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Libro recomendado /   La sociedad del cansancio

Del «Debes» al «Puedes»: La trampa de la autoexigencia
Byung-Chul Han expone que la sociedad actual ya no es aquella comunidad disciplinaria regida por instituciones externas que prohíben o imponen deberes rígidos. Hoy, la colectividad se organiza bajo el lema del rendimiento. El mandato sutil pero implacable es: «Tú puedes».
Bajo esta luz, la persona se convierte en emprendedora de sí misma, transformando la libertad en una forma paradójica de auto explotación. Ya no hace falta un amo externo; la mente se convierte en su propio capataz, persiguiendo una optimización constante que abarca el trabajo, el ocio e incluso el propio bienestar. El resultado inevitable de esta carrera sin meta es el colapso del alma: el burnout o el cansancio crónico.

El olvido del ser y la hiper-atención
El análisis filosófico destaca cómo la saturación de estímulos y la multitarea nos devuelven a un estado de alerta primitivo, similar al de un animal en la selva que debe comer mientras vigila su entorno. Esta «hiper-atención» es dispersa y superficial; destruye la capacidad humana para la contemplación profunda.
Quienes caminan por el sendero de la plena consciencia reconocen de inmediato este estado como la pérdida de la agudeza mental y la desconexión del momento presente. Cuando el pensamiento se vuelca exclusivamente hacia el hacer, la producción y el logro, marchita la capacidad de habitar el aquí y el ahora. Nos convertimos en seres fragmentados, perdiendo el contacto con los milagros de la vida que solo florecen en la quietud.

La respuesta de Plum Village: El arte de no Hacer
Frente a la inercia del rendimiento, la práctica de la plena consciencia no se presenta como otra tarea para perfeccionar el currículum espiritual, sino como un refugio de resistencia. En Plum Village, la enseñanza del no-hacer (aimlessness o la ausencia de metas) desarma directamente la lógica de la sociedad del cansancio.
Detenerse y respirar: Cada vez que el sonido de la campana invita a respirar y regresar al cuerpo, se rompe el ciclo del rendimiento. No respiramos para ser más productivos mañana; respiramos para reconocer que ya somos suficientes hoy.
El descanso como acto de amor: Thich Nhat Hanh recordaba a menudo la importancia del descanso total. Cuando el cuerpo descansa, la tierra interior se regenera. La meditación no es un esfuerzo para alcanzar la iluminación, sino un acto de entrega donde la mente permite que el cuerpo sane.

«Ya hemos llegado, ya estamos en casa». Esta flor de sabiduría de la tradición es el antídoto directo a la sugerencia constante de que nos falta algo por lograr o alcanzar.

El cansancio que une frente al cansancio que aísla
Hacia el final de su obra, Han distingue entre dos tipos de fatiga. Existe un cansancio solitario, que surge del agotamiento del yo encerrado en sí mismo, un cansancio que separa, incomunica y destruye la empatía.
Sin embargo, el filósofo vislumbra la posibilidad de un cansancio elocuente, una fatiga compartida que baja los brazos, abandona las armas del ego y permite el nacimiento de una comunidad verdadera. Es el cansancio del sosiego, el que ocurre cuando la comunidad se sienta junta tras una larga jornada, compartiendo la vulnerabilidad de la existencia sin necesidad de aparentar fortaleza.
En la sangha, este cansancio se transforma en interser. Al reconocernos cansados de la prisa del mundo, nos sentamos en círculo y permitimos que la energía colectiva nos sostenga. La inclusión y el cuidado mutuo florecen de manera natural cuando comprendemos que el sufrimiento del agotamiento no es un fracaso individual, sino un peso compartido por quienes caminan a nuestro lado. La práctica de caminar despacio sobre la tierra se convierte, entonces, en un bálsamo silencioso para la agitación del mundo.

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