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Ya no huyo más

Thay ha recibido recientemente esta hermosa y conmovedora carta de uno de sus estudiantes en Irlanda. Con permiso del autor, Thay nos pidió que lo pusiéramos en la web para que pudiera leerla toda la comunidad.

EIRE (Irlanda)

04/02/2014

Querido Thay:

Hace poco más de ocho años, tal vez diez, solía conducir después del trabajo hasta las montañas de Dublín noche sí noche no y aparcaba al borde del acantilado. Liaba y fumaba un porro tras otro y lloraba y lloraba y lloraba. Me gustaba conducir el automóvil hasta el borde del precipicio y tratar de reunir el valor para no parar y poner allí fin a mi vida. Era un lugar muy hermoso. Las montañas descienden a los lados hasta un bello y verde valle atravesado por un hermoso río. Un bello lugar para morir, pero no fui capaz de hacerlo. Lloraba durante casi todo el camino a casa y me iba a la cama.

La mañana siguiente y cada mañana siguiente me llevaban  a la tortura de otro día, y luego llegaba el fin de semana y yo iba y bebía y bebía y bebía, luego fumaba porro tras porro tras porro. Todo para agostar y apagar el dolor dentro de mí. Entonces llegué al límite de mi vida. Trabajaba en una oficina. Tenía “mucho éxito en mi trabajo”, trabajo que me estaba matando. Cada mañana, cuando entraba en ese lugar, un edificio de oficinas, podía sentir cómo mi alma se quedaba fuera. Mi parte hermosa nunca entró y yo estaba empezando a morir. Tenía unos 35 años.

Años atrás uno de mis mejores amigos se había suicidado: se llamaba  B__ R__. Escribo aquí su nombre porque merece ser escrito. Era un hombre encantador. Crecimos juntos, nos peleamos juntos, jugamos juntos y éramos grandes amigos. Fue una gran sorpresa para mí -su muerte-. Siempre pensé que yo sería el primero en morir. Bueno, estando al límite de mi vida me vino una voz: “T, ¿qué es lo que más te dolería no haber hecho antes de morir?” Y la respuesta llegó de inmediato. Poesía. Siempre amé la poesía, pero nunca había llegado a vivirla. Entonces me di cuenta de que estaba viviendo mi vida de la forma en que yo creía que mi madre y mi padre querían que la viviera. En resumen: estaba tratando de ajustarme a la idea de “éxito” de mis padres.

Sabe, mi padre era un hombre muy violento. Pegaba a mi madre muchas, muchas, muchas veces. Y me pegaba a mí y a mis tres hermanos. Yo vivía en un gran temor de mi padre. Y lo odiaba mucho. Él solía decirme que no llegaría a nada, que sería un fracasado. Señalaba a mi hermano pequeño y a él le decía que crecería y llegaría a ser un gran hombre. También sufrí abusos sexuales por parte de dos personas de fuera de mi familia. Esto ocurrió en dos ocasiones. Así que desde muy pequeño quería firmemente morirme. Sin embargo, los veranos eran muy hermosos. Los pasaba en la granja de mi tío en el condado de Sligo y fue allí donde nos permitieron ser niños. Jugábamos desde el amanecer hasta el anochecer como lo hacen en verano los niños felices. Mi tío, J__M__, le dijo a mi padre a la cara que mientras él estuviera cerca, nadie -y señaló a mi padre- nos haría daño. Le dijo que se fuera y cuando dijo todo esto sentí una muy hermosa alegría y mucha paz. He mencionado el nombre de mi tío ya que también merece ser escrito.

La misma la voz que me había preguntado acerca de lo que me habría gustado hacer dio la respuesta, y en ese momento decidí que iba a hacer todo lo posible por vivir. Y vivir de la forma en que yo quisiera vivir. Sentí que me quitaba un gran peso de los hombros. Empecé una licenciatura en Poesía. Era como volver a casa. Para mí no suponía “estudiar” nada. Estaba atravesando una puerta de la que aún tengo que emerger. Renuncié a mi trabajo “exitoso” y me entregué a la poesía. En realidad no escribo poesía, Thay, decidí vivirla. Hasta donde era capaz, por primera vez en mi vida sentía que estaba viviendo.

Disminuí la bebida hasta una copa al mes más o menos, tal vez cada seis semanas. Seguí fumando porros y a veces tomaba mucha cocaína. De hecho, empecé a hacerlo con regularidad hasta que se convirtió en un problema para mí. Pero, sabe, una vez que había atravesado la puerta de la poesía, no había vuelta atrás. Renuncié a la cocaína. En realidad, no renuncié a ella. Tan solo la dejé. Y entonces conocí a otro hombre hermoso llamado  C__S___. Un nombre que realmente merece ser escrito. Él me inició a la plena consciencia.

Antes de encontrarle, sufrí en una ocasión impulsos suicidas muy graves. Deseaba conducir hasta una playa del oeste de Irlanda y seguir hasta entrar en el océano. Recuerdo que era la víspera de Navidad. Estaba muy borracho, de camino a la playa mi coche se averió. Era tarde en la noche y un automóvil de la policía se detuvo detrás de mí. El agente salió del auto y llamó a mi ventanilla, que bajé. Me preguntó si estaba bien y yo tan solo me eché a llorar y le dije que estaba borracho y quería suicidarme. Él se quedó conmigo y me habló, no me dijo su nombre, era un hombre hermoso. Me dijo que todo se arreglaría.

Otro amigo mío, un fotógrafo llamado W__H__, quería hacer una exposición acerca de las personas que habían intentado suicidarse o tenían fuertes tendencias suicidas. Me preguntó si conocía a alguien que estuviera en esta situación, porque sabía que uno de mis amigos lo había llevado a cabo. Le conté mi historia y reunió a un grupo de personas que habían sobrevivido a sus crisis y las habían superado. Uno de los miembros de ese grupo era C__S__. Y él fue quien me inició a la plena consciencia. Después de la primera clase (era una vez a la semana) empecé a meditar todos los días. Dejé de fumar porros, dejé de beber en exceso. Mi vida empezó a cambiar realmente.

Mi último año de la licenciatura en Poesía fue el más bello de todos. No fumaba, no bebía ‒salvo  una copa de vino tal vez cada tres días‒ y no tomaba drogas. Y nunca “renuncié” a ninguna de ellas. Simplemente me abandonaron. Cada mañana, antes del desayuno, meditaba quizá durante una hora o 40 minutos. Así empezaba el día. Visitaba a una adorable psicoterapeuta. Le confié mi historia de maltrato y abusos ‒abuso sexual‒ y la dejé después de un año. Siempre había querido vivir en el oeste de Irlanda, así que siguiendo mi instinto poético me trasladé al oeste. Sin embargo, mi corazón aún estaba herido. Me aislé. Pero meditaba todos los días. C__S__ me facilitó un CD de Thich Nhat Hanh. Hermoso. Meditar en soledad era muy bueno, pero decidí comprobar si había un grupo de practicantes en mi localidad.

