Comprender tu propio sufrimiento te ayuda a comprender el sufrimiento de él o ella: “Querido/a he visto que has sufrido mucho en estos años. He comprobado que no podía  aún comprender tu sufrimiento. Ayúdame a comprender tu sufrimiento. Ayúdame si puedes…”. Hay que comunicarse por lo tanto con amor. Si tenemos amor y compasión dentro de nosotros mismos, podemos verdaderamente ayudar. En unos minutos podemos practicar la conciencia, podemos generar la energía suficiente como para ayudar a otra persona a traer la reconciliación… En pocos días todos podemos aprender a escuchar con compasión y establecernos en la plena conciencia.

Acudir a un retiro de unos días puede ser una fiesta para practicar la plena conciencia Entablar  la escucha profunda es indispensable para restaurar la comunicación. No debemos esperar a estar en una situación de guerra para instalarnos en la paz. Si la guerra estalla es porque en la nuestra vida cotidiana no hemos practicado suficiente. No es fácil practicar en el contexto de la guerra. El sonido de los disparos nos impide concentrarnos en la práctica.

La paz se puede verdaderamente apreciar con el trasfondo de la guerra. Si apreciamos suficientemente la paz, no permitiremos la guerra. Si sobreviene la guerra es porque no pujamos lo suficiente por la paz. Quienes conocimos la guerra, tenemos compromiso añadido con la paz. Hemos de hablar con los jóvenes para ganarlos para la paz. En mitad de la situación de guerra, hay que practicar para no caer víctimas de la desesperación. Mucha gente joven que no ha vivido la guerra, no sabe apreciar la paz que tenemos. Lo que se sufre en una guerra, sólo se sabe  por la propia guerra. Os recomiendo la práctica preventiva.

En la sociedad se riega continuamente la violencia, el desenfreno y el placer sexual…, ¿Cómo practicar entonces sin perdernos en tanta locura? Es bueno practicar como individuos, pero es mucho mejor practicar como grupo. Si podemos cultivar la fraternidad en el seno del grupo, si podemos demostrar que la felicidad es posible, sin mucho dinero, sin mucho sexo…, podremos lograr que los otros no corran detrás de estos señuelos, de que sigan  detrás de la verdadera felicidad. El verdadero amor siempre nutre y sana. No tiene que ver mucho con el sexo. La felicidad es posible con la comprensión y la compasión. Quienes corren detrás del poder, del sexo, del dinero…, no encuentran la verdadera felicidad. Logremos demostrar esto a los jóvenes… Por eso es muy importante  crear grupo. Se pueden leer muchos libros, pero nada se puede  comparar con unas personas que viven en grupo y que son capaces de manifestar el verdadero amor y la verdadera felicidad.

Es posible ser consciente en medio de situaciones estresantes, cuando la mente trabaja mucho. Cuando nos encontramos en una situación estresante, respiramos y decimos: “Entonces estoy una situación estresante y no quiero dejarme  llevar por esta situación estresante”. La práctica de la meditación andante y la respiración, nos permite no dejarnos llevar este tipo de situaciones. ¿Quiero desperdiciar mi vida en situaciones así? Esta energía de plena conciencia nos permite no participar más en esas situaciones. Si en ese momento tenemos la suerte de estar con un hermano y hermana en la práctica, ellos nos pueden ayuda y así no dejarnos llevar por esa coyuntura. Estos estados estresantes precisamente ponen a prueba nuestra capacidad para ser conscientes.

Necesitamos tiempo para sanar nuestra situación dolorosa. Si la otra persona no tiene conciencia, cuando surgen esos estados hemos de practicar la respiración y la meditación andante. En vez de reaccionar negativamente, podemos decir así: “Querido, querida necesito tiempo para  abarcar estas circunstancias. Necesito tiempo para poder cuidar yo de mi emoción, para no dejarme arrastrar  por las emociones negativas”. Él o ella aprenderá de nuestra actitud y nos respetará…