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INSPIRACIONES SOBRE EL LIBRO Llamádme por mis verdaderos nombres

Este escrito traslada al presente la mirada de interser de Llamadme por mis verdaderos nombres, de Thich Nhat Hanh. A través de situaciones cotidianas que pueden causarnos malestar, nos invita a explorar nuestra identidad y a relacionarnos con empatía, humildad, generosidad y comprensión.

Quizás al lector le apetezca intentar escribir su propia versión sobre algún incidente que le haya ocurrido hace poco.

Soy el conductor que vuelve a casa por la noche, en su nuevo y reluciente todoterreno, cansado después de un día complicado de trabajo, y soy el repartidor de comida preparada, que vive de las propinas, que se desplaza en patinete, sin casco, y que para llegar rápido al siguiente destino se cruza de carril, rozando al todoterreno.

Soy la anciana, sin familia, cobrando la pensión mínima, que rebusca en su cartera monedas para pagar unos yogures rebajados, a punto de caducar, y no las encuentra, y soy el comprador, que tiene que recoger a los niños del colegio, cargado en el supermercado con la compra semanal, esperando en una cola atascada por una anciana que tarda mucho en pagar.

Soy al que a las 3 de la madrugada despierta la sirena de la ambulancia que suena en la calle, y el ruido del ascensor y las voces en la escalera, y soy mi vecino, al que se lleva la ambulancia, con un infarto al que tal vez no sobreviva.

Soy mi hijo de 16 años que caracolea por Madrid con su pequeña motocicleta, al que insulta un conductor extranjero desde una furgoneta de reparto, y soy el conductor ecuatoriano, lejos de su patria, donde siguen sus 4 hijos y su mujer, a los que no ve desde hace tres años.

Soy el vanidoso ciudadano español, nacionalista, harto de pagar impuestos, ingresado en la UCI de un hospital público, y soy el médico cubano, negro, que porque hizo el juramento hipocrático intenta sanar a un ciudadano intolerante.

Soy el español nacido en Ceuta, de familia arraigada allí desde hace 100 años, que ve desde hace semanas por su ventana a miles de foráneos sucios, vagando por la calle, y soy Oumou, a quien practicaron la infibulación a los dos años en Mali, violada dos veces en el viaje de huida hasta Ceuta, donde busca comida por las calles.

Soy el padre del adolescente al que trasplantaron un riñón hace justo un mes, esperando a ser vistos en consulta, incómodos, de pie en un pasillo, sin que le cedan asiento, y soy el donante altruista de riñón hace justo un mes, que espera sentado e incómodo en un pasillo a ser visto por una infección de la herida quirúrgica.

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