En ese tiempo, mi tío J__, que vivía en la región de Sligo, estaba en muy mal estado de salud. Era un granjero soltero que ahora era incapaz de cuidar de sí mismo. Tenía más de setenta años y se había convertido en un anciano. Vivía en condiciones miserables en una casa de campo que en su día había sido hermosa y no quería abrir la puerta a nadie. Tenía una úlcera en una pierna y no podía caminar muy lejos. Las ratas pululaban por la casa, el cuarto de baño ya no funcionaba, tenía un calentador muy pequeño que usaba al mínimo de temperatura y permanecía sentado en una silla la mayor parte del día. Si el día era soleado, salía hasta su automóvil (que ya no funcionaba) y dormía unas horas en él. No podía subir las escaleras hasta su helado dormitorio, por lo que al llegar la noche se ponía una manta sobre la cabeza y dormía en la silla. Esta situación duró cinco años. La gente comenzó a aprovecharse de su granja. Voy a tratar de explicar brevemente el carácter de mi tío.

Le ofrecieron 1.200.000 euros por un pedazo de tierra de su propiedad que tiene acceso a un hermoso lago. Dijo que no: la oferta se elevó a 1.500.000 millones. Mi tío preguntó si se mantendría el derecho de paso para que todos pudieran disfrutar del lago. Y esa tierra tenía también muchos árboles centenarios que temía que fueran destruidos. No pudieron darle ninguna garantía, por lo que rechazó la oferta. Un hombre maravilloso.

Mientras ocurría todo esto, yo era incapaz de ir a verle porque vivía mi propia lucha por la supervivencia. No podía ir a ese antiguo y hermoso lugar que había sido un refugio para mí. No tenía fuerzas para ir allí y ver el estado de mi tío. No podía hacer nada por él.

Seguí meditando y localicé una sangha en Sligo que meditaba en la tradición de Plum Village de acuerdo con las enseñanzas de, bueno,… Thich Nhat Hanh. Ahí es donde voy cada lunes por la noche a las 20:00. Y cada día mi práctica se hacía más profunda. Y comencé a visitar a mi tío. Empecé a visitarle con regularidad. Me pareció muy difícil visitarlo debido a la miseria y la depresión que le rodeaban. Era como entrar en una espesa nube negra. Él nunca había fumado o bebido en su vida. Siempre había estado en muy buena forma: corrió y caminó por Irlanda como el que más. Y siempre fue una persona amable -el único hombre que he conocido que nunca perdió la paciencia y que trataba a todo el mundo con gran amabilidad-. Fue muy difícil para mí verlo en un estado tan penoso. Toda su forma de vivir había desaparecido. Algunos de sus amigos habían muerto y la agricultura había cambiado también. La mayoría de las veces cada vez que lo dejaba me echaba a llorar. Pero también me alegraba de largarme de allí.

Lo llevaba al hospital regularmente a causa de la úlcera de su pierna, que estaba empeorando cada vez más. También le llevaba cada semana a la enfermera del servicio de salud. Tal vez dos veces por semana. Y cada mañana yo estaba “Inspirando…, espirando…. “. Esto era lo que me daba fuerzas para seguir visitando a mi tío. En el invierno de 2010 (noviembre) tenía que ir a pasar a un fin de semana de poesía en el norte de Irlanda. Antes de irme, decidí hacer una visita a mi tío. La temperatura aquel invierno era de entre 10-15 grados. El día en que fui a ver a mi tío, estaba nevando y el frío era glacial. Sabía que si mi tío se quedaba en esa casa en el campo, moriría. Así que lo llevé al hospital e intenté que lo ingresaran. Pero después de darle una cena y vendar su pierna, se negaron a guardarlo allí. Yo estaba destrozado porque quería ir a aquel festival de poesía. ¡Tenían que ingresarlo! Pero no lo hicieron, así que en lugar de girar a la izquierda para llevarlo a su casa, giré a la derecha y lo traje a la mía. No le dije nada. Tan solo lo llevé de vuelta a la casa que tengo en alquiler y lo instalé en el dormitorio libre. Y ha estado conmigo desde entonces.

En 2012, anunciaron que Thay vendría a Irlanda. ¡Y a Killarney! Así que reservé inmediatamente una plaza para el retiro. Ese fue el comienzo de algo muy especial para mí. La primera noche dio usted la orientación, y sus palabras fueron como néctar para mí. Nos dijo que volviéramos a nuestras raíces. Era como si toda la vida hubiera estado esperando a que usted viniera y dijera lo que dijo esa noche y los días siguientes. El poder de ese retiro no ha disminuido en nada. Al final dijo que a pesar de que el fin de semana había terminado, eso no significaba el final del retiro. No, en absoluto, Thay. Ese retiro permanece en mi corazón. Me salvó la vida.

Usted nos pidió que llamáramos a nuestro padre o nuestra madre si no habíamos hablado con ellos hace mucho tiempo. Y que practicáramos la bondad amorosa. Inmediatamente después de la charla del Dharma, pedí prestado un teléfono y llamé a mi padre, B__ K__ (menciono su nombre porque tal vez él necesite más que todos los demás que he mencionado que se le envíen oraciones y buenos pensamientos). Le dije que, a pesar de que no habíamos hablado hace tiempo, le quería. Era una pequeña mentira. Pero mencioné algunas cosas de las que había hecho por las que le estaba agradecido y lo decía en serio.

Aun así, usted me enseñó cómo abrir la puerta a sentimientos y situaciones muy difíciles con el fin de superar nuestro orgullo, nuestro odio, o lo que fuera que nos impedía extender una mano a través de la brecha. Es algo muy, muy, muy difícil de hacer, pero una de mis frases favoritas de entre las que usted dice es: “Es posible”. Me encanta cuando lo dice. Tiene una bonita manera de decirlo, Thay: “Es posible”. Siempre sonrío cuando lo dice y me hace sentir muy a gusto y feliz. Me siento muy querido cuando le oigo hablar. Me siento amado por usted. Ahora he aprendido que todo es posible.

