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Maestro Thich Nhat Hanh

 

 

 

En 2014 Nhat Hahn, que tiene ahora 92 años, sufrió un accidente vascular cerebral en Plum Village, el monasterio y centro de retiro situado en el sudoeste de Francia, que fundó en 1082 y que era también su domicilio. Aunque no pudo recuperar la palabra siguió estando presente en la Comunidad, usando su brazo izquierdo y sus expresiones faciales para comunicarse.

En octubre de 2018 sorprendió a sus discípulos al informarles de que le gustaría volver a Vietnam para pasar sus últimos días en el templo raíz de Tu Hieu en Hué, en el que se hizo monje a los 16 años.

Como escribía Liam Fitzpatrick en la revista Time, Thich Nhat Hahn fue exiliado de Vietnam por su activismo antibelicista en 1966, hasta que fue finalmente invitado  a volver en 2005. Pero su vuelta a su país natal es menos una reconciliación política que algo más profundo. Y contiene lecciones para todos nosotros sobre la manera de morir apaciblemente y de dejar marchar a las personas a las que amamos.

Cuando supe que Thich Nhat Hahn había vuelto a Vietnam quise saber más sobre esta decisión. Así que llamé al hermano Phap Dung, un discípulo y monje experimentado que ayuda a dirigir Plum Village en ausencia de su fundador. (Me reuní con Phap Dung en 2016, justo después de que Donald Trump ganara las elecciones presidenciales, para hablar sobre cómo podemos usar la plena conciencia en tiempos de conflicto.)

Nuestra conversación ha sido modificada para ganar claridad.

Eliza Barclay

Hábleme de la decisión de su maestro de volver a Vietnam y de cómo lo interpreta.

Phap Dung

Vuelve definitivamente a sus raíces.

Ha vuelto al lugar en el que se formó como monje. El mensaje transmitido por esta decisión es que no venimos de ninguna parte. Tenemos raíces. Tenemos ancestros. Formamos parte de un linaje o de un flujo. Considerarse como formando parte de una  corriente, de un linaje, es la enseñanza más profunda del budismo: el no yo. Estamos vacíos de un yo separado, y sin embargo estamos llenos de nuestros ancestros.

Ha puesto el acento en la tradición vietnamita del culto a los ancestros como práctica de nuestra comunidad. Culto significa aquí recordar. Para él, volver a Vietnam es subrayar que somos una corriente que se remonta a la época de Buda en la India, más allá incluso del Vietnam y de China.

Eliza Barclay

Así pues está reconectándose con la corriente que le ha precedido. Y esto sugiere que la comunidad más amplia que él ha construido está igualmente conectada a esa corriente. El río seguirá fluyendo después de él.

Phap Dung

Es como el círculo que dibuja a menudo con el pincel de caligrafía. Volvió a Vietnam después de 50 años de vida en Occidente. Cuando partió para defender la paz durante la guerra de Vietnam era el principio del círculo; lentamente se aventuró a otros países para enseñar. Y, siempre lentamente, volvió a Asia, a Indonesia, a Hong Kong, a China. Finalmente Vietnam se abrió para permitirle volver otras tres veces. Esta vuelta se parece ahora a cerrar el círculo.

Es también como si la llama de una vela fuera transmitida la vez siguiente a muchos otros, para que pudiéramos seguir viviendo, practicando y siguiendo su trabajo. Para mí, es así, como si la luz fuera encendida en cada uno de nosotros.

Eliza Barclay

¿Y en tanto que uno de sus principales monjes tiene usted el sentimiento de transmitir también la luz?

Phap Dung

Antes de encontrar a Thay en 1992 no vivía en plena conciencia. Trabajaba mucho y con ambición como arquitecto en Estados Unidos. Me enseñó a amar verdaderamente vivir el momento presente, es algo en lo que nos podemos entrenar.

Ahora que practico guardo la lámpara encendida y puedo igualmente compartir la práctica con otros. Ahora enseño y cuido de los monjes, de las monjas y de los amigos laicos que vienen a nuestra comunidad, como lo hacía nuestro maestro.

Eliza Barclay

Tiene pues 92 años y su salud es frágil, pero no está encamado. ¿Qué hace en Vietnam?

Phap Dung

Lo primero que hizo cuando llegó fue ir a la estupa (santuario) para encender una vela y tocar la tierra. Rendir homenaje de esta manera es un poco como conectarse directamente a la energía de los ancestros. Se puede tener tanta energía cuando uno se acuerda de su maestro.

