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Artículo// Dana es libertad y no-miedo

Un maestro que conocí en EE. UU. en Insight Meditation Center preguntaba: «¿Cuándo escuchas la palabra Dana, qué es lo primero que te viene a la cabeza?» Y respondía: «a la mayoría de nosotros, el signo del dólar. Más tarde aparece la traducción de la palabra pali Dana: generosidad».
Un monje de la “Tradición del Bosque” decía otra cosa sobre Dana: «Todo es Dana. Se nos ha dado una vida. Se nos han dado cuerpos. Estamos en un universo de Dana y formamos parte de él. Dana no es una donación. Pero se comercializa y se trivializa como tal». Existe, pues, un conflicto inherente en querer honrar la tradición de unas enseñanzas que se dan de forma libre y gratuita con las estructuras y las instituciones modernas. El auge del mindfulness corporativo es un reflejo de ello.

Veamos Dana en su contexto original: es la primera de las seis paramitas (en algunas tradiciones budistas se amplían a diez). Las paramitas son las cualidades de la mente del bodhisattva, el ser iluminado que ayuda a llevar a las otras personas a la otra orilla, la orilla de la liberación. Pueden verse como prácticas a cultivar; sin embargo, en su aspecto más profundo, son también cualidades de la mente y percepciones del sendero a seguir. Dana se convierte así en una hermosa palabra que significa generosidad, generosidad de mente. 

Pero, sentados en meditación, ¿cómo practicar la generosidad de la mente? ¿Qué es lo que damos? Las enseñanzas nos hablan de cuatro regalos que podemos dar. Podemos aportar soporte material, como alimento o vestuario. Podemos dar protección, seguridad. Podemos dar enseñanzas, el Dharma. Y lo más importante, y sutil a la vez, podemos dar el regalo del no-miedo. El regalo del no-miedo aparece en el Sutra del Corazón: “los bodhisattvas enraizados en Prajna Paramita, no encuentran obstáculo para sus mentes. Al no tener obstáculos, ellos superan todos los miedos”.
 
En la sala de meditación practicamos este no-miedo, esa libertad, de forma que lo podamos compartir generosamente con otras personas en la vida diaria. Por contra el miedo, la esclavitud, fomentan la avaricia, no la generosidad. Nuestra creencia de quienes somos, edificada desde una infancia que nos ha condicionado, tiene un profundo sentido de inferioridad (no soy suficiente), o de orgullo (soy mejor que nadie), en definitiva de separación. Y desde la debilidad o desde la soberbia surge la avaricia. La Dana paramita es la medicina que Buda, que decía de sí mismo que era médico, nos regaló.

Jaime Locutura Sangha de la Luna Nueva (Burgos)

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