Después de ese retiro dejé totalmente de beber alcohol. Leí que una señora le había preguntado acerca de tener que dejar el alcohol a pesar de que solo tomaba una copa a la semana. Usted respondió que tal vez ella podría considerar el dejarlo, no por ella misma, sino por todas las demás personas que tenían un problema con el alcohol. Qué respuesta más gloriosa. Así fue para mí. Decidí no tomar nada más de alcohol y dediqué esa práctica a una chica encantadora que es alcohólica. Su nombre es K__O’__. Ahora ella ya no bebe y asiste regularmente a Alcohólicos Anónimos.

Durante el retiro de 2012, tomé los cinco entrenamientos de la plena consciencia y fui a Plum Village para el retiro de 21 días “La Ciencia del Buda”. El verano pasado trabajé en Plum Village durante el retiro de verano y después en el retiro de salud. Volví a casa a finales de agosto y regresé dos semanas durante el retiro de otoño. Cada vez era como volver a casa. La amorosa bienvenida que recibo cada vez que voy allí es magnífica, y hay algo muy especial en el amor que experimento. No tengo palabras para describirlo. En agradecimiento, todo lo que puedo hacer es tratar de vivir mi vida de la forma más hermosa que puedo.

En este tiempo, mi tío se ha hecho más fuerte y saludable lentamente, poco a poco, poco a poco. La gente me decía que lo llevara a una residencia si no podía más. A otros les daba pena, y muchos no creían que saliera de esa. Otros lo dieron por perdido. No pensaban que hubiera remedio, Thay. Pero yo sabía que era posible. Sabía que era posible porque Thay había dicho que era posible. Los maravillosos monjes de Plum Village me dijeron que era posible y las maravillosas hermanas de Plum Village me dijeron que era posible. Todos ustedes me habían mostrado lo que era posible.

Y ahora se ha hecho realidad. No sabía lo que era el amor, Thay. No sabía lo que era. Cuando usted entró en la sala en Killarney en 2012 para dar la primera charla de orientación, entreví lo que era el amor. Y sabe, yo no era capaz de sentarme cerca de usted debido al amor que le rodea. Es como un halo de luz amarilla. No pensé que yo mereciera ese amor y me sentaba en la parte de atrás. Allá en Plum Village me sentaba en la parte de atrás y me mantenía alejado de todos.

Sin embargo, todo eso ha cambiado ahora. Ha cambiado porque ahora conozco el valor del barro que hace que la flor de loto sea tan bella. El maltrato que sufrí de niño era muy difícil de curar. Aún lo es, pero gracias a esta práctica y al psicoterapeuta budista al que voy, ha habido una enorme curación. (Su nombre es S__ P__ y escribo su nombre aquí porque también merece ser escrito).

Mi tío J__ ha mejorado muchísimo. Hace unos días, fuimos de viaje a su granja. Era la primera vez que regresaba después de tres años. Llamó a sus vecinos y lloraba mientras les contaba que había estado medio muerto durante tres años y que si yo no lo hubiera traído a mi casa, sería un hombre muerto. Se lo contó a cada uno de ellos. Yo mismo estaba a punto de llorar. De hecho, lloré. Lloraba de amor por este hombre. Siempre fue un ser humano maravilloso. Y es genial verlo florecer de nuevo.

Ha vuelto a caminar, ya no come chocolates o dulces y ha comenzado a cuidarse. Está planeando arreglar la vieja granja y voy a ayudarle. (Las personas a las que se lo he contado no creen que sea posible.) Está considerando que volvamos a vivir allí. Ha empezado a soñar de nuevo, Thay. ¿No es hermoso? Voy a ayudarle en su sueño porque es posible. Ver a alguien tocar fondo y luego alzarse de nuevo. Como dijo uno de mis amigos: “No solo se ha recuperado, está mejor que nunca”. Y es verdad. Está lleno de nueva energía.

La gente no lo puede creer. Pero yo lo creo. Estoy viviendo un milagro, Thay. Ha sido muy duro, pero este es el fruto. Recé por mi tío. Le recé a Santa Teresa de Lisieux -ella dijo que pasaría su cielo haciendo el bien en la Tierra-. Es una bella dama. Y ella cuidó de mi tío. He venido a usted y fui a su casa. Vine a sus monjes y vine a sus hermanas. Usted ha traído a mi tío de regreso. Este es el milagro, Thay. Y es el milagro de la plena consciencia.

Es la poesía de lo posible. Muchas, muchas, muchas veces pensé escribirle una breve carta sobre mi adorable tío y acerca de cómo ha influido su práctica en mi vida. Se ha convertido en una carta muy larga. Usted dice que una buena pregunta es una pregunta corta y siempre ríe cuando lo dice. ¡Espero que eso no se aplique a una carta!

Voy a ayudar a mi tío en su sueño. La antigua granja se levantará de nuevo, de la misma forma en que mi tío se ha levantado. Yo también me he levantado, Thay. Tengo mucha más compasión por mí mismo. No bebo ni fumo ni tomo drogas. Estoy practicando con los catorce entrenamientos de la plena consciencia y me he hecho miembro de la Orden del Interser. Y mi tío es el fruto de mi práctica. Hay otros muchos frutos. Vamos a regresar juntos a Sligo. No sé cómo va ocurrirá, pero es posible.

Estoy haciendo un curso sobre cuidado de los ancianos que acaba a finales de junio. Entonces espero poder ganar algo de dinero. Puede ver que busco un medio de vida correcto. Esta es una de las maneras que he encontrado para hacerlo. Tengo la intención de presentarme para trabajar de nuevo en Plum Village durante el retiro de verano. Me encantaría ir al retiro de 21 días en junio ¿Qué sucede cuando morimos? pero el curso que estoy siguiendo no termina hasta finales de junio. Todos los miércoles por la mañana me siento con los moribundos en la residencia local y hablo con los residentes. Este es otro fruto de mi práctica. Me he matriculado para formarme en el servicio de asesoramiento del duelo de la Fundación de Centros Hospitalarios Irlandeses para poder trabajar tanto con los moribundos como con aquellos que han experimentado dolor en sus vidas. Esta es mi aspiración. Thay y la plena consciencia lo han hecho posible.

La razón por la que he escrito esta carta es para decirle que le quiero mucho, mucho. Y decirles a los hermanos y hermanas que los quiero mucho. Este es tan solo el relato de una pequeña vida. Usted está aquí, en esta casa, siempre, Thay. Lo sé. El hecho de que me vaya de Plum Village, el lugar, no quiere decir que Plum Village salga de mi corazón. Estoy más en Plum Village cuando no estoy allí que cuando lo estoy. Todos los monjes y todas las monjas están aquí también. Me han salvado la vida. Mi vida ha cambiado por completo desde que encontré la práctica. La única forma en la que creo que puedo darle las gracias es seguir practicando y cultivar la belleza en mi vida, haciendo el mejor uso del abono del sufrimiento.