No permanece sentado esperando. Hace lo mejor que puede para disfrutar del resto de su vida. Come regularmente. Ahora puede incluso beber té e invitar a sus estudiantes  a tomar uno con él. Y sus acciones son muy deliberadas. Un día, antes del año nuevo lunar, sus asistentes le llevaron a disfrutar del mercado de las flores. A la vuelta pidió a los que le rodeaban cambiar el rumbo e ir a algunos templos particulares. Al principio todo el mundo estaba confuso hasta que descubrieron que esos templos estaban afiliados a nuestra comunidad. Se acordaba del emplazamiento exacto de esos templos y de la dirección a seguir para ir a ellos. Sus asistentes comprendieron que deseaba visitar el templo de un monje que había vivido mucho tiempo en Plum Village en Francia; y otro en el que había estudiado cuando era un monje joven. Está claro que aunque físicamente está limitado y en silla de ruedas aún vive, haciendo lo que su cuerpo y su salud le permiten. Cada vez que está suficientemente bien se presenta en reuniones de la sangha, o en reuniones comunitarias, incluso si tiene nada que hacer allí. Para él la jubilación no existe.

Eliza Barclay

¿Pero ustedes están igualmente dejándole marchar, no?

Phap Dung

Por supuesto. El soltar es una de nuestras prácticas principales. Esto va parejo con el reconocimiento de la naturaleza impermanente de las cosas, del mundo y de nuestros seres cercanos.

Este periodo de transición es su última y la más profunda enseñanza que da a nuestra comunidad. Nos enseña cómo hacer la transición con elegancia, incluso después de un ataque y estando limitado físicamente. Disfruta aún de su día en toda ocasión.

Mi práctica es no esperar el momento en que rendirá su último aliento. Cada día practico de manera que le deje marchar, dejándole estar en mí, en mí y en cada una de mis respiraciones conscientes. Está vivo en mi aliento, en mi conciencia.

Al inspirar, respiro con mi maestro en mí; al espirar le veo sonreír en mí. Cuando damos un paso con suavidad le dejamos caminar con nosotros y le permitimos seguir nuestros pasos. Soltar, no es solamente soltar, es también dejar sitio en ti para tu maestro, dejarle vivir en ti y ver que es más que un simple cuerpo físico actualmente en Vietnam.

Eliza Barclay

¿Qué ha aprendido de su maestro sobre el hecho de morir?

Phap Dung

Existe la muerte en el sentido de dejar este cuerpo, soltar los sentimientos, las emociones, esas cosas que llamamos nuestra identidad, y practicar para dejarlas ir.

El problema es que no nos dejamos morir día tras día. En vez de eso nos atamos a ideas de unos acerca de los otros y sobre nosotros mismos. A veces es bueno, pero  otras esto daña nuestro crecimiento. Nos identificamos con una idea y nos encerramos en ella.

Soltar no es solamente una práctica para cuando tengamos 90 años, es una de las prácticas más elevadas. Esto nos puede llevar a la ecuanimidad, a un estado de libertad, una forma de paz. Despertarse cada día como si se tratara de renacer es ahora una práctica.

En la dimensión histórica practicamos para aceptar llegar a un punto en el que el cuerpo estará limitado y en el que estaremos enfermos. Existe el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. ¿Cómo vamos afrontarlo?

Eliza Barclay

¿Cuáles son las enseñanzas más importantes del budismo sobre la muerte?

Phap Dung

Tenemos conciencia de que un día todos vamos a envejecer y morir, nuestras neuronas, nuestros brazos, nuestra carne y nuestros huesos. Pero si nuestra práctica y nuestra plena conciencia son suficientemente fuertes podemos mirar más allá del cuerpo que está muriendo y prestar atención al cuerpo espiritual. Nos continuamos en las consecuencias de nuestras palabras, de nuestros pensamientos y de nuestras acciones.  Estos tres aspectos del cuerpo, de la palabra y de la mente se continúan.

En el budismo llamamos esto la naturaleza de la ausencia de nacimiento y de muerte.

En la dimensión última hay una continuación. Podemos cultivar la conciencia de esta naturaleza de no nacimiento y no muerte, esta manera de vivir en la dimensión última; entonces lentamente nuestro miedo a la muerte disminuirá. Esta toma de conciencia nos ayuda igualmente a estar más atentos en nuestra vida cotidiana, a cuidar cada momento y cada cosa en nuestra vida.

Antes de caer enfermo una de las enseñanzas más poderosas que compartía con nosotros era la de no construirle una estupa (santuario para sus restos) y no poner sus cenizas en una urna para poder rezarle. Nos pidió encarecidamente no hacerlo. Voy a parafrasear su mensaje:

“Por favor, no construyáis una estupa para mí. Por favor, no pongáis mis cenizas en una urna, no me encerréis, no limitéis quién soy. Sé que será difícil para alguno de vosotros. Si, sin embargo, construís una estupa aseguraos de poner un epitafio que diga: “No estoy aquí.” Además podéis poner otro epitafio que declare: “No estoy fuera tampoco.”, y un tercero que afirme: “Si estoy en algún sitio, es en vuestra respiración consciente y en vuestros pasos apacibles.”