Ya no huyo más, Thay.

Por la enorme belleza que ha traído a mi vida.

Gracias (Go raibh mile menth agat. Cien mil gracias)

PS: ¡Me senté delante en todas las charlas del retiro del verano pasado! Abrazo ahora todas las formas de belleza.

La segunda conferencia de Thich Nhat Hanh en las Jornadas internacionales de “Mindfulness” en educación

 

Despertándome esta mañana sonrío. Inspiro y sonrío. En realidad dispongo de veinticuatro  horas nuevas  para vivir. Es mucho. Hago el voto de vivir esas veinticuatro  horas nuevas  de forma  profunda. No voy a consentir que la ira, los celos… me impidan vivir plenamente todas esas horas. Voy a vivir estas veinticuatro  horas viendo a todos los seres que me encuentre con ojos de compasión.

Más tarde, mientras cepillas los dientes puedes igualmente ser feliz. Puedes por ejemplo apreciar el agua y mismamente ese tiempo que te das para limpiarse los dientes. Agradeces el agua que  llega hasta  a ti  por la  tubería desde la cima de la montaña o lo profundo de la tierra. En el más simple acto puedes imprimir conciencia. Hasta para el acto de sentarse hay un verso que puede recitar el novicio: “Me  siento aquí como Áquel que se  sentó delante del árbol del Body, me siento como un Buda. Me siento como una persona libre.”

Así hay hasta cinquenta versos como estos de forma que el novicio pueda imprimir  plena conciencia en cada momento del día. Permiten mejorar la calidad de la presencia durante la vida cotidiana. Hemos inventado incluso un verso para andar en bicicleta. No en vano soy uno de los primeros monjes budistas que se desplazaba en bicicleta. (risas…) Ahora es más corriente, pero entonces no lo era. Hemos creado también la meditación del teléfono. Inspiras y respiras. Antes de llamar te serenas. Las palabras que emitas han de ir dirigidas a promover más comprensión y amor. Esas palabras han de ser como  flores. Pronuncias el verso  y después llamas. Al otro lado hay otra  persona que probablemente también se habrá serenado y respirado. El teléfono puede ser como una campana. Puede llevar implícita una llamada de atención. A veces nos sobresaltamos con una llamada. Si llamas a  Plum Village y no te cogen, has de saber que están  respirando. (risas…) Por tu parte, tú también respira y aguarda a que al  otro lado cojan el teléfono. Hay un maestro en la India llamada “Shantum” (Desconozco la escritura del nombre. Nota del transcriptor). Nos encontramos con su madre. Ella ya practicaba este tipo de  meditación.

Imaginemos que en una ciudad como Barcelona toda la gente practicara la meditación del teléfono. De esta forma, por medio de la palabra se promovería más comprensión y amor. Sentándome, caminando, lavando los platos… puedo vivir en la plena conciencia. De hecho hay un verso  para cada uno de estos actos cotidianos. Puedo fregar con  plena conciencia. Incluso para antes de arrancar un coche hay un verso. Hay un verso también para cuidar de las emociones dolorosas. Todos esos versos son muy útiles para la vida de un practicante. La práctica de la plena conciencia es muy beneficiosa.

La primera pauta del practicante es proteger la vida. Has de protegerte a ti mismo, proteger la vida de los seres que amas, pero también de los animales, las plantas y minerales. Reverencia por lo tanto hacia toda la vida sin exclusión. Alberguemos reverencia y  compromiso de proteger la vida. Mucha gente joven se suicida cada día, pues no saben cómo manejar una situación difícil. La práctica de la plena  conciencia les puede ayudar a manejar situaciones difíciles. En Japón, por poner  un ejemplo, 30.000 personas se suicidan cada  año. En Hong  Kong, en los países occidentales hay cifras también alarmantes. Las personas se suicidan cuando no  aciertan a manejar las emociones difíciles. Con la ayuda de la plena  conciencia podemos ayudar a salvar esas vidas.

Hay que dejar de pensar para que ese tipo de pensamientos no se hagan más fuertes. Puedes practicar la respiración consciente profunda. Llevas toda tu emoción abajo y pones tu atención en un subir y bajar del abdomen. Puedes  tumbarte y tomar conciencia del subir y bajar del abdomen. Mantienes ahí la concentración. Una emoción fuerte llega, se queda un rato y se va. Una emoción es algo  pequeño y tú eres mucho más grande que esa emoción. ¿Por qué necesitas morir a causa de una emoción? Una emoción es como una tormenta que viene y marcha. Necesitamos primero comprender esa clase de emoción para manejarla.

Dejamos de pensar al colocar la atención al nivel del ombligo. La emoción viene pero desaparecerá. Unos minutos después ya no estará. Me diré: “Yo no tengo miedo, yo he aprendido cómo manejar esa emoción”. No he de esperar a tener emociones fuertes para practicar la respiración profunda o del abdomen. Hemos de practicar de forma que esa respiración se convierta en un hábito. Una vez que llega la emoción fuerte, la abrazarás como una madre a su hijo. Te puedes hacer tú mismo una meditación guiada. Respirarás con esa emoción fuerte. Como maestros de educación, podemos  igualmente llevar esta meditación de las emociones fuertes a las aulas. Si hay un niño que tiene una crisis, podemos pedir a toda la clase que practique. Al generar la energía de la plena conciencia y de la paz y ayudamos a ese niño en su crisis. En verdad entonces sufrirá mucho menos. Padres y profesores deberían practicar la meditación profunda en el abdomen para poder ayudar a los chavales en la escuela.

Hay un segundo entrenamiento que consiste en la búsqueda de la verdadera felicidad. Mucha gente piensa que la felicidad está  hecha de fama, dinero, placeres sensuales…, sin embargo muchas personas que detentan esas cosas, sufren e incluso cometen suicidios. Debemos ayudar a los jóvenes a comprender que la felicidad verdadera está hecha de comprensión y de amor. De hecho el amor nace de la comprensión verdadera. Es útil preguntar a los jóvenes: “Cariño, ¿crees que te entiendo? Sino ayúdame por favor.” Comprendernos a  nosotros mismos ayudará a la otra persona. A la persona que amamos podemos ofrecerle comprensión. En el verdadero amor esa comprensión se acrecienta. Hemos de comprender el sufrimiento en él o ella. Un padre puede motivar a un hijo a ser feliz. La compresión es muy importante. “Hijo, ¿crees que entiendo tus dificultades?” El hijo también dirá: “Padre, ¿crees que llego a comprender tus dificultades? Dímelo por favor.”

Amar es comprender. Comprender es la otra denominación del amor. Si no comprendes a la otra persona, no puedes amarle. He ahí el verdadera razón de la felicidad. La plena conciencia nos ayuda a comprender que la felicidad verdadera está  hecha de amor y  compasión. El Reino de Dios es el Reino donde hay mas comprensión y amor. Podemos hacer de la tierra un Reino para todos.

En la práctica de la plena conciencia sabemos que el deseo sexual destruye el amor y crea mucho sufrimiento. La gente joven no sabe lo que es el amor de verdad. En cuanto padres deberemos ayudarles. ¿Qué es el amor de verdad? No terminan de alcanzar a conocer lo que en verdad representa el amor verdadero. Un joven pidió a su novia que le diera una foto de ella desnuda. La chica no quería enviarle esa foto, sin embargo también tenía miedo de que él la abandonara y se sintió obligada a enviársela. Él a su vez la  reenvió a sus amigos. Hechos como éste ocurren a menudo. Es importante enseñar que el verdadero amor está hecho de benevolencia, alegría, comprensión y no discriminación; que el verdadero amor no equivale a relaciones sexuales.

El primer elemento del verdadero amor es “maitri”, amor incondicional. Representa la amistad, la hermandad con todo su inmenso poder de generar alegría y felicidad. Podemos ayudar a suscitar verdadera amistad. Es preciso comprender cómo a veces queremos hacer a alguien feliz y sin embargo le hacemos sufrir más. Si respiras y caminas plenamente, restableciendo tu belleza, tu frescura, te encontrarás en condiciones de  dar amor de verdad y generar en la otra persona auténticas alegría y felicidad. La gente joven puede hacer esa práctica.

El segundo elemento de verdadero amor es “karuna”, es decir  ayudar a alguien a sufrir menos, llegar a transformar el sufrimiento que habita en él o en ella. En ese sentido, la escucha compasiva puede ayudar a sufrir menos. Comprendiendo su sufrimiento le ayudamos a que se exprese su corazón. El amor verdadero tiene que tener  “karuna” , es decir capacidad de ayudar a mermar el sufrimiento. Habitados por la energía del amor y la compasión se puede ayudar simplemente estando al lado, compartiendo tu amor y tu alegría.

El tercer aspecto del verdadero amor es “mudita” o verdadera alegría, “enjoy” El amor necesita generar alegría. Ésta constituye en realidad la marca del verdadero amor. Si a tu pareja le haces sufrir  hasta el punto de llorar, eso no representa verdadero amor. “Upeksa” es el cuarto y último elemento del verdadero amor. Representa la no discriminación. No hay discriminación entre él y ella. No puedes decir: “Cariño es tu problema”. No hay discriminación entre el amante y el amado. Tu felicidad es la suya, su sufrimiento el tuyo. Si es amor verdadero, crecerá cada día; si deja de crecer, no será verdadero amor. Nada puede vivir sin nutrir. Si la depresión continúa es porque ese amor no  ha sido nutrido. Si dejamos de nutrir el amor, decaerá. Si no sabemos cómo nutrir el verdadero amor, morirá. Ayudar a que nuestro amor crezca cada día, es garantizar la continuación de ese amor. Empieza con dos personas, pero irá poco a poco incluyendo a más. No amarás a esa persona porque es del mismo país o sigue las mismas creencias religiosas. Tu amor crecerá hasta el punto de abrazar a todos los seres humanos incluyendo las plantas y los animales. Eso es “upeksa”.

El amor verdadero necesita por lo tanto ser practicado en las escuelas. Los profesores han de saber del amor verdadero. Los profesores pueden encarnar el amor verdadero. Escuchamos con compasión para poder restaurar la comunicación. En caso de los maestros, debemos hacerlo primero con personas de la familia. Una vez practicado con la familia, lo haremos con los compañeros de la escuela. Finalmente podemos llevar la práctica a la propia aula. Se pueden así superar la diferencias generacionales. Es muy positivo juntarse los estudiantes y profesores y hablar del sufrimiento que unos y otros albergan. Podemos decir al alumno que sufre: “Cuéntanos tu sufrimiento. Toda la clase escuchará con compasión”.

Necesitamos tener tiempo para hacer estas prácticas. En el retiro que acabamos de realizar en  Madrid, un niño de once años me confesó que sufría. Sufría incluso cuando su madre le decía buenas noches… “Querido Thay, tengo dificultades hasta para dormir. Mi madre me impone muchas cosas”. La madre pensaba que actuaba correctamente, pero no funcionaba. Respondí al niño y le dije que las madres tienen sus propias dificultades y sufrimientos: “No le has ayudado a tu madre. Piensa en ella, no sólo en tu sufrimiento. Pregúntale a tu madre por su clase de sufrimiento, por las dificultades que ella también tiene. Quizás no sepa de cómo manejar esa situación…” Mientras que respondía a ese niño, muchas madres que estaban en la sala lloraban. Enseñando la práctica, podemos ayudar a sufrir menos. Cuando los jóvenes comprenden las dificultades de los padres, también les pueden ayudar. Hemos organizado retiros para la gente joven y hemos podido comprobar que después han sido capaces de restaurar la comunicación. Los estudiantes también pueden ayudar a los padres a que sufran menos. Ello es posible gracias a la práctica de la plena conciencia.

Palabra amorosa y escucha amorosa proporcionan el milagro de la reconciliación. Si las personas en cuestión han estado en el retiro será más  fácil, pues la semilla de la reconciliación ya habrá sido regada previamente. De cualquier forma también puedes servirte de tu móvil. Animamos a utilizar el teléfono antes de finalizar el retiro.  Muchas parejas han podido alcanzar la reconciliación antes de finalizar el retiro. En el ámbito de la educación, como profesores podemos mejorar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje. De esta forma los profesores disfrutarán de enseñar y los estudiantes de aprender. Es preciso hacer algo para que los profesores y los estudiantes puedan disfrutar. Podemos compartir nuestras dificultades y sufrimientos y lograr así avanzar en ese camino de la mutua comprensión.

Podemos igualmente ayudar a que los estudiantes sufran menos guiando una sesión de meditación profunda. Podemos hacerlo tumbados o sobre la hierba. Si vemos que alguien sufre, podemos ir a él o ella y preguntarle por qué está sufriendo. Si resulta que su madre está en el hospital y no sabe si va siquiera a sobrevivir, el profesor se dirigirá a la clase. Todo el grupo practicará el ejercicio del respirar juntos en plena conciencia para enviar energía sanadora a su madre. Así ayudaremos también a calmar el estudiante y después podremos continuar la clase. Observaremos de esta forma el porqué de un comportamiento. Comprendiendo el sufrimiento, podremos hacer que todo sea más fácil en el trabajo de enseñar y aprender.

Henry era un profesor que después de estar en Plum Village comenzó a practicar la plena conciencia. Los otros profesores le miraban al comienzo extrañados, pero pronto pudieron comprobar lo mucho que esa  práctica ayudaba en la mejora de la enseñanza. Así es como la transformación y la sanación tuvieron lugar. En otras clases comenzaron a seguir ese ejemplo. Una vez a Henry le llegó el momento de la jubilación, la dirección del centro le pidió que se quedara más tiempo, pues tal era el grado de armonía que había logrado llevar a las aulas. Observamos así pues como palabra amorosa y la escucha profunda mejoran la calidad de la enseñanza y el aprendizaje.

La plena conciencia la podemos igualmente practicar en el ámbito del consumo consciente. Nuestra sociedad piensa mayoritariamente que la felicidad consiste en tener el suficiente dinero  para ir a las tiendas y supermercados y comprar lo que queramos. Sin embargo nosotros sabemos que la verdadera  felicidad es el amor y la comprensión y eso no se puede comprar en ningún supermercado. De eso también se puede hablar en el aula.

Hay cuatro clases de nutrición:

El primero el comestible, lo que ingerimos a través de la boca. Debemos de comer de tal forma que mantengamos la compasión en nuestro corazón y ayudemos  a los seres vivos del planeta. El consumo de carne y de alcohol ha hecho mucho daño. La industria  cárnica contamina  más incluso que la del coche. Hace mucho  daño al medio ambiente. Mientras  mucha  gente muere de hambre, la cantidad de pienso que hace  falta para alimentar al ganado es gigantesco. Buda nos cuenta la historia de la pareja  joven con su criatura que busca refugiarse  en otro país. Necesitan atravesar un desierto en su exilio. Se quedan sin comida. Deciden matar a su hijo para poder sobrevivir  consumiendo su carne. “¿Dónde está ahora nuestro hijo querido…?”, se preguntaban. Consiguieron salir del desierto y sobrevivir. El Buda preguntó si la pareja disfrutaba del consumo de la carne de su hijo… Por nuestra parte ¿Vamos por lo tanto  a consumir de forma que no necesitemos matar a nuestros hijos e hijas? La cantidad de grano que se emplea para hacer  alcohol y carne es la que se necesitan para salvar muchas vidas. Sin ese consumo podríamos salvar la situación en la tierra. Si lo reducimos de forma  significativa, preservaremos la vida.

La segunda forma de nutrición son las emociones sensoriales. Al mirar televisión, escuchar música…, consumes. Quizás ello contenga  toxinas y eso no es bueno para nuestra salud. Hay niños que pasan  hasta cinco horas diarias delante de los juegos electrónicos o la televisión. Ello no es bueno para su salud física y mental. Igualmente una conversación puede ser tóxica si las palabras están cargadas de violencia y de ira. Deberemos de reflexionar también sobre este consumo. Necesitamos practicar la plena conciencia también en este tipo de consumos. Los anuncios cultivan en ti la urgencia de comprar, aunque no lo necesites. Te hacen creer que la felicidad depende del consumo de cosas. Sin embargo nosotros sabemos que la verdadera felicidad está hecha de amor y comprensión.

Muchas noticias de  los diarios nos llegan igualmente cargadas de ira y violencia. El respirar en paz no constituye noticia. Las historias que leemos contienen a menudo exceso de ira, desespero y violencia. Estábamos en Nueva Delhi cuando se celebraba el aniversario de la muerte de Ghandy. Un periódico de la ciudad  nos invitó a hacer un editorial, así que fuimos a la redacción. Justo ese día había habido una bomba terrorista. ¿Debemos dar la noticia de forma que genere más violencia o deberemos comprender por qué los violentos obran  así? Los terroristas motivados por el odio no necesitan castigo. Necesitan ayuda. Ese sentimiento de compasión hacia quien causa  sufrimiento se ha de alentar también en los  lectores. Hay que regar las semillas del amor y la comprensión de quienes leen o escuchan las noticias. De lo contrario, si sembramos las semillas del odio, nos podremos  ver sumidos en una  guerra.

La tercera forma de alimento es la volición. Cada uno de nosotros deberíamos tener tiempo para discernir qué queremos hacer con nuestra vida. ¿Aspiramos a ser el número uno, tener dinero, fama, deseos sexuales…? ¿Pretendo ir en definitiva detrás de objetivos que me pueden hacer daño? Eso no es buen alimento. Si estas motivado por el deseo de prevalecer ante los demás, por la ira…, eso no es un buen alimento. Cambiar el mundo en una buena dirección, ése es un buen alimento.

A esta forma de alimento se le denomina  también la aspiración. Encontrar un sentido profundo a la vida, de forma que pueda tener algo de significado. Si soy un maestro puedo transmitir a los estudiantes una vida sencilla. Los monjes y monjas por ejemplo no tienen cuenta corriente, casa privada, coche… y aún y todo son personas felices. Actuamos no como individuos, sino como una comunidad, sabemos que tenemos el ideal de ayudar a los demás a sufrir menos. Los profesores deberían tener también esta  aspiración de ayudar  a los estudiantes a sufrir menos, trascendiendo por ejemplo los deseos sexuales…

El último alimento es la conciencia. Consumimos nuestra propia conciencia. Consumimos nuestra conciencia para sobrevivir. Consumimos el cielo y el infierno. En el budismo hablamos de la conciencia en términos de semillas. Hablamos de semilla de hermandad, de comprensión, de perdón, de hermandad… Si  sabemos cómo  regar esas  semillas el paraíso, estarán  ahí para poder hacer  florecer  el Reino de Dios. Regando esas semillas positivas, inauguramos ya dentro de nosotros mismo el Reino de Dios. También el sufrimiento que no ha sido comprendido y transformado, que ha sido  transmitido de generación en generación, constituye  nuestro infierno. Continuamos sufriendo el sufrimiento de nuestros antepasados. Hemos podido sufrir abusos con violencia, pero el momento presente es maravilloso. A menudo sin embargo no somos capaces de establecernos en el momento presente, pues hemos tenido un pasado  doloroso. Es así como somos arrastrados hacia el sufrimiento del pasado. Por eso diremos: “Cariño la vida es preciosa en el momento presente, por qué siempre  vuelves a ese rincón oscuro del pasado. Hay un paraíso en el momento presente para que lo disfrutes, ¿por qué tienes que ir a ese rincón?”

Los psicoterapeutas hacen algo similar. Hay grupos con mucha rabia, llenos de desesperación. Hay en realidad barrios enteros así. Todo el mundo en ese barrio genera violencia y resentimiento cada día. Es difícil en esos  barrios ser feliz. Deberás despertar y salir de ese lugar para no consumir esa energía de odio, para no construirte con ira. Después de haber sanado, podemos volver para ayudar, pero no antes. ¿Cómo transformar un barrio entero lleno de violencia y de miedo y crear una comunidad donde reine la alegría? ¿Cómo fomentar un entorno  saludable de forma que nuestros hijos crezcan como personas felices?

Pertenecer a un grupo nos ayuda practicar, a resistirnos a la energía colectiva de la rabia  y así sanarnos a nosotros y a quien consideramos los enemigos. No necesitamos establecer un país separado, divorciado. Si queremos crear una nación nueva, es porque no pensamos lo suficiente en valores como la unión y la hermandad. Si nosotros y los jóvenes vivimos con los valores de la nueva conciencia, la sanación es posible. Los maestros de escuela  deberían  encarnar esa energía de la plena conciencia.

La primera conferencia de las Jornadas internacionales de “Mindfulness” en educación.

 

En la imagen, el aforo del paraninfo de la Universidad Central de Barcelona durante la conferencia.

Ser feliz es un hábito. Hemos de desarrollar el hábito de ser paz y felicidad. Si llevamos nuestra atención a la respiración algo grande acontece. Tu mente se libera de cualquier otra cosa, como los remordimientos y las cosas del pasado. Al mismo tiempo, soltamos nuestro miedo y nuestra incertidumbre hacia el futuro. Unos segundos pueden ser suficientes para proporcionarnos libertad con respecto al pasado y el futuro. Inspirar puede ser algo agradable, placentero. La energía de la plena conciencia nace en el momento en que inspiras. La respiración nos ayuda a mantenernos en el momento presente. Sólo necesitas unos segundos para devolver la mente a tu cuerpo.

La alegría y la paz están disponibles en el momento presente. No estás perdido en el pasado, ni en el futuro. Al regresar tu mente a tu cuerpo, entras en contacto con las maravillas de la vida que están ahí. Quienes estamos acostumbrados estos ejercicios, sabemos que cuando respiramos, entramos en plena conciencia. Nuestro cuerpo es una maravilla. Si notas que tienes tensión, puedes ayudar a relajar tu cuerpo con la respiración. Esta es un de las principales prácticas del “mindfulness”. Inspirando tomo conciencia, expirando suelto el cuerpo.

En su ámbito, los estudiantes también van acumulando tensiones. La práctica de la inspiración y la respiración consientes no exige ser budista… La energía de la concentración, nace de la plena conciencia. Ello nos trae también la semilla de la visión profunda… No necesitamos más para ser felices aquí ahora. Somos mucho más afortunados que mucha gente en este planeta. Inspirando por ejemplo me hago consciente de mis ojos. Me doy cuenta de que están en muy buenas condiciones, ello ya constituye una razón para la felicidad.

Podemos generar dentro de nosotros felicidad, no debemos de correr hacia el futuro para crear felicidad. Un practicante de “mindfulness” sabe crear condiciones de felicidad en cada instante. Podemos combinar respiración y pasos. Poniendo atención en esos pasos que tocan la tierra. Camina como si estuvieras besando la Madre Tierra, Eres plenamente consciente de tus pies tocando la Madre. Mientras tocas suelo puedes decir: “He llegado. Estoy aquí”. He llegado al destino de la vida, porque la vida está aquí y ahora. He llegado al momento presente donde la vida esta disponible. Llegas a cada paso, llegas a cada respiración. Has estado corriendo detrás de cosas a lo largo de la vida, pero ya estás aquí…

Hemos sacrificado el presente por el futuro. Ya no queremos correr, pues nos sentimos confortables en el momento presente. Paramos a cada paso y decimos “He llegado”. Quines hemos practicado un poco, podemos estar llegando a cada paso. Invierte todo tu cuerpo y tu mente en ese paso. Invierte todo tu ser. Sonríe por esa victoria y da otro paso. Mi casa está aquí en el momento presente. Si sabes caminar viviendo el momento presente, te darás cuenta de que el Reino de Dios está aquí y ahora. Un paso te puede permitir entrar en el aquí y ahora a cada instante… Basta que observes atentamente una flor para poder ver el Reino de Dios ahí, en ella… En realidad es lo mismo una flor, un pájaro, una nube… Si entras en contacto profundo con estos elementos te darás cuenta de que el Reino de Dios está siempre a tu alcance. El Reino de Dios permanentemente disponible, ¿pero estás tu disponible? Entras en el Reino practicando cada día de una forma más profunda. La verdadera felicidad está hecha de amor, compasión, concentración… Podemos generar esos elementos de felicidad en cualquier momento. La práctica de la plena conciencia es el arte de la permanente alegría. Con energía de la plena conciencia puedes manejar aquellas coyunturas dolorosas. Puedes sonreír al sufrimiento y abrazarlo en tu interior.

En un comienzo alguien entrenado en la plena conciencia nos puede ayudar. Con la práctica sufriremos menos. En el caso que ahora nos atañe de los estudiantes, aunque sean jóvenes albergan ya dolor en su interior y la práctica de plena conciencia le puede sin duda ayudar. La compasión tiene el poder de sanar la ira y las emocionalidades negativas. La ira nos enferma. Si no nos desprendemos del sufrimiento, seremos su víctimas. Si sabes cómo sufren por ejemplo los estudiantes, les puedes ayudar.

Puedes ayudar a superar el sufrimiento bien hablando o escuchando: “Dime qué hay en tu corazón, háblame de tus dificultades, ayúdame a comprender.” Durante la escucha puedes hacer emerger la compasión, y esta compasión te protege. Palabras amargas pueden sembrar semillas amargas dentro de ti. Inspirando te recuerdas. Estás escuchando a una persona con un solo propósito: que se vacíe. No puedes trasformar esa situación en una dialéctica. Escucha y mantén la conciencia. Estás protegido por la compasión y puedes estar ahí durante una hora si es preciso.

Si queremos ayudar a los demás hemos de escuchas previamente nuestro propio sufrimiento. Cuando ya hemos escuchado nuestro propio sufrimiento, podemos escucha el sufrimiento del prójimo. Entonces podemos practicar con nuestros colegas, pues todos sufrimos. Los estudiantes piensan que sólo ellos sufren y que por el contrario los profesores no sufren. A los profesores les puede ocurrir por su parte otro tanto. Sin embargo los profesores no hemos sabido abordar el sufrimiento. Ahora podemos ayudar al estudiante, mediante la escucha profunda, a desprenderse del sufrimiento. Comprendiendo el sufrimiento, sabremos cómo enseñarles a que sufran menos, ayudarles a que sufran menos. Nuestro aula será de esta forma un espacio de más paz y alegría. Cuando vives en paz y en alegría estás en condiciones de transmitir esa paz y esa alegría a tus congéneres. Después de haber ayudado a la familia, podrás ir a los compañeros de trabajo, a los estudiantes. El principio al fin y al cabo es el mismo, es decir que ellos vuelvan a sí mismos y puedan ayudar a otros.

El camino hacia fuera está adentro. Disfruta del Reino de Dios a cada paso. Hemos de entrenarnos a caminar en el Reino de Dios. Por ejemplo pronuncio “He llegado” (Dos veces). “Estoy en casa” (Tres veces). En realidad puedes inventarte tú mismo tus propias palabras para ayudarte. Esa es la dirección del Reino de Dios. “Soy sólido, soy libre…” Te anclas en el momento presente y cultivas la solidez. Al estar establecidos firmemente en el momento presente, somos libres. Caminamos como personas libres. Disfruta cuando apagas “la radio” constante de tus pensamientos. Hazte al hábito de disfrutar de tus pasos y de la respiración. La solidez y la estabilidad te aporta felicidad. “Soy sólido y por lo tanto soy libre.”

Podemos igualmente generar juntos una energía poderosa que auspicie la transformación. Esto se aplica también al comer consciente. De esta forma disfrutamos por supuesto de la comida, pero también de la presencia del grupo. Todo el mundo puede contribuir a sumar a la energía de la plena conciencia. Por poner un ejemplo: Un segundo es suficiente para ver el sol dentro de la zanahoria, el sol, las nubes, el agua, la tierra…, también al propio el labrador. En un solo segundo de contacto antes de la ingesta, te puedes poner en realidad en contacto con todo el universo.

Observa que en realidad, ese simple trozo de zanahoria representa el cosmos infinito. En el marco del sacramento de comunión católica, se realiza algo semejante. En ese sacramento entramos igualmente en contacto con el sol, la madre tierra, el cosmos… Ellos llegan a ti como amor. Basta masticar con conciencia ese trozo de zanahoria. En ese instante no llegan tus miedos. En ese instante sólo desembarca el agradecimiento, la admiración por la zanahoria. A mismo tiempo sientes la presencia de los demás compañeros generando la energía de la plena conciencia y de la alegría.

El noble silencio es muy elocuente. El noble silencio nos susurra la unidad, la hermandad. En Plum Village compartimos así nuestra comida y nuestra cena y nos damos cuenta de que son francamente nutritivas. Por último hemos de decir que la campana es también un recuerdo, un llamado para aparcar nuestros pensamientos y volver a nuestra casa aquí y ahora. En realidad podríamos decir que el sonido del “gong” no se acerca de fuera. Viene del Buda de dentro de nosotros que nos dice que volvamos a casa, que volvamos a estar vivos, que resucitemos. Sin plena conciencia no estamos vivos. La campana nos ayuda volver a nosotros mismos. La plena conciencia viene a ser algo así como el Espíritu Santo en el marco de la tradición católica. La plena conciencia tiene la capacidad de sanar y Jesús estaba habitado del Espirítu Santo.

Durante el tiempo que nos sentamos y respiramos juntos la campana nos ayuda a volver al aquí y el ahora. No escuchamos sólo con nuestros oídos, podemos escuchar igualmente con cada una de nuestras células. En ese instante tal vez podamos también invitar a todos nuestros antepasados. En realidad nuestros antepasados están vivos en cada célula y podemos volver con ellos en cada sonido de la campana. Podemos invitar a los antepasados a que escuchen también la campana. El maestro de la campana esta ahí para invitarnos a volver sobre nosotros mismos. Escuchamos, escuchamos, escuchamos… Este sonido nos retorna a nuestro verdadero hogar, nuestra verdadera casa que está aquí y ahora. Este maravilloso sonido me ayuda a volver al Reino de Dios. Todo eso lo vamos a hacer juntos. Ello nos ayudará a sanar.

FELICES PASCUAS

 

“Se necesita entrenamiento para amar correctamente; y para ser capaz de dar felicidad y alegría, debes practicar la mirada profunda dirigida hacia la persona que amas. Porque si no comprendes a esta persona, no puedes amar correctamente. La comprensión es la esencia del amor. Si no puedes comprender, no puedes amar. Éste es el mensaje del Buda.” – Thich Nhat Hanh

HAY ALGO ESPECIAL EN TI

Lo veo en tu mirada
Lo capto en tu intención
Lo entiendo en tus explicaciones
Lo escucho en tu voz
Lo comparto en tus emociones
Lo acompaño en tu caminar
Lo abrazo en tu sentir
Lo leo en tus semillas
Lo oigo en tu silencio

Sólo tengo que detener mis inercias y poner un poquito de atención.
Observar que hay de especial en ti.
No quiero perderme las maravillas que me rodean.
Quiero aprender a reconocer a todos los seres especiales que están presentes en mi vida.

Sé, que solo tengo que observar y reconocer que hay en ti.
Sé, que solo tengo que observar y reconocer que hay en todo lo que me rodea.
Nada es ni bonito ni feo.
Simplemente especial.

A todos nos ha costado mucho llegar dónde estamos. Ser lo que somos.
Han sido infinitas condiciones las que se han dado para que todo esto suceda.
Cada uno de nosotros es especial y único.
Y nos encanta SER RECONOCIDOS, pues la vida está llena de milagros.
La apreciación y el reconocimiento son también uno de ellos.

Del pensamiento a la intención.
De la palabra a la acción.
Más allá de lo que creemos ser, está nuestra inspiración.
Lo que evocamos y transmitimos al mundo.

Este TILO que refleja la foto, es mucho más que un árbol.
Él representa para muchos de nosotros una inspiración.
La ilusión de sentirnos bajo su protección, nos hace regresar a Plum Village.
Incluso sus hojas secas nos traen paz y calma cuando las injerimos en infusión.
Su fuerza está más allá del tamaño y la apariencia.
Nos provoca AMOR, su presencia, su serenidad y ha sido nuestra mirada profunda quien lo ha convertido sencillamente en UN SER ESPECIAL.